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domingo, 18 agosto, 2019

ELOGIOS DE DIARIO CLARÍN A TAMBO DE FAMILIA DE BUNGE

Guachera colectiva, triple cruza y bienestar animal, los ejes de un tambo que apuesta a la estabilidad

En Emilio Bunge, la familia Muñiz Barreto consolidó un manejo genético y forrajero que se adapta mejor a un horizonte económico incierto y con muy buenas ideas para criar las terneras sanas y lejos del barro.

En el tambo San Emilio hay 2.200 bajas en ordeñe en los picos de producción de octubre y noviembre. La infraestructura techada de la guachera se utiliza a full en las pariciones de agosto para proteger a los terneros del frío.

En la Argentina hace 20 años que el ordeñe está estancado y todavía no ​puede despegar en serio de los 10.000 millones de litros anuales. En la tendencia influyen factores productivos, una ecuación económica que se denuncia como eternamente en rojo y un escenario económico siempre incierto y que complica inversiones tecnológicas de mediano y largo plazo.

En su tambo de Emilio Bunge (Buenos Aires), muy cerca del límite con Córdoba y La Pampa, la familia Muñiz Barreto no se quedó parada en esta encrucijada, que atraviesa desde hace años a todos los tamberos, y eligió el camino de la adaptación y la estabilidad en su estrategia para producir leche.

“Es un manejo conservador e innovador al mismo tiempo. No apuntas a grandes picos de producción, sino a criar una vaca estable y sana que no nos pida sombra, ventilador y rociador cuando hace calor y que nos permita adaptarnos a la irregularidad de las condiciones macro”, explica Diego Muñiz Barreto, integrante del directorio de la empresa (que tiene un segundo tambo en Río Negro), en una entrevista con Clarín Rural.

Para entender el esquema hay que comenzar por las vacas, que son triple cruza: Holando, Jersey y Rojo Sueco. “Es un genética con mayor vigor híbrido, con la que logramos terneros chiquitos y rústicos que nacen fácil y rápido -mayor precocidad- y que aguantan mejor el calor y la lluvia”, destaca.

La guachera colectiva del tambo San Emilio está bajo techo y tiene el piso está acondicionado con rollitos de trigo y los laterales protegidos con silobolsas usadas y media sombras.

El segundo punto, es que no se confían en la rusticidad y armaron una guachera colectiva que sobre todo se destaca por el prolijo tinglado que acondicionaron para que los terneros, que nacen en agosto (la otra fecha de parición es febrero), puedan refugiarse del frío con “rollitos” de trigo en el piso, media sombras y silos usados en los laterales y corralitos hechos con varillas de hierro.

“En un momento usábamos pallets para hacer los corrales de la guachera, pero nos pareció que las varillas de hierro son una alternativa más higiénica”, recordó Muñiz Barreto.

La guachera colectiva del tambo San Emilio está bajo techo y tiene el piso está acondicionado con rollitos de trigo y los laterales protegidos con silobolsas usadas y media sombras.
La guachera colectiva del tambo San Emilio está bajo techo y tiene el piso está acondicionado con rollitos de trigo y los laterales protegidos con silobolsas usadas y media sombras.

Parte del equipo del tambo San Emilio, que administra Diego Curat y que integran Ruben García, Jorge Pires, Elina Roso y Gabi, el encargado de la guachera, que trabaja junto a Débora. Silvina Marco es la veterinaria.

También tienen lámparas para darle calor a los animales que nacen en medio de un temporal y los corrales de parición con pasto para evitar que los terneros vengan al mundo en medio del barro. Lo interesante es que buena parte de esta verdadera infraestructura para el bienestar animal se armó a lo “McGiver” y sin inversiones millonarias. “La mortandad de terneros es del 0,7%, un porcentaje que es bajo”, aseguró el productor. Las pariciones están planificadas para febrero y agosto.

El tercer punto es la pata forrajera. En el tambo San Emilio producen la mayor parte de la comida para las vacas: las pasturas, los silos y los verdeos. Es para reducir el impacto del balanceado y la suplementación en los números, porque estos insumos siguen el ritmo que marca el dólar y la leche cruda se vende en pesos.

Con este manejo, las 2.200 vacas en ordeñe que hay en los picos de producción de octubre y noviembre (en junio o julio, son unas 1.500) dan un promedio de 20 litros de leche por día (es un tambo de 40.000 litros, en la primavera). La leche tiene en muy buen porcentaje de sólidos y la entregan a la láctea Remotti, que produce quesos.

“La realidad, es que con este esquema en los momentos buenos resignamos algo de rentabilidad pero cuando hay dificultades aguantamos mejor”, asegura Muñiz Barreto, que en el directorio está acompañado por su madre Teresa y sus hermanos Juana y Antonio. El administrador del tambo es Diego Curat.

Está claro que es un tambo pensado para la realidad argentina, que es diferente a la de Canadá, Nueva Zelanda o Suecia. El año pasado, en un programa de televisión, Muñiz Barreto resumió el dilema que tienen los tamberos. Dijo que por la falta de políticas de mediano plazo y reglas económicas que generen previsibilidad, los empresarios tamberos argentinos son conservadores, cortoplacistas y seguidores fanáticos de la Ley de Murpy, porque siempre piensan que les puede ir peor.

La respuesta de su familia al dilema es este tambo, que estuvo cerrado 20 años, y que desde hace diez años es un ejemplo de adaptación, sentido común y bienestar animal.

Fuente: Diario Clarín

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