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domingo, 18 agosto, 2019

Las PASO fueron la final anticipada, ahora viene la real

Eduardo Campana (Juntos por el Cambio) y Sol Fernández (Frente de Todos) se verán las caras en octubre. El voto Alegrista será el gran árbitro de esta contienda electoral.

 

Parecía la final anticipada, la final del mundo entre Argentina y Brasil. Así de grande era la rivalidad entre Eduardo Campana y Gilberto Alegre. Estas PASO 2019 fueron distintas a cualquier otra elección. Nadie, ni los más avezados y entendidos en política, esperaban algo así. El arribo de Gilberto Alegre a Juntos por el Cambio -el espacio donde el oficialismo municipal juega de local- desconcertó a todos y generó enojos (en ambos bandos). Finalmente la contienda electoral que estaba prevista para las generales de octubre terminó definiéndose en las internas de agosto.

Estas PASO arrojaron dos claros ganadores y dos perdedores. Entre los primeros, por supuesto, hay que mencionar al intendente -y ahora candidato de Juntos por el Cambio- Eduardo Campana, quien se impuso a su adversario por 497 votos y se quedó con la interna. No obstante, hubo otra ganadora que sacó pasaje a octubre: Sol Fernández, del Frente de Todos, obtuvo un 15% y será la rival de Campana en las generales.

Entre los perdedores están Gilberto Alegre y Omar Olaizola. Si bien hizo una gran elección (su espacio obtuvo 2000 votos más que en la elección de 2017), a Alegre no le alcanzó y ahora su futuro político es una incógnita. Debilitado por la decisión de sumarse -junto a Miguel Ángel Pichetto- a un espacio que muy probablemente pierda las riendas del país y de la provincia en octubre, Alegre quedó afuera de todo: de la Municipalidad, de Juntos por el Cambio (¿seguirá allí si ese espacio pierde en las generales?) y del peronismo. Tras cartón, el Alegrismo local nunca ha estado tan debilitado como lo estará a partir del 10 de diciembre: cuando finalicen los períodos de Jorgelina Miranda, Marcelo Betanzo y Silvia Álvarez, el Alegrismo podría quedar reducido a una mínima expresión de 2 bancas en el Concejo Deliberante (Horacio Pascual y Laura Carelli), sobre todo si ninguno de sus candidatos se aviene a integrar la lista de Eduardo Campana.

Por su parte, Olaizola tuvo una mala performance. Apenas obtuvo 98 votos y estuvo muy lejos del piso del 1.5%. Su sueño quedó trunco muy pronto.

Parecía la final anticipada, la final del mundo entre Argentina y Brasil, pero no lo era. No lo era porque ahora Eduardo Campana tiene un último obstáculo en su camino a la reelección: deberá medirse ante Sol Fernández. Y aunque las diferencias entre ambos sean abismales (Campana logró un 43.46%, mientras que Fernández un 15.31%), sería un grave error que el oficialismo se duerma en los laureles.

¿Por qué? Por varias razones. La central es que nadie sabe de qué manera se comportará el votante de Alegre. El ex diputado e intendente obtuvo un cuantioso volumen de votos: 7.240 para ser exactos. Si esos sufragios se inclinan para un lado o para el otro, pueden llegar a ser decisivos a la hora de definir una elección. Es cierto, Sol Fernández está muy lejos y necesitaría capitalizar casi el 100% de esos votos (lo cual parece imposible); pero hay que tener en cuenta algo: el voto de Alegre es un voto opositor, no es un voto de Juntos por el Cambio (por más que circunstancialmente Alegre haya competido dentro de ese espacio). El voto de Alegre fue un voto para que Campana se vaya. El voto de Alegre abreva en el peronismo.

¿Qué hará el votante de Alegre? Es una incógnita que se revelará en octubre, cuando sea la gente la que decida. Por lo pronto Sol Fernández intentará tocar la fibra peronista de ese voto y abrirles las puertas del PJ. La candidata a intendente cuenta con una situación muy favorable: el escenario de octubre estará completamente polarizado entre Juntos por el Cambio y el Frente de Todos, al igual que en Provincia y Nación.

Tanto en las elecciones de 2015 como en las de 2017, Campana sacó réditos de un peronismo fragmentado: en 2015 Ernesto Segretín (Frente para la Victoria) le restó votos a Horacio Pascual (Frente Renovador); mientras que en 2017 la oposición se dividía en 3 espacios: Cumplir, Unidad Ciudadana y Un País. El escenario del 27 de octubre será muy distinto: todo el arco opositor a Campana podrá inclinarse por la candidatura de Sol Fernández, que intentará explotar al máximo uno de los principales caballitos de batalla de la actual gestión: la alineación entre Nación, Provincia y Municipio (teniendo en cuenta que las diferencias obtenidas por Alberto Fernández y Axel Kicillof parecen ser insalvables y es casi seguro que ganarán en las generales). Sol Fernández irá a la pesca del voto peronista, del voto opositor que no votó a Campana en las PASO.

Por su parte, el intendente parece tener las de ganar. Está en ejercicio, tiene un colchón enorme de votos, una amplia diferencia con su adversaria y la gestión es su campaña. De aquí a octubre seguramente se verá el mismo ritmo afiebrado que se vio antes de las PASO. Habrá más inauguraciones, más obras, más movimiento en las calles y en las distintas Secretarías. Además, intentará explotar el hecho de que en nuestro distrito ganaron Macri y Vidal, y apuntará al arrastre que puedan darle ambos. La pregunta es: ¿Podrá captar al voto Alegrista?

La final anticipada ya pasó. Ahora viene la real.

 

 

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