En una nueva edición de “Tecnología al Paso”, el ingeniero Gustavo González puso el foco en una situación cotidiana: el uso del teléfono celular antes de dormir y durante la noche. Más allá de la preocupación habitual por la luz que emiten las pantallas, explicó que el principal problema está relacionado con el contenido, las notificaciones y las herramientas diseñadas para mantener la atención de los usuarios.
González señaló que el teléfono fue reemplazando distintos dispositivos que antes formaban parte de la vida cotidiana, como la cámara de fotos, el reproductor de música, el reloj y el despertador. Precisamente, este último reemplazo hizo que el celular terminara en muchas mesas de luz, al alcance de la mano durante toda la noche.
Durante la charla, el ingeniero explicó que la luminosidad se mide en lux y comparó la intensidad de la luz del teléfono con la de distintos ambientes. Un día soleado puede alcanzar los 100.000 lux, mientras que un día nublado ronda los 10.000. En cambio, la pantalla de un celular se ubica aproximadamente entre 50 y 80 lux.
Por eso, González planteó que el problema no pasa solamente por la intensidad de la luz de la pantalla. Hizo referencia a estudios realizados sobre el uso de anteojos con filtro azul y sostuvo que, si bien existe cierta influencia, la cuestión central está en cuánto tiempo pasamos utilizando el teléfono, especialmente cuando todo el entorno está oscuro y el dispositivo queda como fuente de atención.
En ese contexto aparece uno de los hábitos más extendidos antes de dormir: el “scroll”, es decir, deslizar continuamente la pantalla para pasar de un contenido a otro. Redes sociales como TikTok e Instagram, además de los videos cortos de YouTube, utilizan herramientas que favorecen que el usuario continúe consumiendo contenido.
“Nos va llevando y nos va empujando a quedarnos despiertos”, explicó González, al referirse a este mecanismo que puede terminar desplazando las horas destinadas al descanso.
El teléfono también interrumpe el sueño
El ingeniero planteó otro escenario habitual: despertarse durante la madrugada y tomar el celular para consultar la hora. En lugar de limitarse a esa acción, las notificaciones pueden llevar al usuario a revisar mensajes, redes sociales u otros contenidos.
De esta manera, una acción que originalmente tenía un objetivo concreto puede terminar extendiéndose durante varios minutos.
González también mencionó el caso de las plataformas de streaming y el denominado “autoplay”, que reproduce automáticamente el capítulo siguiente de una serie. Según explicó, estas herramientas buscan que el usuario continúe consumiendo contenido, incluso cuando originalmente tenía previsto mirar solamente un episodio.
El concepto también puede trasladarse al uso general de la tecnología: aplicaciones y plataformas compiten por captar la atención y ocupar una mayor cantidad del tiempo disponible.

El desafío de recuperar horas de sueño
Durante el espacio, González hizo referencia además a datos vinculados con el descanso de los jóvenes. Según los datos que presentó, el 45% de los chicos duerme menos de siete horas, mientras que el 60% de ese grupo utiliza redes sociales después de las 23 horas.
Más allá de las cifras, sostuvo que el problema atraviesa distintas edades y actividades. El teléfono puede ser utilizado por motivos laborales, para consultar información, responder mensajes o recibir notificaciones importantes, por lo que no existe una fórmula única para resolver la situación.
Sin embargo, propuso algunas medidas concretas. Una de ellas es silenciar las notificaciones durante un determinado horario, una función disponible en los distintos teléfonos y que permite establecer un período nocturno sin avisos de WhatsApp, Instagram, Facebook, TikTok y otras aplicaciones.
Otra recomendación es evitar utilizar el teléfono como despertador y, cuando sea posible, dejarlo alejado de la cama. De esta manera, si una persona se despierta durante la noche, el dispositivo no queda inmediatamente al alcance de la mano.
También recomendó reducir los estímulos luminosos durante la noche y evitar que las notificaciones enciendan la pantalla, ya que esos destellos pueden interrumpir el descanso.
“La tecnología no nos tiene que controlar”
Como parte de la reflexión final, González planteó que el objetivo no es eliminar la tecnología, sino recuperar el control sobre su utilización.
“La tecnología no nos tiene que controlar. Nosotros tenemos que manejar el teléfono y manejar la tecnología”, sostuvo.
En ese sentido, también invitó a observar los informes de tiempo de uso que los propios teléfonos ofrecen semanalmente. No se trata solamente de saber cuántas horas se utilizó el dispositivo, sino de analizar en qué momentos del día y para qué se empleó.
El ingeniero remarcó especialmente la importancia de prestar atención al uso nocturno y al primer momento de la mañana, cuando muchas personas revisan el teléfono apenas se despiertan.
La reflexión final estuvo vinculada con algo que excede a la tecnología: el tiempo. El tiempo destinado al descanso, a la familia, a los amigos y a los encuentros cara a cara también puede verse desplazado por el uso permanente del celular.
En ese marco, González llamó a recuperar un uso consciente de los dispositivos y a evitar que las aplicaciones, las notificaciones y el consumo constante de contenidos terminen decidiendo cómo utilizamos nuestro tiempo.

