Logo
-
Zonales
Información General

El artista de los fierros
Actualidad tuvo el privilegio de ingresar al taller mecánico de Justo Santiago Arrieta. "Este lugar es sagrado para mí. Solamente 3 personas tienen acceso: Alberto Ballari, mi hijo y mi mujer", comenta el protagonista de esta historia. Allí pudimos ver una recreación construida a mano (parte por parte) de un auto emblemático de la historia: el Mercer J-35 Raceabout. No sólo eso: nos subimos y dimos una vuelta en esta verdadera obra de arte hecha por un villeguense. Súbanse y lean.

 "No me gusta darle efecto ni modificar su voz, su sonido así es perfecto y así es como la quiero yo, como está sonando ahora no hace falta distorsión".

Este es un fragmento de la canción "Blues para mi guitarra", de Norberto "Pappo" Napolitano. Para este ícono del rock y del blues no había nada mejor que el sonido puro de su guitarra; sin distorsiones, sin efectos. La tecnología le brinda a la música todo un universo de posibilidades y nuevos sonidos, pero el espíritu del blues (el verdadero, el auténtico, el puro) seguirá siendo siempre el mismo: el barro del pantano en los pies descalzos y los negros cosechando a mano en los campos de algodón.
En el mundo de la mecánica ocurre algo similar. La tecnología suma cada vez más novedades y los autos tienen tantas computadoras que parecen una nave espacial. Pero a pesar de todos los avances tecnológicos, la dinámica del funcionamiento de un motor de combustión interna permanece inalterable.
Esta es la historia, entonces, de un retorno a las bases, de un regreso a los cimientos, de una vuelta a las fuentes de las que abreva el automovilismo moderno. Esta es la historia del "Vasco" Justo Santiago Arrieta y del auto que construyó pieza por pieza.
 
El desafío de fabricar un Mercer
Desde los 9 años Arrieta anda metido en talleres mecánicos, aprendiendo el oficio e intentando superarse día a día, buscando ser mejor en lo que hace y acercarse lo más posible a la perfección. En los muchos años de trabajo que tiene encima restauró varios automóviles y eso le permitió hacerse conocido entre los amantes de los fierros. Así fue como un acaudalado empresario de Mendoza lo contactó para que le cumpliera un sueño: tener su propio Mercer J-35 Raceabout.
El Mercer fue un auto icónico. Creado por la familia Roebling, el Mercer ganó en cuanta carrera se presentó, allá entre el 1911 y el 1914. Adquirir uno costaba alrededor de 2500 dólares. Hoy se estima que hay 12 en el mundo (100% originales) y su valor es incalculable.
Arrieta aceptó el desafío, pero impuso sus condiciones: nada de restauraciones, nada de ensamblar autopartes; él mismo iba a recrear el Mercer fabricándolo a mano y parte por parte (partiendo solo de algunas piezas y repuestos originales), de punta a punta.
Ante la pregunta de cómo iba a hacer eso, la respuesta fue: "Usted déjeme trabajar".
 
El Mercer, versión Arrieta
Durante 2 años y medio cerró su taller. Sólo vivió, transpiró y se esforzó para un solo proyecto: El Mercer J-35 Raceabout. Nueve mil horas de trabajo después, tanto sacrificio rindió sus frutos: cuando uno ve el auto, da la impresión que estuviese recién salido de la (hoy inexistente) fábrica de Mercer.
No obstante, el auto no es una copia fiel de aquel de principios de siglo XX, sino que tiene la firma de Arrieta; un autodidacta que deja su huella en todo lo que hace: hizo su casa, sus muebles y se fabrica sus propias herramientas con las que trabaja. El hecho de que fabricara un auto, pieza por pieza, era cuestión de tiempo.
La base es el Mercer, pero combina aportes de otros autos emblemáticos de la historia y tiene algunas adaptaciones sin las cuales no podría circular en estos tiempos (como el espejo retrovisor). En otras palabras, es una versión con una impronta única y, al mismo tiempo, funcional.
El auto tiene un motor Continental de tan sólo 15 HP de potencia, que están repartidos para hacer que los 800 kilos que pesa el vehículo se desplacen a 85 o 90 kilómetros por hora de manera confiable y segura en todo tipo de camino. Tiene 3 marchas y reversa, y la velocidad máxima que puede alcanzar ronda los 120 kilómetros por hora. El tanque de nafta tiene una capacidad de casi 200 litros. Cuenta con baúl y todas sus partes están trabajadas exquisitamente con materiales nobles, como madera de lapacho paraguayo (en los estribos, la bocina y la bocha de la palanca de cambios) bronce y cuero (los asientos están tapizados íntegramente con cuero).
 
Un paseo único
Arrieta se sienta al volante (pieza original) y este cronista en el asiento del acompañante. El auto arranca y el rugido potente que emite parece desmentir que sólo tenga 15 caballos de fuerza. Salimos disparados por las calles de la ciudad. Arrieta toca bocina: los chicos que pasan saludan, los curiosos miran sorprendidos y más de un cuello gira para poder seguir viendo ese bólido traído desde los inicios del siglo XX que acaba de pasar.
El conductor toma un camino lateral al Parque Municipal y en ese momento temí lo peor. Pero el Mercer de Arrieta no se achica y avanza firme, tanto en el asfalto como en la tierra. Si bien todavía falta que se asiente, Justo sabe que su obra es confiable: suelta el volante y se para en el estribo, mientras el auto avanza sedosamente como si tuviese un piloto automático.
Sentir ese andar y el viento en la cara son una experiencia única.
 
El arte de los fierros
Así como Pappo mantenía con su guitarra una relación que iba mucho más allá del tradicional vínculo músico/instrumento ("Cuando mis dedos se mueven en su fino diapasón, de las notas de sus cuerdas hay una conversación; mi guitarra y yo tenemos una extraña relación"), para Justo Arrieta los autos no son solamente un montón de autopartes que se ensamblan.
Este auto es como un hijo para él. Lo creó con sus propias manos. "Cuando lo terminé, lo miré y me emocioné", confiesa Arrieta.
Y es que este auto no es un mero rejunte de fierros y repuestos. Más allá de los 2 años y medio, las 9000 horas de trabajo, el sacrificio y el esfuerzo que se necesitaron para su fabricación, este auto encierra a las estaciones de Vivaldi, a las sinfonías de Beethoven, a la guitarra de Pappo, a la delicadeza de las figuras perfectamente geométricas e incluso a la mirada de La Gioconda ("Pensé en La Mona Lisa cuando no se me ocurría cómo hacer los faros", comenta divertido Arrieta).
Este auto reúne inspiración y pasión: pasión por lo que se hace, pasión por dejar una huella y pasión por los fierros. Porque más que un auto, se trata de una obra de arte. 

Comentarios (2)
  • IMPORTANTE: DIARIO ACTUALIDAD - El nombre de las noticias no tiene responsabilidad alguna sobre comentarios de terceros, los mismos son de exclusiva responsabilidad del que los emite. DIARIO ACTUALIDAD - El nombre de las noticias se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios injuriantes, discriminadores o contrarios a las leyes de la República Argentina.
Un genio arrieta lo felicito!!!
  • por: Daniel
  • 08/11/2018

GRANDE VASCO!!! TE FELICITO. ABRAZO GRANDE
  • por: MARIO A SANCHEZ
  • 08/11/2018

  • Nombre:

  • Email:

  • Comentario:


El sitio está optimizado para ser visualizado en los siguientes navegadores:
Mozilla FirefoxMozilla Firefox
OperaOpera
Internet Explorer 7Internet Explorer 6 o superior