El programa número 100 de «GPS, Villeguenses por el Mundo» fue un episodio cargado de emoción y nostalgia. Para celebrar esta cifra tan especial, el equipo decidió regresar al origen y volver a entrevistar a la primera invitada del ciclo, Linda Nouveliere. Su historia, llena de viajes, aprendizajes y cambios de rumbo, es un reflejo del espíritu aventurero de muchos villeguenses que han decidido explorar el mundo.
Hace cinco años, Linda dejó Argentina con una visa de un año para Alemania. Ese primer destino marcó un antes y un después en su vida. Desde entonces, su camino la llevó por distintos países y culturas: de Alemania a Italia para tramitar su ciudadanía, de allí a Australia para vivir una experiencia completamente distinta, luego a España, y finalmente de regreso a Berlín, cerrando un círculo en su travesía.
«La Linda que se fue hace cinco años no es la misma que está hoy aquí. Viajé, aprendí, conocí, y eso me moldeó de una forma que nunca imaginé», compartió con la audiencia. A lo largo de este tiempo, sus objetivos y motivaciones fueron cambiando. Si al principio se trataba de descubrir el mundo y acumular experiencias, hoy siente la necesidad de encontrar estabilidad y reconstruir una vida con vínculos sólidos.
Voler a Alemania, volver a casa
El regreso a Alemania no fue casualidad. «Siempre sentí que este era mi hogar en Europa. Es un país que da muchas oportunidades, y donde hice amistades que sigo conservando.» Sin embargo, también reconoce que, con el tiempo, las prioridades cambian: «Cuanto más viajo, más argentina me siento y más extraño. Ahora tengo sobrinos, familia y amigos a los que quiero ver más seguido».
Su paso por Australia fue una de las experiencias más intensas. Con una geografía inmensa y una cultura muy distinta, fue un desafío que la llevó a vivir en constante movimiento. «Me compré un auto y recorrí el país. Fueron dos años de trabajo y aventura, pero también de soledad. En lugares como Australia, donde la cultura es tan diferente, se hace difícil encontrar un sentido de pertenencia.»
En contraste, su paso por Mallorca fue más tranquilo. «Quería probar la experiencia de vivir en España, y Mallorca me pareció un paraíso. Pero después de un tiempo, sentí la necesidad de volver a Alemania, a un lugar donde realmente me sintiera en casa.»
Con más de cuatro países vividos y un sinfín de destinos visitados, Linda reflexiona sobre su evolución personal. «Cuando emigré, quería romper con muchas cosas, encontrar mi propia identidad lejos de las estructuras de mi país. Ahora, después de todo este tiempo, me doy cuenta de que, aunque me encanta viajar, también necesito raíces.»
Nuevas experiencias, nuevas motivaciones
A la pregunta sobre qué consejo se daría a sí misma si pudiera volver en el tiempo cinco años. Sin dudarlo, respondió: «Hacer exactamente lo mismo. No me arrepiento de nada».
Linda Nouveliere es el reflejo de una generación que busca experiencias, que se anima a lo desconocido, pero que, con el tiempo, también entiende el valor de la estabilidad y el arraigo. Su historia es un testimonio de cómo los sueños cambian y evolucionan, pero siempre nos llevan de vuelta a lo que realmente importa.
A medida que Linda avanza en su relato, se percibe una transformación en su perspectiva. Lo que alguna vez fue una inagotable sed de aventura y descubrimiento, hoy se equilibra con la necesidad de pertenencia y estabilidad. «Hoy me da paz y felicidad estar en mi casa», confiesa, dejando entrever un cambio profundo en sus prioridades. Ya no es solo la adrenalina de lo desconocido lo que la mueve, sino el deseo de construir un espacio propio, de echar raíces.
El punto de inflexión en su viaje emocional se dio cuando sus padres, después de muchos intentos frustrados, finalmente lograron visitar Europa. Ese encuentro, que era una asignatura pendiente, marcó un antes y un después en su forma de ver el mundo. «Fue como un check, ya lo hice», dice con una sonrisa, como quien tacha de la lista un objetivo cumplido. Pero ese viaje no solo significó cerrar un ciclo, sino también abrir la puerta a nuevas preguntas: ¿dónde quiere estar en los próximos años?, ¿qué tipo de vida quiere construir?
Argentina: ¿Y por qué no?
El deseo de volver a Argentina comenzó a gestarse de forma sutil, pero con el tiempo tomó fuerza. «Mis objetivos han cambiado, ya no son a tres o seis meses, ahora empiezo a mirar un poco más allá», reflexiona. En esa búsqueda de estabilidad, su país de origen aparece como el lugar donde puede construir un futuro más sólido, cerca de su familia y sus afectos. Sin embargo, reconoce los desafíos de esa decisión. «Tengo que analizar bien qué quiero hacer, a qué quiero dedicarme, porque sabemos que cuando entrés en el sistema económico de Argentina las posibilidades no son las mismas», admite con realismo.
Lo cierto es que no se trata solo de una cuestión económica. Linda extraña la calidez de su gente, el espíritu solidario de los argentinos, la forma en que la amistad y la familia ocupan un lugar central en la vida cotidiana. «Cuanto más viajo, más argentina me siento», confiesa con orgullo. No es solo el mate o el fútbol, es la sensación de pertenecer a un pueblo donde las relaciones humanas tienen un valor insustituible.
En su viaje por distintos países, hubo un destino que la marcó especialmente: Japón. «Nunca me sentí tan occidental», recuerda. La cultura, los hábitos, hasta las cosas más simples como hacer las compras en un supermercado, la hicieron darse cuenta de lo arraigada que está a sus costumbres y a su identidad. «Es otro planeta», resume con asombro.
Hoy, Linda está en un punto de transición. Sabe que el regreso a Argentina no es una decisión simple, pero también tiene claro que el tiempo no vuelve atrás y que hay momentos que no quiere seguir postergando. «Uno piensa que se vuelve para siempre, pero no es así. Hay que vivir con más flexibilidad», reflexiona. Esa flexibilidad, que la acompañó en cada paso de su recorrido, ahora se convierte en su mayor aliada para encarar el próximo capítulo de su historia. Sea donde sea que la vida la lleve, una cosa es segura: su espíritu inquieto y su amor por Argentina siempre irán con ella.
Las diferencias, sutiles o abismales
Linda Nouvelliere reflexionó sobre las diferencias culturales que experimentó en sus viajes y destacó algunos aspectos que le gustaría llevarse a Argentina. «Acá en Alemania aprendí muchas cosas, además de que ya tiene mi corazón», comentó. Entre las costumbres que incorporó está la de quitarse los zapatos al entrar a la casa: «Me encanta hacer eso y me encantaría llevarlo a Argentina, pero sé que va a ser muy difícil».
Otro hábito que adoptó fue el reciclaje. «Uno después de vivir ya dos años y medio, entiende por qué se recicla. Si ves a un vecino que no lo hace, lo podés hacer notar, y eso hace que la gente esté más comprometida». Admitió que esta práctica se volvió indispensable para ella: «Estoy lavando un recipiente de plástico para reciclar y me doy cuenta de que hace seis años ni me hubiera tomado treinta segundos en hacerlo». También señaló que en Argentina la cultura del reciclaje «no está muy promovida», pero espera que con pequeños cambios pueda incorporarse.
Al hablar de los lugares donde más se sintió extranjera, mencionó Egipto. «Siendo de piel blanca y rubia, fue muy difícil para mí. Fui con una amiga morena y de pelo castaño, y ella no tuvo problemas en un montón de cuestiones». Contó que la diferencia de trato era evidente: «Si una mujer blanca estaba con un hombre, nadie la molestaba. Pero si estaba sola, la tocaban o le ofrecían cosas». Reflexionó sobre las diferencias culturales y afirmó que «en algunos países el color de piel sigue siendo un tema importante».
Somos como somos
Respecto a la percepción del argentino en el exterior, destacó que en general es positiva. «Me ha pasado que me ofrecieron trabajo y me dijeron: ‘¿No tenés algún amigo argentino que quiera venir?’». Explicó que la experiencia del emigrante varía según el país. En España, por ejemplo, «hay muchas facilidades legales para quedarse, pero en Alemania no es tan fácil. Acá se necesita inglés o alemán, cuesta adaptarse, cuesta conseguir trabajo, y eso hace que valoremos más lo que tenemos». En cuanto a la cultura laboral, sostuvo que «en Argentina estamos acostumbrados a hacer lo que haga falta. En otros países, si algo no está en la descripción del puesto, no lo hacen».
Finalmente, destacó la conexión entre los argentinos en el exterior. «Siempre intentamos encontrarnos. Hay buena vibra entre nosotros». Y concluyó con un mensaje para quienes piensan en emigrar: «Que se animen. Que se informen bien, que busquen experiencias recientes y reales. Nada es para siempre y todo se puede resignificar».