El jugador y entrenador mendocino integró la Selección Argentina +50 que disputó el Mundial Máster en Rotterdam. El combinado nacional terminó en el 11° puesto entre 22 países y quedó a un paso de meterse entre los ocho mejores. “Cuando hacés el balance, fue una campaña alucinante”, destacó.
Alejandro Calzada volvió a General Villegas con la satisfacción de haber cumplido, una vez más, un sueño que años atrás parecía impensado: representar a la Argentina en un Mundial de hockey. Esta vez fue en la categoría +50 y en Rotterdam, uno de los grandes centros mundiales de este deporte.
El viaje había comenzado mucho antes de pisar los Países Bajos. Durante dos años, Calzada formó parte de un proceso de selección que comenzó con 42 jugadores y terminó con un plantel de 19 integrantes. En la previa, el propio jugador había explicado que el equipo contaba con grandes individualidades, aunque el principal desafío pasaba por consolidar un funcionamiento colectivo debido a las pocas horas de entrenamiento compartidas. El Mundial terminó confirmando buena parte de aquellas sensaciones.
Argentina quedó finalmente en el 11° lugar entre 22 selecciones, pero estuvo muy cerca de alcanzar el objetivo de meterse entre los ocho mejores. El azar del sorteo tampoco colaboró: Francia, Bélgica y España, tres de los rivales que enfrentó el combinado nacional, estaban entre los seleccionados que aspiraban a pelear por los primeros puestos.
Aun así, los resultados fueron más que positivos. Argentina derrotó 2 a 1 a Japón, venció 2 a 1 a España, empató frente a Francia y cayó ajustadamente 2-1 ante Bélgica. Posteriormente volvió a enfrentarse con España y cerró su participación con un triunfo 3 a 1 sobre Gales.
“Si empatábamos con Bélgica, quedábamos afuera ellos y entrábamos nosotros dentro de los ocho. Perdimos por 2 a 1 y quedamos afuera por nada”, explicó Calzada en diálogo con OVACIÓN.
El mendocino destacó que, más allá de la posición final, el balance deportivo fue sumamente positivo. “Cuando vos mirás el promedio general, es alucinante. Es más o menos donde teníamos que estar”, señaló.
A un paso de los ocho
El formato de competencia terminó siendo determinante. Argentina tuvo que medirse con tres seleccionados de enorme jerarquía, mientras que otros equipos tuvieron cruces que les permitieron conseguir diferencias de gol más amplias ante rivales de menor nivel.
“Ellos nos marcan mucha diferencia con los goles. A nosotros nos tocó jugar contra países que buscaban del primero al sexto”, explicó Calzada.
La derrota por apenas un gol frente a Bélgica terminó siendo el punto que marcó la diferencia entre continuar peleando por los puestos de privilegio o disputar la segunda mitad de la clasificación.
Para Alejandro, allí apareció uno de los componentes inevitables del deporte: la suerte.
“Faltó precisión, pero también faltó suerte. La pelota pega en el palo y entra, no es lo mismo que si pega en el palo y se va afuera”, graficó.
Rotterdam, la meca del hockey
Más allá de la competencia, Calzada quedó impactado por la dimensión que tiene el hockey en los Países Bajos. La organización, la infraestructura y el nivel de profesionalización fueron parte de una experiencia que difícilmente pueda compararse con la realidad argentina.
El jugador contó que llegaron a disputar el torneo en un club que cuenta con seis canchas de sintético de agua, una infraestructura prácticamente inimaginable para el hockey nacional.
También destacó el acompañamiento del público y el ambiente que se vivió durante las jornadas decisivas, con estadios colmados y un fervor que, según describió, se acerca al que suele observarse en el fútbol. “Holanda es la cuna mundial del hockey. Verlo es increíble”, resumió.
La final de la categoría +50 también quedó grabada en su memoria. Países Bajos terminó imponiéndose 3-2 sobre Irlanda después de comenzar el último cuarto abajo 2-0. El campeón lo dio vuelta con un gol a siete minutos del cierre, otro a falta de un minuto y el tanto definitivo cuando restaban apenas diez segundos.
El otro Mundial: los vínculos
Si el resultado deportivo fue importante, el balance humano tuvo un valor todavía mayor para Calzada.
Durante los 20 días que duró su periplo europeo —con una primera estadía en España antes de incorporarse al plantel en Países Bajos— tuvo la posibilidad de compartir equipo y habitación con jugadores que desarrollan su actividad en distintos puntos de Europa. “Las relaciones humanas a nivel mundial y a nivel selección son increíbles”, sostuvo.
Algunos de sus compañeros viven en Inglaterra, España e Italia y trabajan como entrenadores o desempeñan funciones dentro de importantes clubes europeos. Esa red de contactos, explicó, puede abrir nuevas posibilidades laborales y deportivas que difícilmente hubieran aparecido de otra manera.
“Para uno que le gusta eso, es invaluable. No llegarías nunca al hockey de ese nivel si no fuera por esa suerte”, remarcó.
Villegas, también presente
La participación de Calzada tuvo además un significado especial para General Villegas. El entrenador, oriundo de Mendoza pero radicado desde hace muchos años en la ciudad, lleva una extensa trayectoria vinculada al crecimiento del hockey local.
Fue uno de los impulsores de Cachorros Hockey junto a Gerardo Barrionuevo y también estuvo al frente de diferentes procesos formativos y selecciones. En los últimos años, además, dirigió a Atlético Villegas en la Liga del Centro, donde el equipo logró consolidarse como uno de los protagonistas del certamen.
Su experiencia internacional vuelve a poner en valor el trabajo que se viene realizando desde hace años en el hockey de General Villegas.
Y no fue el único representante local en Rotterdam. La ciudad tuvo también a Belén Cepa y Sandra Campana como integrantes de seleccionados argentinos en el Mundial Máster, una presencia que Calzada considera una muestra del crecimiento que tuvo el hockey villeguense.
“Uno va haciendo el trabajo de abajo, tratando de que las chicas lleguen a lo que puedan llegar. Después está el esfuerzo de cada una”, señaló.
Un camino que puede continuar
Calzada sabe que el Mundial no necesariamente termina con esta experiencia. El contacto generado con jugadores y entrenadores de otros países puede transformarse en nuevas oportunidades, mientras que la próxima edición del certamen, que se disputa cada dos años, ya aparece en el horizonte.
Claro que el camino no es sencillo. La convocatoria depende de cada proceso, del entrenador de turno y de los criterios utilizados para conformar los planteles. “A nadie le regalan nada”, sostuvo.
Por eso, el mensaje que deja su experiencia trasciende el resultado final. Llegar a una selección nacional máster requiere entrenamiento, sacrificio, dinero, tiempo y, finalmente, la posibilidad de ser observado y elegido.
Argentina terminó 11ª. No alcanzó el objetivo máximo de ingresar entre los ocho mejores, pero quedó a un solo resultado de hacerlo. Para Calzada, sin embargo, el Mundial dejó algo todavía más importante: la certeza de que el esfuerzo valió la pena. “Fue una experiencia increíble”, resumió.
En Rotterdam, entre 22 países, el hockey villeguense volvió a tener una historia propia para contar.

