Desde la lejana Irlanda y el desconocido Dublín, llega una nueva historia del programa que recorre cada latitud del planeta en busca de los nuestros: «GPS, villeguenses por el mundo», bajo la conducción de Esteban Mutuberría.
El protagonista N° 32 es Ramiro Castillo, quien no nació en General Villegas pero vivió durante un año aquí, donde tiene a sus padres y una parte del corazón. En contacto directo con el joven de 21 años en la madrugada irlandesa, nos llena de aventuras y desafíos.
Primeros pasos
Egresado en un colegio de su ciudad de origen, General Levalle, en 2019, contó que desde pequeño le gustaba mucho el pueblo en el que nació, más allá de los años que vivió en General Villegas.
«Yo siempre tuve la idea de viajar», comentó. Una vez llegada la secundaria, se aproximó la hora de tomar decisiones importantes con respecto a su futuro. «Todos mis compañeros planificaron estudiar en ciudades grandes, pero yo no quería», agregó.
Ramiro tenía el conocimiento de la denominada «working holiday», la visa que permite viajar por un año a países que tienen convenio con Argentina. «En mi último año de secundaria, yo tenía fija la idea de emigrar», indicó.
Pandemia e incertidumbre
Debido a la pandemia de Covid-19, Ramiro tuvo que retrasar bastante tiempo su plan de partir, ya que todas las fronteras se mantuvieron cerradas.
En esta situación y bajo una incógnita cansadora el joven se sostuvo por dos años, en los que por ejemplo probó con otras técnicas, como la fotografía.
Primera experiencia en el exterior
En un principio, la idea de Ramiro era partir a Dinamarca, pero la visa no abrió. Sin embargo, el levallense descubrió un nuevo modo de emigración en Irlanda. Se llama «working study», que tiene varias diferencias en el sistema con respecto a la «working holiday».
Finalmente, se decidió en el invierno de 2022 y emigró rumbo a tierras británicas en la primera semana de agosto. «En la previa era un destino extraño y un lugar que no me imaginaba. Lo que más me gustó del país cuando llegué fue su color», dijo.

Llegada y padecimiento
Pero el asentamiento en suelo europeo no fue para nada agradable, ya que estuvo durante tres semanas con «mil cosas en la cabeza» y sin una estadía permanente, lo que lo llevó a replantearse su decisión.
«Irlanda se me hizo difícil por su situación de alojamiento, fue un mes que me cansó demasiado. No se lo deseo ni a mi peor enemigo», expresó.
Proceso de adaptación
Finalmente, todo se resolvió con el llamado desde una empresa de donas irlandesas, que se creó en 2016. «Es un lugar muy popular, también se hacen cafés. Normalmente se llena de gente», explicó. Además de ese trabajo, Ramiro estudia Inglés.
En cuanto a lo que más extraña de sus tierras, comentó: «La comida y el vino, porque son dos cosas totalmente distintas acá. Los domingos en Irlanda son muy diferentes desde lo cultural. Nosotros ya teníamos los domingos hechos para almorzar en familia, es algo que necesito mucho».
Asimismo, al ser consultado sobre la visión que los irlandeses tienen de los argentinos, explicó que el tema de los chistes y el sentido del humor es algo que nos asemeja mucho.
Por otra parte contó que, además de Irlanda, pudo conocer otras ciudades y países del «viejo continente», como Londres y Edimburgo, de Reino Unido; y Copenaghe, capital de Dinamarca. «En un futuro me gustaría explorar Italia o España», añadió.

Planes a futuro
En primer lugar, dijo que desea conocer y vivir en otras ciudades irlandesas con el objetivo de enriquecer su conocimiento de la cultura de dicho país, que no lo afectó en gran parte por la gran cantidad de latinoamericanos que cruza a diario. «Dublín es hermoso, pero también puede ser un caos», sustentó.
Su idea a futuro en el corto plazo es seguir en Irlanda, pero también tiene intenciones de vivir en Alemania o Dinamarca, una vez terminado el contrato con la visa.
«En algún momento voy a volver a Argentina, pero por ahora quiero conocer y explorar todas las ciudades que pueda. Tengo ganas de vivir y quedarme en Europa», detalló.
Pocos pueden tener la fortuna de cumplir sus sueños e ilusiones a tan temprana edad. Ramiro, de apenas 21 años, lo hizo. Y todavía le queda mucho camino por recorrer alrededor del mundo. Levallense de sangre y villeguense de corazón, con un futuro enorme bajo un sueño sustentado en pasión y esfuerzo.


