En estos días, seguramente los lectores, incluido el autor de esta columna, se han enterado de que la Municipalidad de General Villegas comprará, en pocos días más, el edificio del ex Hotel Rucalen, sito en la calle Arenales. Sobre esta decisión hay dos aspectos: uno bueno y otro malo, sobre los que más tarde haré el cierre en forma de opinión personal.
Pero seguramente hay una pregunta que muchos se hacen: ¿cómo un hotel que parecía presagiar un futuro grande terminó siendo un posible lugar para alojar a personas de la tercera edad? A esta pregunta la iremos contestando con la historia de este emblemático hotel.
Todo se inicia un 28 de enero de 1967, cuando el residencial, su forma original, fue inaugurado tras dos años y tres meses de enormes trabajos realizados de forma mancomunada por cinco socios: los Dres. Ángel Vasconi, Rogelio Lamas y Armando Pontiggia; el escribano Hugo Triaca; y el Sr. Pedro Biglia.
Antes de la apertura al público se produjo la bendición de las instalaciones por parte del presbítero Alfonso Wesner y, luego del discurso del Dr. Vasconi, la gente, que concurrió en buen número según las crónicas, pudo apreciar las instalaciones de este nuevo hotel, que contaba con 48 habitaciones, seis de ellas suites, dotadas con baño privado, calefacción central, agua caliente en circuito cerrado y teléfono.
La superficie cubierta llegaba a los 1.900 metros cuadrados y la inversión fue de unos 60 millones de pesos moneda nacional. Aún hoy la construcción es imponente y seguramente los cinco socios imaginaban que este tipo de hotel, que habían diseñado y construido, sería la norma para nuevos hoteles en nuestra ciudad, pensando que tal vez en los años 90 se seguiría este tipo de construcción.
Un hecho curioso es que la calle Arenales era de doble mano. Siendo nuevo, este hotel debe haber sido un gran lujo y, por lo poco que me puedo acordar de aquellos años, durante los mundiales de fútbol el hotel tenía las banderas de los principales países, lo que le daba un lindo marco.
Por comentarios de personas mayores, en ese hotel estuvo alojado César Pueyrredón. También recuerdo la presencia de dos artistas que marcaron una impronta en la historia de la música nacional. Una fue en 1999, cuando las hermanas Pastorutti, Soledad y Natalia, estuvieron en nuestra ciudad para la Fiesta de la Tradición y se alojaron en dicho hotel.
Teniendo la particularidad de ser vecino del hotel, tuve el honor de ir a saludarlas y, más tarde, presenciar el show. En ese momento, las respectivas hermanas habían logrado, con su energía, hacer renacer el folclore, que estaba languideciendo, y ponerlo nuevamente en su lugar.
Luego, en el año 2022, estuvo presente Abel Pintos y para esa ocasión se presentó un serio inconveniente: había tantos fans que prácticamente se me hizo imposible llegar a casa.
Otra visita de importancia fue en el año 2002 cuando, con motivo del primer Rally Federal, se alojó en dicho hotel Alejandro Levy, por entonces piloto y, al día de hoy, director de Tango Sports, que tiene a su cargo los derechos de las categorías automovilísticas que aún maneja el Automóvil Club Argentino.
Se podría decir que a este lugar venía mucha gente a alojarse y que en la visita del Rally Federal en 2002 estaba la mano de Félix Cirigliano, ya que no solo trajo esta categoría, que estuvo corriendo durante tres años en Villegas, sino que además se convirtió en gerente del hotel una vez que los dueños originales vendieron sus partes al Sr. Gatti.
De todas maneras, el hotel seguía funcionando y, así como recibía pasajeros, siendo estos hechos positivos, hubo un aspecto negativo que se empezó a evidenciar: la falta de mantenimiento.
En 2017 me tocó verlo de primera mano. Esto fue en ocasión de que tuve a un profesor de básquet de Atlético Villegas, Braian Stanford, como vecino y, al ir a buscar unas cosas que me pidió, vi la peor realidad: la casa-habitación era un desastre y el baño estaba venido a menos, por lo cual parecía más un hotel de una estrella —como uno en el que me alojé una vez en Trenque Lauquen para un examen— que el hotel que, al menos, me había imaginado.
De todas maneras, el hotel siguió abierto, recibiendo personas de países como Chile y Brasil, hasta que en diciembre de 2024 Félix Cirigliano decidió finalmente cerrar el hotel y, con esa decisión, más de 60 años de progreso fueron barridos de un plumazo.
Durante este tiempo hubo planes para hacer locales de venta o departamentos por día, hasta que finalmente, hace unos días, el intendente municipal Gilberto Alegre decidió comprar el edificio, que costará 230.000 dólares, con el objetivo de convertirlo en un geriátrico para personas de la tercera edad.
Luego de haber hecho esta reseña, llega el momento de dar la opinión sobre el tema en cuestión. El aspecto positivo de comprar el edificio es darle algo de actividad al centro y evitar que el ex hotel sea intrusado por personas con intenciones dolosas, por ejemplo, de destruir el lugar o llevarse algo de lo que queda.
En tanto, lo negativo lo pondría en el tema de para qué gastar semejante suma en un hotel cuando se podría ampliar el Hogar de Ancianos y agrandarlo, realizando una inversión para así contener a más personas de la tercera edad en ese lugar. Seguramente sería más barato que comprar el predio de calle Arenales, donde además deberían hacerse grandes obras para mantener el edificio en condiciones aceptables para este tipo de personas con dificultades para moverse.
Por lo tanto, y como opinión sobre la compra de este hotel, cabe preguntarse: ¿será un beneficio para todos los habitantes del partido de General Villegas? O, por el contrario, ¿tendrá algún fin electoral pensando en el próximo año? Si debo arriesgar una opinión, me juego por la opción dos.
Y no debemos olvidar que ahora esto pasará por el Concejo Deliberante, que deberá aprobar o no la compra del ex Hotel Rucalen. El resultado lo veo abierto y cualquier cosa puede pasar.
Además de las experiencias personales contadas en este artículo, agrego como fuente el libro “General Villegas, casi un siglo”, escrito en 1985 por Enrique Specogna.
*El autor es abogado.

