11.4 C
General Villegas
sábado, agosto 30, 2025
InicioSociedad¿Qué fue de la vida de? / Hoy: Cristina Rodríguez

¿Qué fue de la vida de? / Hoy: Cristina Rodríguez

ACTUALIDAD inauguró en febrero la sección «¿Qué fue de la vida de?», que comenzó con Paula Fumagallo; y que hoy tiene como protagonista a Cristina Rodríguez, quien ejerció por 42 años como ginecóloga, fue presidente del Círculo Médico de General Villegas y también participó en política como concejal del radicalismo durante dos períodos: 2009-2013; 2013-2017.

Un día decidió dejarlo todo (se jubiló de su profesión en 2019), para dedicarse a su familia y a tantos aspectos que implican disfrutar en otra etapa de la vida. «Pero llegó esta pandemia, que nadie esperaba, y ha sido un año en pausa, sin poder hacer nada», comentó.

Dedicada y abocada siempre a su hogar y a los suyos, sin dejar de cumplir con sus obligaciones. «Cuando empezó la cuarentena estricta les dije que iba a ser muy duro, que no nos íbamos a poder ver por mucho tiempo, así que se trasladaron todos a mi casa, cada uno con sus familias, por varios días», contó Cristina entre risas, para nada estresada con la situación.

Y en este sentido también su vida dio un vuelco, porque dejó su domicilio céntrico para mudarse a la quinta familiar -«en realidad un campito», dijo- sobre Ruta 188. Allí, alejada de la medicina y de la política, elige la cocina como una actividad placentera. «Me gusta mucho cocinar, así que le pedí a Claudia Esain (arquitecta y compañera de banca en su paso por el Concejo Deliberante), que ese espacio fuera amplio y estuviera además comunicado con el resto de la casa, ¡porque no me quiero perder nada mientras cocino!», expresó riendo, una vez más.

Entonces contó que «la casa es nueva, muy simple, sin lujos y con ambientes amplios. Está hecha para gente grande, sin mucha vuelta, sin escalera, sin escalones. Fácil de limpiar y con puertas anchas, por si algún día es necesario pasar en silla de ruedas».

Pensó en todo, como siempre lo hizo. Pero no pudo prever la pandemia -como nadie lo hizo-, que frenó durante un año todos sus planes para cuando se jubilara. «En cualquier momento salgo sembrando, manejando un tractor, porque ya estoy aprendiendo, pregunto todo en ese sentido. Veo, colaboro, cocino, cuido las nietas, le doy una mano a mis hijos en lo que puedo», expresó.

Es que simplemente no se puede quedar quieta. «No es fácil pasar de una vida hiper activa a un encierro como el que estamos teniendo. El cambio se nota y pesa», manifestó.

Infinidad de pacientes pasaron por sus 42 años de profesión, más de una generación en muchos casos; y en tantísimos otros ejemplos esos pacientes fueron como parte de su familia, según ella misma reconoció.

¿Qué fue lo que hizo que en 2019 decidiera jubilarse?

Empecé a trabajar muy joven. A los 22 años, antes de recibirme, comencé a hacer guardias en los hospitales del Conurbano, estuve en el Hospital de Merlo por bastante tiempo. Cuando uno trabaja en el Conurbano ve lo que es nuestro país, como la pobreza, que existe desde tantísimo tiempo. Uno ve en esos lugares cosas inimaginables. Terminé, hice mi residencia y nos vinimos a vivir a General Villegas, donde empecé a trabajar muy rápido. No tuve tiempo de espera, la verdad que nos recibieron muy bien. En aquel momento en la Clínica Villegas, que estaba frente a la Plaza Principal, con los doctores Richini y Pennacino. Hace 40 años que estamos viviendo en Villegas y no me iría a ningún otro lado, de ninguna manera. Siempre me preguntaron si no me volvería a Buenos Aires, siendo de allá. Y no. Hace como dos años que no voy y no me dan ganas de ir. Familia me ha quedado poca, gente grande que ha ido falleciendo. Mi hermano vive en Pinamar. Mis hijos ya se volvieron y no tienen necesidad de estar allá. Así que acá está nuestra vida y acá terminará.

Cuando pluraliza habla de Pedro Schroh, su compañero de vida y colega además. ¿Cómo es convivir en ambos aspectos?

Desde que estábamos trabajando en Hospitales en Buenos Aires habíamos coordinado tanto nuestra manera de trabajar, que fue muy fácil hacerlo. Nos habíamos complementado de una manera que hizo muy fácil trabajar juntos. Eso no pesó, al contrario, nos sentíamos muy acompañados y respaldados uno con el otro. Fue difícil no llevar cuestiones del trabajo a casa, más con el nuestro, porque nunca teníamos horario. Nuestra especialidad hacía que uno estuviera las 24 horas del día, y todos los días del año, pendientes de un llamado telefónico. Y que llegaras a casa a lo mejor un ratito para volver a salir a la clínica, o terminar en la clínica y seguir con el consultorio. Teníamos un radio de influencia que no sólo abarcaba General Villegas, sino ciudades vecinas como América, Ameghino, Intendente Alvear, Carlos Tejedor, venía mucha gente de muchos lugares a atenderse a Villegas, tener sus chicos o hacerse alguna cirugía, además de los pueblos del Partido. La verdad que fue mucho desgaste y llega un momento en que uno tiene que poner en la balanza si todavía, con los años y el cansancio, tenés la suficiente lucidez como para resolver situaciones de emergencia que en obstetricia no te avisan, se dan y no las podés prever. Fue por eso que en un momento, con un trabajo tan demandante, dejamos de hacer partos; y seguimos con la parte de consultorio. La responsabilidad es muy grande. Siendo médico podés cometer errores, podés tener alguna equivocación, pero uno mismo no se lo perdona. Hay que estar con todas las luces y con todos los sentidos conectados cuando se trata de este tipo de especialidades que, a veces, no te dan ni tiempo de pensar. No fue fácil, porque con tantos años llegamos a tener amistad con nuestros pacientes. Nuestra familia son los amigos que hicimos en General Villegas.

¿En qué otros lugares trabajó?

Cuando cerró la Clínica Villegas fuimos a trabajar a la San Marcos, donde estuvimos varios años; y después pasamos a Clínica Modelo. Ahí terminamos nuestra trabajo en obstetricia. También trabajamos al principio y durante bastante tiempo en el Centro Materno, ad honorem; y en el Hospital, donde fuimos renunciando por distintos motivos. Yo porque tenía mis hijos muy chiquitos y me tuve que ocupar de mis suegros y mi padre, que eran grandes y se empezaron a enfermar. Y Pedro tuvo problemas de salud, por lo que decidimos frenar. Él tuvo dos ACV y una enfermedad que aún no sabemos qué es. En su momento fue diagnosticada como leptospirosis por la sintomatología y respuesta al tratamiento, pero después dio negativo. Estuvo muy grave. Todas esas cuestiones hacen que uno tenga que ir dejando cosas de lado.

Una vida que no resulta fácil como la sociedad lo puede ver desde afuera.

Para nada fácil. Toda la familia se involucra en este trabajo, porque mis hijos eran chicos, yo tenía que trabajar los fines de semana y los llevaba conmigo. Pasaron muchas horas en el Centro Materno, en la clínica. Jugaban con las muestras de medicamentos, las enfermeras los ponían a doblar gasas, pasaban mucho tiempo conmigo porque no tenía donde dejarlos. Se fueron haciendo en esa vida que para ellos también era complicada. Yo he tenido que suspender cumpleaños por emergencias. No fue para nada fácil. A lo mejor porque tomábamos nuestra profesión con mucha responsabilidad y no podíamos faltar ante el requerimiento de alguien. Vivíamos así, pero llegó un momento que el cansancio superaba muchas cuestiones.

¿Cómo reaccionaron sus pacientes cuando anunció que se jubilaba?

La gente más joven lo entendió, pero a la más grande le costó más. Fue complicado en ese momento. A mí también me costó. El último día aparecieron dos pacientes con un regalo que habían hecho ellas, una cerámica representando la familia, con lo que para ellas significó que las haya ayudado, porque no podían tener hijos. Me lloré todo. A mí también me cuesta, porque extraño. Se había convertido en una relación de amistad y hasta familiar con la gente. Extraño eso de poder charlar todas las tardes en el consultorio. Todo eso era más que la medicina. Era compartir.

Pero también pasó por la política, siendo protagonista. ¿Qué la llevó involucrarse?

Había y hay muchas cosas con las que no estoy de acuerdo. Yo quiero a la Argentina y a mi gente, pero los políticos nos están traicionando mal. Estaba cansada de quejarme tanto. La salud y la política van muy de la mano, porque si no tenés buenas políticas no vas a tener buena salud en la población. ¿Y dentro de qué espacio podía participar? Bueno, había colaborado en algunas oportunidades con gente de la UCR haciendo algunos proyectos. Y dije que el día que pudiera iba a participar activamente. Y lo hice el día que dejamos los partos, porque eso estaba primero siempre. Cuando supieron que había dejado la obstetricia vinieron a buscarme a mi casa. Dije que sí, me dijeron que tenía que estar en la lista de concejales y no era mi idea. Pero empecé a ir todos los días al Concejo Deliberante, para ponerme a tono de qué se trataba. Así empecé en 2009 mi primer período. Me la pasaba estudiando, leyendo, entrenando en un montón de cuestiones. En el segundo período ya no estaba tan convencida, no quería eternizarme en el lugar. Nunca entré a la política buscando escalar cosas. Era algo más que estaba haciendo, pero no quería vivir de eso. Ya en 2015 había advertido de esa situación (año de campaña política, faltando dos más para que concluyera su mandato), porque necesitaba estar presente en mi casa por otros motivos. Encima viene el tema de las inundaciones, la gente estaba mal, perdiendo cosas, desamparada y eso me pegó muy fuerte. Fue cuando decidí que así no podía seguir, no quería avalar cosas con las que no estoy de acuerdo y hacerle creer a la gente algo que yo no creo. Probé, trabajé y hay gente más joven que puede ocuparse de esas cuestiones.

¿Y qué rescata de ese paso por la política?

Que conocí cosas que no hubiese conocido de otra manera. Por ejemplo, cómo desde un cargo se manejan ciertas cuestiones. Uno a veces cree en las buenas intenciones de la gente, pero en realidad se apuntaba a otro lado. Eso me desilusionó mucho. Con las inundaciones necesitábamos una solución, dos años estuvieron haciendo mediciones con el centímetro. Cuando estábamos con gente del gobierno yo les decía que eran de mármol, porque no se les movía un pelo ante una situación desesperante. Eso me pegó muy fuerte.

¿Nunca quiso ser candidata a intendente?

Me lo ofrecieron, pero en ese momento pensaba que tenía que tener otra experiencia y otro camino recorrido en la política. Hay que entender que los cargos políticos hay que ocuparlos por capacidad y no porque ‘convoca’ o ‘atrae votos’ y después vemos. Yo consideraba que no estaba en ese momento preparada en la política para ocupar ese cargo. No se si iba a ganar, pero hay que decir que sí cuando uno siente que lo va a poder hacer. Así estamos, con un Estado inmenso, pagamos un montón de sueldos y cada vez peor. Mi intención no era escalar. Además, si te quedás te vas amoldando a lo que no querés, te van convenciendo y acomodando. Eso no lo podemos permitir más.

Ud. conoce a Eduardo Campana desde la medicina. ¿Qué tuvo él, capacidad? ¿O atrajo votos?

En ese momento atrajo votos. Era una persona conocida, convocante, estaba como concejal y creo que fue una sorpresa también para él haber ganado como intendente. Tuvo que empezar a rodearse con gente para formar su equipo, pero creo que lo sorprendió. No se si tenía un proyecto de gobierno.

Cristina Rodríguez candidata, ¿nunca más?

No. Aparte la edad te juega en contra. Es muy difícil cambiar cosas con las que uno viene muy estructurado. A lo mejor siendo joven uno se puede adaptar a situaciones. Yo no puedo. Cada vez va quedando menos gente que quiere trabajar desde el sentido común, no desde lo partidario. Es una hipocresía. Hay cosas que indignan. No existe el mundo que viven los políticos para la gente común. Todo hace que la gente no los escuche y ponga música, porque sabe que le están mintiendo. Esa gente que gana otro dinero, que usa autos que le dan, tienen un chofer que le dan, que no tiene que pagar ni el celular, que salen a comer y no llevan ni la billetera porque va y paga otro… así vive cualquiera.

¿Y qué opina de la vacuna contra el COVID?

Fue indignante lo que pasó, tanto desde el gobierno como desde la oposición, que salió a desprestigiar la vacuna rusa, que era la única que se podía conseguir en ese momento. Eso no tiene perdón, porque hizo que muchas personas no se registraran para aplicársela. Entonces, ¿cómo sabe el gobierno cuántas necesita?. Le dieron vuelta la cabeza a la gente y eso no tiene perdón. Y el gobierno hizo un circo innecesario, con poca seriedad, e hizo que la gente desconfiara un montón.

Está alejada, pero no distraída…

No, porque además es algo que me apasiona. Escucho, leo y veo todo, pero no tengo participación.