Con 270 inscriptos, la charla sobre la Ley Joaquín y la prevención de riesgos reunió a la comunidad de General Villegas en el salón de Bomberos Voluntarios. Impulsado por Yésica Toledo tras la muerte de su hija Augusta Consiansi, el encuentro del viernes 30 de octubre combinó testimonios, herramientas para reconocer situaciones peligrosas y un cierre con velas encendidas en memoria de la niña.
La actividad, declarada de Interés Municipal, contó con Serena Campos Lobos y Adrián Gatto, padres de Joaquín, y con María Sol Vázquez, especialista en seguridad e higiene. Durante el intercambio con el público se plantearon situaciones riesgosas en escuelas y actividades deportivas y recreativas, y se insistió en la necesidad de intervenir antes de que ocurra una tragedia.
“Nuestros hijos tienen que volver a casa”
Serena recordó que Joaquín tenía 12 años cuando un arco sin anclaje cayó sobre él durante un campamento en Junín de los Andes. Según relató, la estructura pesaba 160 kilos. “Joaquín no volvió, era un viaje soñado y terminó siendo solamente un sueño”, expresó.
Al mes de su muerte, la familia comenzó a impulsar una legislación para prevenir hechos similares. “Lamentablemente Joaquín no fue el primero y mucho más lamento que no haya sido el último”, manifestó al compartir su dolor por otras víctimas, entre ellas Augusta.
La mamá de Joaquín pidió que las instituciones no postergaran las medidas de seguridad a la espera de la reglamentación de la ley. Ante la proximidad del verano, reclamó especial atención en clubes, escuelas y campamentos: “Todo esto se puede prevenir y nuestros hijos tienen que volver a casa”.

Aprender a reconocer los riesgos
Vázquez se mostró sorprendida por la convocatoria. “No estoy acostumbrada a que la prevención importe”, expresó. Con 17 años de experiencia profesional, cuestionó la costumbre de actuar después de los accidentes y retomó una reflexión de Adrián: la prevención suele verse como un costo y no como una inversión.
La especialista explicó que la seguridad debía alcanzar a todas las personas que concurrían a una institución. Señaló que el análisis de un accidente no podía centrarse únicamente en la conducta de quien lo sufrió, sino también en las condiciones del lugar.
Mencionó arcos sin anclaje, cables en zonas de circulación, juegos mal colocados, instalaciones eléctricas y matafuegos de difícil acceso. También contó que durante la jornada había realizado relevamientos en instituciones locales.
En el intercambio que coordinó con el público surgieron ejemplos de situaciones riesgosas en escuelas y distintas actividades. “Es fundamental empezar a ver los riesgos”, remarcó. Al explicar cómo actuar frente a una situación peligrosa, sostuvo: “Ante cualquier riesgo se suspende la actividad, tomo imagen y denuncio donde hay que denunciar”.
La muerte de Augusta y las medidas de Eclipse
La convocatoria tuvo como antecedente la muerte de Augusta, de ocho años, ocurrida el 6 de octubre después de que un arco cayera sobre ella mientras practicaba patín en Eclipse. La investigación judicial continuó para esclarecer las circunstancias y determinar responsabilidades.
En declaraciones previas a Actualidad, el presidente del club, Marcelo Albiero, había anunciado el cierre del gimnasio al menos hasta fines de año por decisión institucional. También se habían informado una revisión de las instalaciones, su adecuación a la Ley Joaquín y la creación de una comisión de control de infraestructura con participación de padres.
Un minuto de luz para despedir a Augusta
El cierre estuvo a cargo de Yésica, quien invitó a encender las velas distribuidas entre los asistentes. “Yo opté por no hacer un minuto de silencio en memoria de mi hija, sino por un minuto de luz”, explicó.
Agradeció a Bomberos y a quienes colaboraron con una actividad realizada “a pulmón”. También reafirmó su compromiso con la prevención y su acompañamiento a Serena: “Que la muerte de nuestros hijos no sea en vano es lo único que puedo decir”.
Luego recordó a Augusta más allá de la tragedia: “Era una buena patinadora, era una gran artista, le encantaba bailar, era creativa, inteligente, inventora como dicen sus amigos, vivía creando, era activa, era magia”.
Con el público de pie y las velas encendidas, Yésica dedicó ese momento a su hija. “Que el amor permanezca”, pidió, antes de despedirla: “Este minuto de luz va para vos”.


