Veterinarias Integradas Argentinas, mejor conocida como VIA, la empresa de Ado y Mari, cumple 30 años de vida, de crecimiento, de promulgar la fidelidad y la amistad como filosofías, de generar puestos de trabajo para familias de General Villegas, de apostar al progreso de nuestro país.
Actualmente emplazada en el SIP (Sector Industrial Planificado), VIA no nació siendo el gigante que es hoy en día (le da trabajo a 40 personas, tiene sucursales en CABA y Mar del Plata y visita 2500 veterinarias de todo el país). De hecho su fundador, Eduardo «Ado» Irasola ni siquiera buscaba ser empresario o fundar una firma líder en la distribución de productos veterinarios. Él solamente quería que le dieran trabajo, y la suerte (o el destino) le dio mucho más.
En el año 1987 empezó a trabajar en el rubro. Estuvo dos años y medio como empleado en un laboratorio hasta que discutió con el ex patrón. Ese mismo día se tomó un taxi y se fue a un laboratorio similar al que trabajaba para pedir trabajo. El dueño de dicho laboratorio le dijo que no tomaba empleados, que lo que él realmente necesitaba era convertirse en empresario. A Irasola le hizo gracia la propuesta: su billetera no era la de un empresario.
Pero la charla siguió y siguió, y ese hombre terminó de convencerlo: «Ado» emprendió la aventura de su vida montado en un Renault 12 fiado.
«Así arrancamos, en el 89, época hiperinflacionaria, la última etapa de Alfonsín, una época complicada como varias de las que pasaron en estos 30 años. Tenía una meta que era visitar a veterinarias, nunca quise vender a productores. Esa meta no la alteramos hasta el día de hoy y por eso los veterinarios de todo el país empezaron a mirar a VIA como un proveedor muy ético. He recorrido millones de kilómetros, he visitado todos los pueblos de la provincia de Buenos Aires, de San Luis, de Mendoza, de la Patagonia. He recorrido el país. Si volviera a nacer, volvería a ser viajante de veterinaria. He sido muy feliz con esta actividad. Estuvimos muchos años solos, yo salía a vender y mi mujer Mari hacía las encomiendas y las llevaba a la terminal o a algún comisionista. La distribuidora estaba en el living de la casa que alquilaba. Empezamos a crecer muy despacio. Estuve 3 años con un sólo laboratorio y la empresa éramos dos: mi señora y yo. Después incorporamos nuestro primer colaborador que es Fabián Fernández, veterinario; más tarde entró Román (Alustiza) en la parte contable. Así empezamos a crecer, despacio y con pasos firmes», rememora Irasola.
Para «Ado» el trabajo no es cumplir con el horario de oficina; es ser feliz, es hacer amigos, es la familia, es disfrutar y divertirse.
«Yo estoy feliz de la empresa que tengo, somos muy reconocidos en el país. Soy feliz por la gente que tengo trabajando acá, somos todos amigos, nuestros clientes son amigos, en todos los lugares tenemos gente amiga, que nos quiere, que vimos su crecimiento, que vimos cuando se casaron. El secreto es rodearme de buena gente, siempre busqué que mis colaboradores sean gente más inteligente que yo, de mucha nobleza, lealtad y profesionalismo. Eso nos permitió crecer acá, después pusimos una sucursal en Buenos Aires (en Barracas) y una sucursal en Mar del Plata, donde está mi hijo al frente. Es una empresa familiar que recorre todo el país. Ahora hay 40 personas trabajando, todas en blanco y con sueldo digno. Es una alegría trabajar acá. No entramos con los problemas a la distribuidora, los dejamos afuera. Y el que no ha logrado eso, se ha ido solo o los hemos invitado a que deje la empresa, porque es vital trabajar con alegría», remarca.
Para «Ado» la suerte es un condimento extra que no puede faltar en los negocios y en la vida: «Yo considero que mucho del éxito depende de la suerte. La suerte hay que acompañarla, modificarla, revertirla, pero la suerte tiene muchísimo que ver en esto. Yo iba a ser empleado, estaba buscando trabajo, y tuve la suerte que este hombre, que no me conocía, me dijera ‘usted tiene que ser empresario’. Estuve muchos años gateando hasta que después empezamos a crecer. La suerte es donde uno nace: no es lo mismo nacer en mi casa con mis viejos que nacer en el monte chaqueño o en una villa. La suerte tiene mucho que ver, acompaña mucho a las personas. Después está la rebeldía de cada uno, la fuerza que uno le ponga. También es fundamental rodearse de gente buena y tirar siempre buena onda», esos son algunos de los ingredientes del éxito para Irasola.
Pero a la suerte hay que acompañarla con buenas decisiones, y eso fue lo que sucedió en la crisis del 2001 con la salida de la convertibilidad: «Yo tuve un gran acierto, que fue dejar abierta la distribuidora en el 2001, con la salida del dólar y época inflacionaria. Todos cerraron para stockearse y no arriesgarse y yo me mantuve abierto. Fue una muy buena decisión porque yo no tengo una venta de perfumes, yo vendo productos veterinarios; y los animales se siguen enfermando, necesitan de un antibiótico. Me quedé abierto y entregando todo. Cuando el país empezó a agarrar normalidad un montón de veterinarios me dijeron ‘ahora te compro a vos porque cuando estábamos en crisis no había nadie que me vendiera y vos sí’. Las crisis son momentos de oportunidades y ahora estamos en una crisis, no hay que dejarse llevar, no hay cruzarse de brazos, hay que salir a remar. Esta crisis es distinta a todas, pero de acá hay que sacar enseñanzas. Las crisis son nichos de oportunidades. Lo peor es entregarse, decir no voy a poder, de esta no vamos a salir. Esto hay que pelearlo», subraya «Ado», siempre optimista.
«Yo no trabajo por plata. Analizo los años por la cantidad de puestos de trabajo que generé. Cuando genero un nuevo puesto de trabajo me emociono, me da alegría. No milité nunca en política, pero creo que una de las maneras de militar por el país es generar nuevos puestos de trabajo, sobretodo si es en blanco, con salario digno. A través de los años he visto cómo la mayoría de mis empleados se han desarrollado económicamente y eso me llena de placer. Sería una frustración muy grande que trabajen 20 o 25 años al lado mío y terminen con las manos vacías. Siempre estamos generando nuevas herramientas de trabajo en nuestra empresa. Es importante la plata, pero lo primero para mí es la gente. Lo más importante de mi empresa son mis empleados. Primero mis empleados, segundo mis clientes y tercero mis proveedores. Porque mis empleados son los que atienden a mis clientes y si no están contentos es muy difícil que los atiendan de manera correcta. Quiero que estén felices y por eso son mi prioridad», añade el propietario de VIA.
El mensaje para el futuro
«Queremos seguir creciendo y consolidando un liderazgo, que consideramos que lo tenemos, dentro de la distribución de productos veterinarios. No apartarnos de la línea de la venta a veterinarios. Por el otro lado, seguir viviendo. A mi me gusta festejar y viajar, hacer grandes fiestas. El trabajo tiene que ser vida y la vida es diversión, es pasarla bien, es generar cosas positivas. Mi idea es seguir apostando al país, seguir generando puestos de trabajo y tratar cada día de ser más eficientes», resume.
Irasola, el vivo ejemplo de que se puede salir adelante y que muchas veces las peores crisis son nuestras mejores oportunidades. Sólo hay que animarse a tomarlas.