A sus 52 años continúa entrenando, compitiendo y dando clases. Fue siete veces campeón consecutivo y llegó al cinturón negro.
Ignacio Astigarraga nació en General Villegas, pasó por la Escuela N° 1 y el Colegio Nacional y, como tantos jóvenes de la ciudad, encontró en el deporte una parte importante de su formación. Fútbol, natación, rugby y otras disciplinas fueron parte de sus primeros años hasta que, después de radicarse en Buenos Aires para estudiar Diseño Gráfico, encontró en las artes marciales el camino que terminaría recorriendo durante décadas.
A los 52 años, Astigarraga continúa entrenando y compitiendo. Es cinturón negro de Judo y cinturón violeta de Jiu Jitsu, disciplinas que practica desde hace años y que lo llevaron a participar en distintos certámenes, con títulos y experiencias internacionales.
“Mis padres me mandaron siempre a hacer deportes. En nuestra época hacíamos educación física seriamente y nos mandaban a todos los deportes”, recordó durante una charla con OVACIÓN.
El fútbol, sin embargo, nunca fue su fuerte. Él mismo lo reconoce con humor: “Era un desastre, todos mis amigos se reían de mí, pero me seguían invitando. Era más para divertirse”. Su rol estaba claro: defensor rústico, de los que marcaban y corrían.
En 2005, ya instalado en Buenos Aires, comenzó a practicar boxeo en el gimnasio Sub Cero, ubicado en el barrio de Congreso. Allí permaneció durante cuatro años y tuvo sus primeros contactos con el entrenamiento y el combate. “Me encantaba el guanteo de los viernes. Me gustaba el combate, la lucha”, explicó.
Después llegó el Judo. Un cambio importante para alguien acostumbrado a golpear y recibir golpes. Comenzó a entrenar con el sensei Juan Carlos Yamamoto y rápidamente encontró una nueva pasión.
El Judo le abrió además la puerta a una especialidad que terminó siendo una de sus preferidas: el Ne Waza, la lucha en el suelo. Durante siete años participó consecutivamente de un torneo realizado en el Colegio Manuel Belgrano y consiguió un logro notable: fue campeón en las siete ediciones en las que compitió. “Creo que nunca nadie salió tantas veces campeón de ese torneo”, señaló con satisfacción.
Con el tiempo, el Judo también lo acercó al Jiu Jitsu brasileño, dos disciplinas que comparten distintos elementos. Esa relación se profundizó en 2021, cuando se trasladó junto a su esposa a Porto Alegre, Brasil.
Allí decidió dejar temporalmente su cinturón negro de Judo en Buenos Aires y concentrarse en el Jiu Jitsu. Durante un año entrenó todos los días en la academia Cicero Costa, en una experiencia que recuerda como particularmente exigente.
“La filosofía que tienen en Brasil con el entrenamiento de Jiu Jitsu es muy dura. Todos los días es como un torneo”, contó. Durante ese período fue graduado como cinturón violeta.
Actualmente continúa vinculado a ambas disciplinas. Da clases de Judo en dos dojos y, al mismo tiempo, mantiene su actividad competitiva en Jiu Jitsu. Para él, competir sigue siendo una de las principales motivaciones.
“Entreno todos los días, pero para mí tiene sentido entrenar con un objetivo. Mi gran objetivo siempre es ir al Open de Argentina, que es el torneo más importante de Jiu Jitsu de Argentina y tratar de que me vaya bien ahí”, sostuvo.
La edad no parece ser un impedimento. En Jiu Jitsu existen categorías por edad y peso, y Astigarraga compite dentro de las divisiones máster. A los 52 años integra la categoría M5, donde los participantes comparten una particular característica: muchos ya se conocen de tantos años de competencia.
Para Astigarraga, además, el Jiu Jitsu ofrece algunas ventajas desde el punto de vista físico. A diferencia del Judo, donde los derribos forman una parte central del combate, en Jiu Jitsu existe la posibilidad de llevar la lucha directamente al suelo sin necesidad de un derribo, algo que considera menos violento y con menor riesgo de lesiones.
La docencia es otra faceta que incorporó con el paso del tiempo. Lo que comenzó como una posibilidad terminó convirtiéndose en otra pasión.
“Me encanta enseñar. Tengo alumnos y disfruto enseñando. Enseñando también se aprende, porque uno empieza a ver el Judo y el Jiu Jitsu desde otro punto de vista”, explicó.
Más allá de sus títulos, sus años de entrenamiento y sus experiencias en Argentina y Brasil, hay algo que Astigarraga tiene especialmente claro: su vínculo con General Villegas. Aunque hace décadas que vive en Buenos Aires, no duda cuando le preguntan de dónde se siente. “Villegas, yo soy villeguense”, afirmó. Y agregó, con orgullo: “Hace un montón de años que vivo en Buenos Aires, pero yo soy villeguense, pienso como villeguense y hablo como villeguense”.
Una identidad que también aparece en su otra gran actividad: el Diseño Gráfico. Desde Buenos Aires continúa trabajando para empresas y emprendimientos vinculados con General Villegas, muchas veces a través del contacto y la recomendación de sus propios amigos y conocidos.
Astigarraga encontró en las artes marciales una pasión que lo acompaña desde hace años. Pero también conservó intacta aquella pertenencia al lugar donde nació.

