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domingo, agosto 31, 2025
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La Escuela Agraria vuelve a envasar leche en sachet tras casi una década

Después de casi diez años, la Escuela Agropecuaria Nelly Brown de Emerson volvió a poner en funcionamiento su fábrica de leche en sachet. Con mucho trabajo y esfuerzo conjunto entre la comunidad educativa, el Consejo Escolar, el municipio y la cooperadora, se logró un objetivo largamente esperado: que los estudiantes puedan volver a producir, envasar y comercializar leche generada en el propio tambo escolar.

El último sachet se había envasado en 2015. Desde entonces, una serie de dificultades técnicas y económicas, sumadas a las inundaciones de 2016 y 2017, obligaron a detener la actividad. “En el 2017 la escuela tuvo un metro y medio de agua adentro del edificio. Eso nos obligó a cerrar el tambo, que es la principal fuente de materia prima para la fábrica”, explicó César Julián, docente y jefe de área.

La reactivación comenzó con la compra de una nueva caldera a gas —la anterior funcionaba a leña—. Esta adquisición fue posible gracias a un aporte conjunto entre el Ministerio de Educación y la cooperadora. Luego vinieron otras mejoras fundamentales: la instalación completa de gas, recuperación del techo de la fábrica, incorporación de un ablandador de agua, pintura, refacción de cámaras de frío y la colocación del zeppelin de gas.

“El sueño se cumplió este martes, cuando los alumnos pudieron envasar el primer litro de leche. Fue un momento muy emocionante para todos”, contó Julián. Los primeros sachets fueron puestos a la venta en la carnicería «Lo del Negro», en avenida Chassaing Sur.

César Julián

Alberto Viano, presidente de la cooperadora, detalló que desde el inicio del proyecto de recuperación de la fábrica se invirtieron unos 38.000 dólares. “Todo se hizo con recursos de la cooperadora. Los registros están disponibles, porque somos una asociación civil y todo está auditado. Llevamos una contabilidad meticulosa”, sostuvo.

El precio al público del sachet es de mil pesos por litro, uno de los más accesibles del país. “No es que queramos ganar dinero con esto. La idea es que sea sustentable y que los chicos aprendan a gestionar una producción rentable, pero también accesible para la comunidad”, subrayó Viano.

Además de leche, la escuela produce quesos semiduros, sardos, de pasta blanda y próximamente volverá con el dulce de leche. Todos los productos están hechos por los propios estudiantes, quienes no solo se forman en los procesos productivos, sino también en administración, comercialización y gestión. “Queremos que se preparen para poder volver a sus lugares de origen y vivir del valor agregado que se le puede dar a la materia prima”, dijo Julián.

Actualmente, la escuela está en un momento de crecimiento. Se abrieron dos primeros años debido al aumento en la matrícula y se mejoraron numerosos espacios: la residencia estudiantil, los entornos formativos de porcicultura, el tambo, la planta de faena y el patio interno. También se incorporó un nuevo sistema informático de gestión de insumos y producción, que permitirá a los alumnos seguir el recorrido de lo que producen.

Alberto Viano

“El acompañamiento del Consejo Escolar, del municipio y de la comunidad ha sido clave. Cuando hemos pedido donaciones, los empresarios respondieron. Los vecinos consultan y se interesan. Es un momento muy bueno, y tenemos que aprovecharlo”, remarcó Julián.

En paralelo, la cooperadora analiza la posibilidad de renovar uno de los vehículos de traslado con un cero kilómetro, gracias al excedente que genera la escuela. “Estamos logrando que sea sustentable con sus propios recursos. No estamos hablando de un sueño lejano, ya lo estamos haciendo”, señaló Viano.

En definitiva, el retorno del sachet de leche es mucho más que una anécdota productiva. Es el símbolo de una institución que renace, que se fortalece desde la comunidad, y que apuesta a una educación técnica con impacto real. “Lo más importante son los chicos. Ellos son la razón de ser de todo esto”, concluyó César Julián.