4.6 C
General Villegas
lunes, junio 29, 2026
InicioLa RegiónVendió todo y se fue a España a los 50 años: la...

Vendió todo y se fue a España a los 50 años: la historia de Marcela del Arco

Siempre soñó con conocer España, pero nunca imaginó que terminaría viviendo allí. Hace casi un año dejó atrás su vida en Coronel Charlone, vendió todas sus pertenencias y cruzó el océano para comenzar una nueva etapa junto a su pareja. Hoy vive en la Comunidad Valenciana y asegura que nunca es tarde para animarse a cambiar.

Hay sueños que uno guarda durante años sin saber exactamente cuándo podrán hacerse realidad. A veces parecen proyectos lejanos, reservados para un futuro incierto. Algo así le ocurrió a Marcela del Arco, vecina de Coronel Charlone, que durante gran parte de su vida repitió una idea que parecía sencilla: algún día quería conocer España.

No había una razón puntual detrás de ese deseo. No tenía raíces familiares directas en ese país ni un motivo específico que explicara la fascinación. Simplemente era un lugar que siempre había querido visitar. Lo que jamás imaginó era que ese sueño terminaría transformándose en una decisión mucho más profunda: dejar Argentina para empezar una nueva vida en Europa.

Una propuesta que cambió todos los planes

La historia dio un giro inesperado cuando su pareja, Jorge Vicente, transportista de profesión, recibió una propuesta laboral desde España. Una empresa buscaba choferes y, tras reunir documentación y cumplir con todos los requisitos, llegó la noticia que cambiaría el rumbo de ambos.

Lo que inicialmente había sido una conversación sobre la posibilidad de hacer un viaje turístico se convirtió en la oportunidad concreta de emigrar.

«¿Vos querés conocer España? Bueno, nos vamos a vivir a España», recuerda Marcela que le dijo Jorge cuando recibió la confirmación.

La propuesta sorprendió incluso a familiares y amigos. Muchos consideraban que dejar una vida armada para comenzar desde cero en otro continente era demasiado arriesgado. Sin embargo, la decisión ya estaba tomada.

El desafío de dejar todo atrás

Jorge viajó primero para instalarse y comenzar a trabajar. Marcela permaneció en Argentina durante siete meses para terminar de organizar todo lo necesario antes de partir.

Durante ese tiempo vendió muebles, electrodomésticos, ropa, vehículos y prácticamente todas sus pertenencias. El objetivo era claro: empezar una nueva etapa sin cargas materiales y con la convicción de apostar por un proyecto diferente.

«Vendí todo. Era empezar de nuevo», resume hoy.

Sin embargo, desprenderse de los objetos fue mucho más sencillo que despedirse de las personas. La distancia con su hija, sus hermanas y sus amigos fue uno de los aspectos más difíciles de afrontar. Las videollamadas permiten mantener el contacto, pero no reemplazan las reuniones familiares ni los abrazos.

El sueño cumplido

El 19 de junio del año pasado finalmente llegó el momento de viajar. Al día siguiente aterrizó en Madrid y experimentó una sensación que todavía recuerda con emoción.

Caminar por una ciudad que durante años sólo había conocido a través de fotografías y relatos fue mucho más que una experiencia turística. Significó comprobar que aquello que parecía lejano se había vuelto realidad.

«Cuando llegué a Madrid pensé que ya había cumplido el sueño», contó durante la entrevista.

Después de unos días en la capital española se trasladó a Soria, donde comenzó su verdadera experiencia como residente.

Adaptarse a una nueva vida

La llegada a España estuvo acompañada por desafíos propios de cualquier proceso migratorio. Había que aprender nuevas costumbres, acostumbrarse a otros ritmos y construir una rutina desde cero.

Sin embargo, Marcela asegura que la adaptación fue más sencilla de lo que imaginaba. Destaca especialmente el trato recibido por parte de vecinos y organismos públicos, algo que derribó varios prejuicios que había escuchado antes de viajar.

«Nunca me sentí extranjera», afirma.

También la sorprendió la seguridad. Poder caminar tranquila por la calle, utilizar el teléfono sin temor o recuperar un celular olvidado en un restaurante fueron situaciones que la hicieron valorar aspectos cotidianos que muchas veces pasan inadvertidos.

Otro punto que destaca es el funcionamiento de los servicios públicos, particularmente el sistema sanitario, al que pudo acceder una vez realizados los trámites correspondientes.

Del frío de Soria al Mediterráneo

Aunque la experiencia en Soria fue positiva, hubo un factor que terminó inclinando la balanza hacia otro destino: el clima.

Los inviernos largos y las bajas temperaturas llevaron a la pareja a buscar una alternativa más cercana al mar. Así fue como llegaron a Alcira, en la Comunidad Valenciana, donde viven actualmente.

La diferencia fue importante. Hoy tienen las playas del Mediterráneo a pocos minutos de distancia y disfrutan de un clima mucho más amable durante gran parte del año.

Marcela destaca la limpieza de las playas, el orden de los espacios públicos y la tranquilidad con la que se vive en la zona. También le llaman la atención los extensos cultivos de naranjas, olivos y frutales que caracterizan el paisaje valenciano.

Lo que extraña y lo que encontró

A casi un año de su llegada, reconoce que hay cosas que sigue extrañando profundamente. La familia ocupa el primer lugar. También las reuniones con amigos y algunas costumbres bien argentinas.

Entre ellas aparece inevitablemente el asado. Aunque en España consume carne, asegura que no es lo mismo que reunirse alrededor de una parrilla como ocurre habitualmente en Argentina.

El mate, en cambio, sigue presente. La tradición viajó con ella y continúa formando parte de cada día, incluso a miles de kilómetros de distancia.

A pesar de esas nostalgias, el balance es claramente positivo. La experiencia le permitió conocer nuevas realidades, descubrir otra forma de vida y confirmar que aún estaba a tiempo de cumplir un sueño que había postergado durante años.

Por eso, cuando le preguntan qué le diría a alguien que siente que ya es tarde para cambiar de rumbo, su respuesta es inmediata.

«Nunca es tarde para cambiar de vida. Hay que animarse», sostiene.

Desde Alcira, a pocos kilómetros del Mediterráneo, aquella mujer que alguna vez imaginó conocer España entiende que el mayor desafío no fue cruzar el océano. Lo más difícil fue animarse a dar el primer paso. Una vez que lo hizo, descubrió que los sueños no tienen edad y que siempre existe la posibilidad de empezar de nuevo.