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sábado, agosto 30, 2025
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Flori Vidonna, el regreso a las raíces entre maternidad y creatividad 

A las diez de la mañana, con el sol acariciando las calles porteñas, la voz de Flori Vidonna resuena a través del teléfono, en la mañana radial de ACTUALIDAD. «Volví para que mi hijo tenga raíces argentinas», confiesa la artista villeguense, quien después de una década en México decidió anclar su vida nuevamente en Argentina. Su historia, tejida entre migración, maternidad y arte, se convierte en un testimonio íntimo de búsqueda y pertenencia.

«Ser mamá me trajo de vuelta» 

El detonante del regreso fue Milo, su hijo de un año y medio. «Cuando llega un hijo al mundo, te trae necesidad de hacer tribu otra vez. Sentí que ya era tiempo de volver», explica Flori, quien confiesa que los diez años lejos -lejos de cumpleaños, de ver crecer a sus sobrinos, de la cotidianidad familiar- pesaron como una mochila emocional. «No quería que Milo creciera solo con visitas esporádicas. Quiero que su cultura sea argentina, y eso no admitía negociación», subraya.

Aunque México fue un «destino de transición» que se extendió más de lo planeado -con una pandemia de por medio-, Vidonna nunca dejó de tirar «anclas» en su país. «Allá, hasta nuestros amigos eran argentinos. Extrañábamos esa forma única de vincularnos», admite, refiriéndose a su pareja, de origen porteño. Juntas, enfrentaron el desafío de desarmar una vida de diez años: vendieron todo, empacaron lo esencial y llegaron a un departamento vacío en Buenos Aires. «Tuvimos que comprar hasta la heladera. Fue volver a empezar», relata.

Arte y raíces: la tienda que une continentes 

Mientras reconstruye su hogar, Flori ya proyecta su próximo movimiento artístico: lanzar una tienda con productos inspirados en su libro «Liberar para Crear» (2024), un manual sobre procesos creativos presentado en la Biblioteca municipal de General Villegas. «Serán láminas, cuadernos y objetos que sirvan de bálsamo para quienes se pierden en la creación», adelanta. La idea, gestada en México pero postergada por la distancia, busca consolidarse ahora en suelo argentino.

 

Aunque no descarta el teatro -su primer amor-, hoy prioriza la ilustración. «Quiero conectar a través de productos que inspiren a otros», afirma, mientras negocia con referentes de cultura de General Villegas, su ciudad natal, para pensar en diferentes propuestas para la comunidad. «Estoy emocionada. Es como sembrar de nuevo», reflexiona.

«En Argentina, aunque duela, quiero estar» 

Su retorno contrasta con la tendencia de muchos jóvenes que emigran buscando estabilidad. «Sí, algunos me preguntan: ¿Volviste? ¿Frustración? Pero no. Este es mi lugar en el mundo», defiende. Reconoce las dificultades del país, pero elige la tribu sobre la comodidad: «Prefiero luchar aquí, con mi gente alrededor».

Aunque no planea radicarse en Villegas -su pareja es de Buenos Aires y el teatro exige urbe-, su corazón vibra en doble frecuencia: «Iré seguido. Quiero que el arte florezca allá también».

Un hogar entre láminas y pañales 

Mientras Milo juega en el piso de un departamento que lentamente se llena de muebles y colores, Flori resume su presente: «Es un ciclo de paz. Volví para crecer con las raíces en este país». Entre biberones y bocetos, su historia se dibuja como un mapa de regreso a lo esencial: familia, arte y la certeza de que, como dice el viejo dicho, «Dios atiende en todas partes, pero más en Buenos Aires».

Y mientras cuelga el teléfono tras la entrevista, una última frase queda flotando: «Ahora, a hacer tribu otra vez».