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jueves, agosto 27, 2026
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Sofía Becerra, de Villegas a Portugal: “Cuanto más lejos estoy, más valoro de dónde vengo”

La villeguense construyó una carrera internacional dentro de Adidas que la llevó por Estados Unidos, Panamá, México, Colombia y, finalmente, Portugal. En GPS habló de los desafíos de comenzar de nuevo, las diferencias culturales, el amor, los afectos y una identidad que se fortaleció con la distancia.

Sofía Becerra creció en General Villegas, se mudó a Buenos Aires para estudiar y desde hace más de una década desarrolla su carrera profesional en Adidas. Lo que comenzó como una oportunidad laboral terminó convirtiéndose en una vida atravesada por mudanzas, idiomas, nuevas culturas y la necesidad de reconstruir rutinas y vínculos en cada destino.

Desde Matosinhos, una ciudad costera cercana a Porto, Portugal, conversó con GPS Villeguenses por el Mundo. Durante la entrevista recorrió su historia desde los primeros años en Villegas hasta su presente europeo y aseguró que la distancia, lejos de debilitar sus raíces, reforzó su pertenencia: “Yo soy argentina. Pertenezco a Argentina. Vivo ocasionalmente afuera, pero pertenezco a donde están mis raíces”.

Una carrera que comenzó sin imaginar fronteras

Cuando se instaló en Buenos Aires, Becerra estudió Contador Público y Administración de Empresas en la Universidad de Buenos Aires. Aunque en su familia imaginaban que elegiría una actividad relacionada con el arte, se inclinó por las ciencias económicas.

La posibilidad de ingresar a Adidas llegó a través de una entrevista laboral realizada dos años antes. Reconocida hincha de River Plate, admitió que el vínculo de la empresa con el club fue uno de los motivos que terminaron de convencerla.

“Si no hubiese sido por River, quizá nunca hubiera entrado a Adidas”, contó. Ya lleva 11 años en la compañía y sostiene que su trabajo funcionó como una plataforma para acceder a experiencias que trascendieron ampliamente la oficina.

El primer destino fue Boston, Estados Unidos, donde vivió durante seis meses. Allí enfrentó el desafío del idioma cotidiano, la soledad y la necesidad de aprender a disfrutar de actividades que antes no imaginaba hacer sin compañía.

“Al principio fue difícil. Después aprendí que está perfecto ir a cenar sola, ir al cine sola o disfrutar de uno mismo. Hoy hasta busco esos espacios”, explicó.

Panamá, México y una decisión que cambió su vida

Mientras estaba en Boston recibió una propuesta para ocupar un cargo regional en Panamá. La decisión no fue sencilla. “La tomé llorando”, recordó. Una amiga le hizo entonces una pregunta determinante: “¿Qué es lo peor que puede pasar? Siempre podés volver”.

Aceptó y permaneció tres años en Panamá. Aunque inicialmente no era uno de sus destinos preferidos, terminó encontrando allí un importante crecimiento personal. Descubrió las playas del Caribe, la selva y lugares como San Blas, además de atravesar la pandemia lejos de su familia.

Después llegó Ciudad de México, que definió como uno de sus lugares favoritos. La posibilidad de caminar, detenerse en un café, compartir una comida y disfrutar de una intensa vida cultural volvió a conectarla con costumbres que asociaba con la Argentina.

La experiencia también le enseñó que una misma forma de liderar no funciona en todos los países. Tras encontrar dificultades con un equipo, comprendió que debía conocer las diferencias jerárquicas y sociales de la cultura mexicana.

“Lo que estaba haciendo funcionaba perfectamente en Argentina, pero en México no iba a funcionar. Hay diferencias que uno no ve porque no es de ahí”, señaló. Desde entonces, cada vez que llega a un nuevo destino consulta qué códigos debe comprender antes de comenzar a trabajar.

Más tarde aceptó una asignación temporal en Colombia. Iba a permanecer seis meses cubriendo una licencia por maternidad, pero el recorrido se extendió durante dos años. Allí también conoció a su pareja, un emprendedor cuya flexibilidad laboral permitió acompañar sus posteriores decisiones.

Portugal, el lugar elegido para detenerse

A fines de febrero, Becerra se instaló en Portugal y desde marzo trabaja en un nuevo puesto dentro de Adidas. Vive en Matosinhos, una localidad pesquera próxima a Porto, donde encontró seguridad, playa, buena gastronomía y un estilo de vida que considera cercano al argentino.

“Después de vivir en Bogotá, que es como estar en otoño todo el año, necesitaba volver a las estaciones. Me había olvidado de cómo era ver crecer las hojas de un árbol”, relató.

El portugués todavía representa un desafío. Comenzó a tomar clases y, mientras aprende, se comunica en español, inglés y algo de “portuñol”. Fuera del trabajo comenzó a reconstruir una rutina con pádel, pilates y paseos junto a Cavenaghi, su perro salchicha y compañero de todas las mudanzas.

Portugal también le permitió estar cerca de otros destinos europeos y recibir más visitas de familiares y amigos que en cualquiera de sus etapas anteriores. Por eso, aunque admite que suele responder primero que no ante cada propuesta, esta vez imagina una permanencia más prolongada.

“Por alguna razón tengo cinco años en mi mente. Portugal me encanta. Profesionalmente es un desafío y, en lo personal, es seguro, se come rico y estás en medio de Europa”, afirmó.

La distancia y el valor de las raíces

Becerra reconoció que vivir en el exterior obliga a resignar cumpleaños, encuentros familiares y costumbres cotidianas. Entre aquello que más extraña mencionó las medialunas, la pizza y, especialmente, la ceremonia completa del asado: la preparación, la charla, el café y el postre.

Sin embargo, asegura que la experiencia también le permitió valorar derechos y posibilidades que antes consideraba naturales. Un reciente viaje laboral a India, donde conversó con mujeres de distintas religiones, volvió a mostrarle la importancia de haber crecido en un país en el que pudo estudiar, trabajar, vivir sola y proyectar una carrera internacional.

General Villegas sigue ocupando un lugar central en esa identidad. Hace alrededor de 12 años que no regresa, principalmente porque sus viajes a la Argentina son breves y debe distribuir el tiempo entre familiares y amigos. Aun así, conserva los vínculos construidos durante su infancia y adolescencia.

“Cuando no lo tenés, más lo valorás. Cuanto más lejos estoy de Argentina y de Villegas, más los valoro y más presentes los tengo”, expresó.

No se imagina viviendo nuevamente en General Villegas, aunque sí contempla regresar algún día a Buenos Aires para estar cerca de sus hermanos, sobrinos y amigos. Villegas, de todos modos, conserva un significado que ninguna mudanza pudo modificar: “Es mi casa, el lugar donde crecí y donde tuve una infancia espectacular. Me siento muy agradecida por haber vivido esa infancia ahí”.