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General Villegas
viernes, 21 febrero, 2020

Andrea, Dolores y un glamoroso reencuentro en Villegas / Escribe: José Luis Chavarri

En los primeros días de diciembre de 1967 pasó por General Villegas la última etapa del gran premio de turismo de carretera de ese año. Sería también la última vez que pasara una carrera oficial por la ciudad.

Con la Ruta 188 recién finalizada y con las 33 y 226 en obra, las carreras de este tipo quedaron en la memoria de los nostálgicos.

La 188 se hizo por tramos. El de Villegas correspondió a la firma Vicente Robles. Muchos de aquellos obreros se quedaron en la zona y algunos aún viven en nuestra ciudad.

Se extremaban las medidas de seguridad, ausentes en otros tiempos. Una serie de accidentes. La gente que viajaba y no podía pasar porque había una carrera. Causas que se hilvanan para poner fin a la tradicional modalidad, que dio paso a los circuitos estables y semipermanentes.

A las 9 horas del 9 de diciembre apareció el primer coche de la caravana que había largado en San Juan. Parecía que era para Gradassi, que llegaba al último tramo puntero, con más de 18 minutos de ventaja. Pero cayó en una cuneta profunda, destrozó la parte trasera y… tardaron mucho tiempo en sacarlo. Y le quedó servido a “el Maestro” Copello.

Fueron 3.044 kilómetros en 4 etapas. Largaron 135 autos y llegaron 29. Héctor Luís Gradassi había hecho casi todo perfecto, pero se despistó, perdió la carrera y el campeonato, que quedaron en poder de Eduardo Copello y su Torino.

 

Pos. Piloto – Auto – Tiempo

1º Eduardo Copello – Liebre II/Tornado -16h 10m 20s

2º Mario Tarducci – Torino 380 W – 16h 21m 23s

3º Eduardo Casá – Tractor/Ford F-100 – 16h 34m 27s

4º «Larry» – Torino 380 W – 16h 34m 29s

5º Tulio Riva – Torino 380 W – 16h 35m 33s

6º César Malnatti – Torino 380 W – 16h 37m 57s

7º Gastón Perkins – Torino 380W – 16h 48m 23s

8º «Cacho» – Chevrolet – 17h 13m 34s

9º Mariano Calamante – Chevrolet – 17h 20m 23s

10º Héctor Gradassi – Liebre II/Tornado – 17h 26m 18s

El promedio del ganador fue de 188km 248 metros x hora.

 

Había mucho público en la 188, frente a la YPF de Schischcoff. Hasta habían montado un palco oficial donde estaba, entre otros, el comisionado Hugo Triaca.

Todas las miradas apuntaban hacia Elordi. El avión que los acompañaba pasó bajito y todos dudaban si mirarlo o hacer foco en los autos.

Pasó primero Federico Urruti, el volante de Estación La Colina, de la zona de Coronel Suarez. Segundo lo hizo Mario Tarducci y tercero Eduardo Copello, para darle a Torino su primera corona de la historia del TC.

Y entre ellos el crédito local Ricardo Sauze, hijo de la familia que le dio nombre a Villa Sauze. Todo un personaje, aún muy recordado.

Pero había desazón en los tuercas locales, porque en vez de llevar el nombre de  General Villegas en su auto se leía… América.

«¿Y qué querés? Si ellos me cuidan el caballo», se defendió, con su estilo. El Gordo, como lo llamaban, fue un burrero de ley.

En eso estaban todos cuando, imprevistamente, apareció un auto haciendo un ruido infernal: había roto el diferencial en las vías del viejo ferrocarril de La Trocha, que por entonces todavía cruzaban la 188. Está claro que ya no están más.

Era Andrea Vianini, italiano de Milán. Un dandy, un play boy de la época. Ya por entonces ocupaba todas las tapas de las revistas del corazón.

«La Garrafa» de Vianini entró en la YPF herida de muerte. Era un Chevrolet con plataforma de Alfa Romeo, que luego sería el Bergantín con  motor de jeep, un hibrido fabricado por IKA con franquicia de la fábrica italiana.

Se bajó y todos corrimos hacia él. Lo primero que preguntó es dónde estaba. «¿A cuánto estoy de Pinto? Porque ahí está Dolores», por Dolores Blaquier, hija de un corredor de automovilismo que muriera en el Triángulo de las Bermudas y joven heredera de una de las familias más ricas del país. Y su pareja, claro.

Cuando Dolores escucha por radio viene a buscarlo con el auxilio. Para entonces el Negro Orozco -agente de Chevrolet en Villegas- con su recordada parquedad trajo un Chevrolet que tenía en exhibición y le dijo a Vianini: «Saque lo que precise», gesto de que el piloto agradeció.

Llegó Dolores. Delgada, muy atractiva. Fogosa y desinhibida. Como el largo abrazo que se dio con Vianini.  Años más tarde su esposo sufrió un accidente automovilístico durante una competencia en Las Flores y quedó paralítico. La pareja se resquebrajó y no duro mucho más. Pero esa es otra historia.

Recuerdo que pude mantener un breve diálogo con Vianini.

–          Vos estuviste en Villegas.

–          Sí, vine a revisar un campo (La Mosca, del ex presidente de Boca Miguel de Riglos)

–          Y viniste en un coche rarísimo.

–          Sí, era un Lincoln cuatro puertas convertible, con capota de lona.

–          Y decime, si hubieras comprado el campo, le hubieras puesto el nombre de Villegas a La Garrafa.

–          Sí, por supuesto.

El tano, pícaro, nos dejó a todos contentos con su promesa. Y se marchó en buena compañía.

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