El equipo retomó los entrenamientos y trabaja en la ampliación del plantel para sostener su presencia en las competencias regionales.
El rugby femenino del Villegas Rugby Club continúa dando pasos firmes dentro de la región, consolidando un proyecto que combina crecimiento deportivo, formación personal y sentido de pertenencia. En ese camino, una de sus protagonistas es Nahir Urcola, integrante del plantel superior, quien en su paso por OVACIÓN, compartió su mirada sobre el presente del equipo y el recorrido que la llevó a enamorarse definitivamente de la ovalada.
“Arranqué en 2013. Jugué unos años en Villegas Rugby Club, después me fui a vivir a Buenos Aires y jugué allá dos años. Tuve un parate y volví a arrancar anteaño pasado”, contó Urcola, reflejando una historia marcada por idas y vueltas, pero siempre ligada al rugby.
Su llegada al deporte nació casi como un desafío personal. “Era mucho más chiquita y flaquita y me decían que no podía hacer rugby por el físico que tenía. Ahí me dije a mí misma que podía. Empecé a entrenar y me encantó”, recordó. Desde entonces, el deporte se transformó en algo mucho más profundo que una actividad física.
“La unión, lo que te forma como persona, el equipo, las amigas que te llevás, lo que compartís antes y después de los partidos, todo eso te atrapa”, explicó la medio scrum del equipo, posición clave dentro del juego. “Se supone que somos las que pensamos”, agregó entre risas.
Romper estereotipos y abrir caminos
Para Urcola, el rugby femenino todavía transita un proceso de construcción, especialmente en el interior del país. “Es un deporte que rompe completamente los estereotipos. El varón ya tiene todo el camino armado desde chico; en femenino primero hay que ver si hay equipo, entrenador y después conseguir jugadoras porque no podés jugar sola”, señaló.
En ese sentido, destacó el acompañamiento institucional: “Tenemos la suerte de que la comisión directiva del club nos apoya un montón y eso hace que el deporte crezca cada vez más en la zona”.
El 2025 fue una muestra clara de esa evolución. El equipo disputó por segundo año consecutivo el Regional Pampeano, donde logró el tercer puesto y la Copa de Bronce, además de participar en torneos complementarios que permitieron seguir sumando rodaje competitivo. “Todo el tiempo buscamos un lugarcito más para crecer y avanzar”, afirmó.
Un nuevo año y nuevos desafíos
Con la temporada 2026 en marcha, el plantel ya inició la pretemporada bajo la conducción de Lucas Gatica, acompañado por Lucas Arévalo y Alan Suárez. Aunque el inicio suele costar —“la pretemporada es floja porque a nadie le gusta correr”, bromeó— actualmente unas 13 jugadoras entrenan de manera regular.
El principal objetivo está claro: ampliar la base. “Queremos reclutar chicas, poder tener completo el equipo de mayores y también agrandar el plantel juvenil”, explicó Urcola, quien además dejó un mensaje directo para quienes aún dudan en acercarse: “Que se animen sin miedo. Se van a llevar muchas cosas más que un deporte y amigas dentro y fuera de la cancha”.
Aprender para volver y aportar
Dentro de su crecimiento personal, Urcola participó recientemente de un campus en Córdoba organizado por la entrenadora Gabriela Rojas, experiencia que describió como transformadora.
“Fue muy lindo porque jugás con chicas de otro nivel. Nosotros estamos en desarrollo y el nivel que tienen en Córdoba es impresionante. Cada entrenador tiene su librito y aprendés muchísimo”, explicó. Su objetivo ahora es claro: “Todo lo que aprendí espero poder aportarlo este año al equipo”.
La competencia sigue siendo uno de los grandes desafíos del rugby femenino regional. Los largos viajes y los costos dificultan la continuidad, aunque equipos como Trenque Lauquen o el resurgimiento de América permiten sostener la actividad.
“Entrenás y entrenás, pero lo que te hace crecer es jugar. Eso también es lo que llama a que más chicas se sumen”, remarcó.
Una pasión que trasciende la cancha
Más allá del presente como jugadora, Urcola ya imagina su futuro ligado al rugby. “Cuando deje de jugar me gustaría ser entrenadora o asistente, sobre todo en la parte formativa”, confesó. Porque, como ella misma define, el rugby femenino representa mucho más que un deporte: “Es mi pasión, mi forma de vivir y algo que amo”.
Con un grupo que sigue consolidándose, objetivos claros y el empuje de jugadoras que sienten la camiseta dentro y fuera de la cancha, el rugby femenino del Villegas Rugby Club continúa creciendo, buscando su lugar y demostrando que el desarrollo también se construye a base de compromiso, aprendizaje y equipo.

