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martes, agosto 18, 2026
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De General Villegas a Salamanca: Delfina Sperani y el desafío de empezar de cero

La joven villeguense emigró a España en 2023 junto a su pareja. Pasó dos años en Tenerife, atravesó un largo proceso para conseguir el permiso de trabajo y finalmente pudo ejercer su profesión. Hoy vive en Salamanca, donde construye una nueva etapa sin perder el vínculo con General Villegas.

La historia de Delfina Sperani, protagonista del programa Nº144 de GPS – Villeguenses por el Mundo, está atravesada por decisiones importantes, incertidumbres y más de un comienzo. En 2023 dejó Argentina junto a su pareja y llegó a Tenerife. Tenía 23 años. Tres años después vive en Salamanca, trabaja en hotelería y turismo y continúa avanzando en su proceso de regularización en España.

Emigrar había sido durante mucho tiempo un proyecto. Pero una cosa era imaginarlo y otra encontrarse a miles de kilómetros de General Villegas, lejos de la familia y con la necesidad de construir prácticamente todo nuevamente.

Una idea que comenzó temprano

Delfina egresó de la escuela secundaria en General Villegas y a los 18 años se fue a estudiar hotelería y turismo. La carrera reunía varios de sus intereses: los idiomas, los viajes y la posibilidad de trabajar en el exterior.

La inquietud había aparecido antes. Durante su viaje de 15 años a Disney se perdió junto a una amiga dentro de un parque y logró orientarse hablando en inglés.

Fue como que mi mente dijo: ‘Guau, pero yo me puedo comunicar con otra gran parte del mundo’. Entonces pensé qué tal sería la vida afuera”, recordó.

Mientras estudiaba conoció a Luis Diego, venezolano, con quien se casó en 2022. Él planteó concretamente la posibilidad de instalarse en España, donde ya vivía su padre. Los proyectos coincidieron y durante aproximadamente dos años trabajaron, ahorraron y se privaron de distintos gastos para poder viajar.

Tenerife y dos años esperando

La llegada a Tenerife se produjo en 2023. Delfina recuerda especialmente aquella primera madrugada, cuando arribaron alrededor de las seis y encontraron el aeropuerto prácticamente vacío.

Tenía la sensación de ‘guau, llegué’. Y ahora, ¿qué?”, contó.

La adaptación estuvo condicionada por un problema central: no tenía permiso para trabajar legalmente y el trámite demoró cerca de dos años. Durante ese período hizo diferentes tareas: limpieza, trabajos en un club cultural y actividades online, entre ellas traducciones.

Para alguien que había estudiado una carrera, desempeñarse en algo completamente diferente también implicó aceptar una realidad que no era la imaginada.

Yo estudié y al final estoy trabajando de algo que nada que ver. Pero también entendía que la situación lo ameritaba”, explicó.

Además, la falta de documentación laboral la colocaba en una posición vulnerable. Según relató, llegó a cobrar bastante menos que el salario mínimo porque prácticamente no tenía posibilidades de reclamar.

Finalmente consiguió el permiso de trabajo, aunque todavía continúa con los trámites para completar su situación migratoria.

De Tenerife a Salamanca

Cuando la situación comenzaba a estabilizarse apareció otra dificultad: conseguir vivienda en Tenerife. Los alquileres habían aumentado considerablemente y encontrar un departamento se había vuelto cada vez más complicado.

La pareja ya conocía Salamanca porque había viajado allí para visitar a un amigo de Luis Diego. La ciudad les había gustado y, frente al costo de permanecer en Tenerife, decidieron mudarse.

La determinación significaba comenzar nuevamente.

Lo pensamos muchísimo porque fue un ‘volvemos a empezar’”, reconoció.

Esta vez las cosas se dieron más rápidamente. Llegaron con permiso laboral, ambos consiguieron empleo y encontraron un costo de vida más accesible. Delfina incluso halló una curiosa similitud entre Salamanca y General Villegas: su ubicación en un cruce de caminos que la convierte en lugar de paso hacia distintos destinos.

Finalmente, ejercer su profesión

Apenas dos semanas después de instalarse en Salamanca, Delfina consiguió trabajar en aquello para lo que se había preparado. Su título estaba homologado y no necesitó realizar una reválida.

Primero tuvo una experiencia temporal en un hotel cinco estrellas y posteriormente ingresó en una cadena hotelera en la que lleva más de un año. Pasó por recepción, atención al cliente, reservas, tareas comerciales y soporte. También participó de la apertura de un establecimiento en Madrid.

Actualmente trabaja principalmente como recepcionista y surgió incluso la posibilidad de asumir mayores responsabilidades dentro de la empresa.

Al final yo me preparé para esto y es lo que me gusta hacer”, afirmó.

Lo que encontró y lo que extraña

Cuando habla de calidad de vida, Delfina destaca la seguridad, la posibilidad de ahorrar y una economía cotidiana que les permite desenvolverse con mayor tranquilidad. En Argentina, ella y su pareja llegaron a tener dos trabajos cada uno para poder ahorrar; en España, con un empleo cada uno, consiguen guardar parte de sus ingresos.

Pero la distancia también le permitió valorar aspectos de Argentina que quizás se perciben de otra manera cuando se está lejos. Extraña especialmente la calidez de los vínculos, los encuentros espontáneos, los mates y la comida.

Tenemos una forma particular de querer, de hacer sentir bienvenida a la gente, de ser amigos, de acompañarnos en el día a día”, expresó.

General Villegas sigue siendo casa

Salamanca se convirtió en su nuevo hogar. Delfina considera que para construir una vida en otro país también es necesario aceptar el presente y no permanecer atrapado en la nostalgia.

Eso no modifica lo que significa General Villegas. Cuando le preguntaron qué se le viene a la cabeza al escuchar el nombre de su ciudad, respondió: “Mi casa, mi familia, mis amigos, mi infancia, el colegio”. También recordó sus años de patín en Eclipse y su paso por Villegas Rugby Club, ligados a una sensación que sigue valorando: la de comunidad.

No descarta permanecer muchos años en Salamanca, pero tampoco elimina la posibilidad de regresar algún día a Argentina. Después de tres años, dos ciudades españolas, distintos trabajos y un largo proceso migratorio, asegura que volvería a tomar la misma decisión.

Parte de todo lo que he crecido y madurado como persona, como hija, como pareja y como hermana fue gracias a emigrar. Yo creo que sí, que lo volvería a hacer”.

Para quienes piensan en seguir un camino similar, dejó un consejo surgido de su propia experiencia: prepararse económica y emocionalmente y comprender lo que significa dejar atrás una vida conocida.

Que sea consciente de que va a dejar una vida atrás, pero para abrazar una vida nueva”.