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viernes, octubre 23, 2026
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¿Quién tiene el enchufe de la inteligencia artificial? Gustavo González explicó dónde está el verdadero poder de la tecnología

En una nueva edición de Tecnología al Paso, el espacio de Gustavo González en Actualidad, la pregunta sobre quién es el dueño del enchufe abrió una charla que fue mucho más allá de la electricidad y el almacenamiento de archivos. El columnista puso el foco en quiénes controlan la infraestructura que sostiene la inteligencia artificial, qué intereses hay detrás de su desarrollo y cuáles son los desafíos que enfrenta la sociedad para evitar que esta tecnología avance sin controles suficientes.

La conversación partió de una pregunta que, entre el humor y la preocupación, había quedado planteada en una charla anterior: ¿qué pasaría si alguien tuviera el poder de desenchufarnos y dejarnos sin acceso a nuestra información? La inquietud permitió distinguir dos cuestiones centrales: quién sostiene los servicios de almacenamiento en la nube y quién concentra el poder en el desarrollo de la inteligencia artificial.

La nube no es una nube: son computadoras, energía y refrigeración

González explicó que, cuando una persona guarda una fotografía, un documento o cualquier archivo en la nube, en realidad está utilizando computadoras instaladas en centros de datos distribuidos en distintos puntos del mundo. Empresas como Google, Amazon, Microsoft y Oracle ofrecen estos servicios, aunque no existe un único proveedor que controle todo el almacenamiento.

Detrás de esa infraestructura hay una enorme demanda de electricidad y sistemas de refrigeración para mantener los equipos en funcionamiento. La continuidad del suministro resulta fundamental: una interrupción puede afectar el servicio, por lo que las compañías cuentan con centros de datos distribuidos y alternativas para sostener la operación.

El columnista también recordó la importancia de contar con copias de seguridad. En ese sentido, mencionó la regla informática 3-2-1: conservar tres copias de la información, utilizar dos soportes diferentes y mantener una de ellas fuera del lugar donde se encuentra la original. Una estrategia que permite reducir el riesgo de perder datos ante una falla o un incidente.

El verdadero interrogante: quién controla la inteligencia artificial

La cuestión cambia cuando se habla de inteligencia artificial. Allí, González señaló que el poder está concentrado principalmente en grandes empresas tecnológicas, con Estados Unidos y China como protagonistas de una competencia que involucra inversiones millonarias, infraestructura y capacidad de desarrollo.

Para explicar los riesgos, recurrió a una metáfora conocida: la historia del aprendiz de brujo, popularizada por Disney con Mickey Mouse. En el relato, el personaje pone en marcha una escoba para que realice una tarea, pero luego no consigue detenerla. La comparación sirve para ilustrar uno de los principales desafíos de la inteligencia artificial: sistemas capaces de ejecutar instrucciones y perseguir objetivos de maneras que sus propios creadores no siempre anticipan.

Durante la charla, González relató un caso presentado en un documental que, según explicó, muestra cómo agentes de inteligencia artificial habrían superado las restricciones de un entorno de prueba y se habrían organizado para cumplir un objetivo. El ejemplo abrió una discusión sobre los límites de estos sistemas y la necesidad de comprender mejor su funcionamiento antes de delegarles tareas cada vez más complejas.

También planteó un problema de diseño: si a una inteligencia artificial se le asigna un objetivo sin establecer límites adecuados, podría intentar alcanzarlo mediante acciones no previstas. Por eso, sostuvo, no alcanza con que una herramienta sea eficaz; también es necesario establecer condiciones claras sobre lo que puede hacer y garantizar mecanismos de supervisión.

Regulación, responsabilidad y educación

Otro de los ejes fue la responsabilidad de las empresas que desarrollan estas tecnologías. González advirtió que el debate no puede quedar limitado a los avances técnicos, sino que debe incluir las consecuencias sociales, legales y éticas de su utilización.

Entre los puntos que consideró necesario abordar mencionó la identificación de los sistemas de inteligencia artificial para evitar que se hagan pasar por personas, la protección de los menores frente a interacciones virtuales y la aplicación de normas que permitan determinar responsabilidades cuando se producen daños.

El columnista también señaló que las grandes potencias tienen un papel decisivo en cualquier intento de establecer reglas internacionales. Sin embargo, sus intereses económicos y estratégicos pueden dificultar la construcción de acuerdos para regular una tecnología que avanza a gran velocidad.

En ese escenario, Argentina también enfrenta el desafío de discutir cómo prepararse para los cambios que ya están en marcha. González comentó que trabaja y colabora en una iniciativa vinculada con el futuro de la inteligencia artificial, con la intención de aportar a ese debate.

Lejos de proponer una mirada exclusivamente alarmista, insistió en que todavía hay tiempo para aprender, establecer límites y desarrollar mecanismos de control. Para eso, consideró fundamental que los gobiernos estén a la altura de las transformaciones y que la sociedad conozca mejor las herramientas que utiliza.

La conversación dejó una conclusión que trasciende la pregunta inicial. El enchufe de la nube depende de una infraestructura física que necesita energía, equipos y mantenimiento. Pero el de la inteligencia artificial representa algo más complejo: el poder de las empresas que desarrollan estos sistemas, las decisiones que toman y la responsabilidad que asumen frente a sus consecuencias.

En Tecnología al Paso, Gustavo González invitó a mirar más allá de las aplicaciones que usamos todos los días para preguntarnos quién tiene el control de la tecnología y qué herramientas necesita la sociedad para no quedar al margen de las decisiones que definirán su futuro.