La propuesta “Yo tengo tantos hermanos” reunió a vecinos de Bunge en una velada donde se combinaron relatos, canciones, homenajes y expresiones artísticas inspiradas en los valores de la fraternidad.
En una noche marcada por las bajas temperaturas y el clima invernal, la comunidad de Bunge respondió a una invitación que apeló al encuentro, la cultura y los vínculos humanos. La propuesta “Yo tengo tantos hermanos”, impulsada por el bungense Tomás Penacino junto a la Biblioteca Maestro Trombotto, reunió a vecinos en el salón de la Cooperativa para compartir una velada en la que confluyeron la literatura, la música, la danza y la emoción.
La actividad tuvo como eje los textos del libro Escritos Fraternos y las canciones del disco 33 años, dos obras que sirvieron de punto de partida para reflexionar sobre la fraternidad y celebrar la vida a través del arte.
Al realizar un balance de la experiencia, Penacino destacó el valor de haber concretado la propuesta a pesar de las condiciones climáticas adversas. “Con un presupuesto poco alentador, más que nada por lo climático, la chispa del amor entregado encendió el fueguito en torno al cual fue transcurriendo la primera entrega de ‘Yo tengo tantos hermanos’”, expresó.
Una construcción colectiva
El artista resaltó especialmente el compromiso de la Biblioteca Maestro Trombotto, cuyos integrantes trabajaron en cada detalle de la organización. El salón de la Cooperativa fue preparado para la ocasión con una muestra de pinturas de artistas locales, una exhibición de las producciones literarias y musicales de Penacino y una escenografía sencilla que aportó calidez al encuentro.
La apertura estuvo a cargo de Rosana Vallejos, Natalia Calderón y Manuela Zurita, quienes compartieron lecturas de distintos fragmentos de Escritos Fraternos, aportando sensibilidad y profundidad a cada intervención.
A lo largo de la noche también hubo espacio para la danza. Lorenzo Fernández, India Ferro y Esmeralda Surbano acompañaron la propuesta con interpretaciones folklóricas, mientras que de manera espontánea se sumaron Alejo Sesino y Anabella Etchetto, quienes recibieron el reconocimiento del público.

Los homenajes que emocionaron a todos
Uno de los momentos más conmovedores estuvo dedicado a la recordada docente Elena Clara Gutiérrez. La lectura de textos que evocaban su figura, la reproducción de un audio con una de sus últimas enseñanzas y la interpretación colectiva de la zamba “Clarita maestra” generaron una profunda emoción entre los presentes.
“La lectura de parte de uno de los capítulos del libro que la evoca, un audio con su última lección y la zamba ‘Clarita maestra’ cantada por todos se hicieron abrazo agradecido para la amada Clarita”, recordó Penacino.
Otro de los homenajes estuvo destinado a Raúl Osvaldo Rodríguez, vecino de Bunge y residente del Hogar Carlos H. Seguí, quien asistió acompañado por Etel Posada. Durante la jornada se concretó un anhelo especial: que una de sus composiciones pudiera llegar a Daniel Altamirano, integrante del reconocido grupo folklórico mendocino.
La interpretación de la chaya “Al mañanero cantor” y la entrega de un disco compacto con la obra creada por Tomás y su hijo Francisco constituyeron uno de los instantes más emotivos de la velada.
Música, carnaval y un mensaje de esperanza
La propuesta también incluyó un momento festivo con la presentación de “Por una noche soy carnaval”, el candombe inspirado en Lorena Arozarena y su comparsa VandaKopa2. Músicos y bailarines recrearon el espíritu de los corsos y lograron contagiar alegría a todos los asistentes.
Hacia el cierre, Penacino convocó al escritor y cantautor serranense Aldo Lamberti, quien se sumó a la celebración luego de presentaciones en La Pampa. Juntos interpretaron el tradicional “Himno a la alegría”, transformándolo en un canto colectivo a la fraternidad.
El artista agradeció además la participación de Jorge Prola, Ana Lucía Tirone, el Consejo de Administración de la Cooperativa, los medios de comunicación y la Biblioteca Maestro Trombotto, institución que le entregó como obsequio una bandera alusiva al proyecto.
Al finalizar la jornada este sábado 13, mientras la helada comenzaba a cubrir los campos de blanco, Penacino compartió una reflexión que resumió el espíritu de la propuesta: “Salimos a la noche arropados de cariño y agradecidos por haber tenido una vez más la posibilidad de comprobar que nada de lo que se entrega desde el amor se pierde; por el contrario, se multiplica”.
Con la mirada puesta en futuras presentaciones, el bungense dejó en claro que el objetivo sigue siendo el mismo: seguir sumando voluntades a una construcción colectiva basada en la fraternidad, la cultura y la esperanza.

