Desde hace casi dos años, un grupo de vecinos de General Villegas viene construyendo una red de trabajo voluntario con un objetivo claro: cuidar el medio ambiente y promover la conciencia ecológica en la comunidad.
Se trata de EcoComunidad, un colectivo nacido en junio de 2023, que se ha consolidado como un referente local en materia ambiental, con iniciativas que van desde el reciclaje de plásticos hasta el procesamiento de residuos orgánicos.
En diálogo con ACTUALIDAD, Maricel Coronel, una de las integrantes del grupo, explicó el origen y el espíritu del proyecto: “EcoComunidad surgió como un grupo de ciudadanos comunes con distintas actividades y profesiones, pero con una misma preocupación: cuidar el planeta. Nos organizamos en función del tiempo que cada uno puede donar, y siempre estamos generando nuevas ideas. Lo más valioso que podemos ofrecer es nuestro tiempo, que es lo más caro que tenemos”.
El caso de las ecobotellas: de la frustración a la solución
Uno de los primeros proyectos de EcoComunidad fue el de las ecobotellas, recipientes donde se depositaban plásticos de un solo uso, limpios y secos. Durante dos años, este programa creció con notable participación comunitaria: escuelas, bibliotecas, jardines, pueblos vecinos, docentes, estudiantes y vecinos en general se sumaron a la recolección y educación ambiental.
Estas botellas eran almacenadas en grandes bolsones (“big bags”, como los que se usan en los corralones), llegando a reunir 30 bolsones llenos, resultado de cientos de horas de voluntariado y concientización. El destino de estos residuos era la Fundación Botellas de Amor, en Avellaneda, con quien EcoComunidad había firmado un convenio.
Sin embargo, con el tiempo, las comunicaciones con la Fundación no tenían eco y, finalmente, se confirmó que la organización había cerrado sus puertas. Según pudo averiguar el grupo, muchas máquinas de reciclado se dañaron debido a que las botellas contenían elementos inapropiados como clavos o tornillos, lo que afectó gravemente el proceso y provocó la quiebra de la planta.
“Fue un golpe muy duro. Habíamos trabajado muchísimo para instalar este hábito, y de repente nos quedamos sin destino para esos plásticos. Pero decidimos no rendirnos”, relató Maricel.
Tras meses de búsqueda, finalmente lograron establecer contacto con un centro de reciclado en Santa Rosa, La Pampa, que aceptará las ecobotellas. El traslado será posible gracias a la colaboración de un transportista solidario que ofreció un costo accesible. A la par, EcoComunidad mantiene un canal de diálogo abierto con la Municipalidad de General Villegas, que también se comprometió a trabajar en una solución definitiva para los plásticos de un solo uso.
Mientras tanto, se recomienda a la comunidad separar estos plásticos en una bolsa aparte, rotulada, para que los recolectores municipales puedan diferenciarlos y darles el tratamiento adecuado.
Una nueva herramienta: la máquina picadora de plásticos
Además del proyecto de ecobotellas, EcoComunidad adquirió recientemente una máquina picadora de plástico, instalada en el relleno sanitario, que funciona gracias a un convenio con el municipio (donde hay acceso a electricidad trifásica). Esta máquina permite triturar plásticos tipo 2, 5 y 6, como:
- Tapitas plásticas (por ejemplo, de gaseosas o agua)
- Envases de higiene personal (shampoo, acondicionador)
- Envases de limpieza (lavandina, detergente, etc.)
El plástico triturado es recolectado y vendido a Deba, una empresa de la ciudad de América que fabrica productos con madera plástica reciclada: bancos para plazas, macetas, estructuras para espacios públicos y más.
“Gracias a esta venta, recaudamos fondos para cubrir los gastos operativos del grupo. La máquina fue donada por uno de nuestros integrantes. Es una inversión muy costosa, pero fundamental para seguir trabajando”, explicó Maricel.
Incluso ya hay varias instituciones educativas comprometidas con esta nueva etapa del reciclaje, como la Escuela Nº 17, el Jardín 906 y la Escuela Secundaria Nº 11, que comenzaron a juntar plástico específico para que sea procesado.

Otra apuesta: la chipeadora de ramas
EcoComunidad también cuenta con una chipeadora de ramas, otra herramienta valiosa para la gestión de residuos verdes. Esta máquina permite procesar restos de poda para obtener chip o astilla vegetal, útil como abono para viveros, parques y espacios públicos.
El servicio de chipeo lo realizan miembros del grupo los fines de semana, en su tiempo libre. Y quienes deseen solicitarlo pueden hacerlo a través del Instagram oficial: @ecocomunidadvillegas.
Educación ambiental y participación ciudadana
Una de las claves del trabajo de EcoComunidad es la educación ambiental. A través de charlas en escuelas, campañas en redes sociales y participación en eventos locales, el grupo busca promover la conciencia ambiental en todos los sectores de la comunidad.
Sin embargo, no todo ha sido fácil. La gestión de los puntos verdes, por ejemplo, fue uno de los debates internos más complejos.
“En los puntos de ecobotellas encontramos residuos que no correspondían: cartón, vidrio, madera. Esto genera confusión, desmotiva y dificulta el proceso. Por eso decidimos retirar algunos de esos puntos y reorganizar la recolección”, explicó Coronel.
Actualmente, los vecinos pueden acercar sus residuos plásticos a espacios como la Plaza del Rotary o el punto en San Martín y Clark, donde se colocaron botellones o estructuras específicas para la recolección diferenciada.
Un llamado abierto a la comunidad
EcoComunidad trabaja 100% ad honorem, y siempre está en búsqueda de nuevas personas que quieran sumarse a colaborar.
“No importa la edad, ni si conocés mucho sobre reciclaje. Si tenés ganas, compromiso y un poco de tiempo, podés ayudar: llevando folletos, ayudando con la logística, participando en las reuniones. Es un grupo abierto, diverso, y todo lo hacemos por una causa más grande: nuestra casa común, el planeta”, cerró Maricel.
Contacto y redes
Para más información o para sumarse a las actividades del grupo, se puede visitar el Instagram oficial @ecocomunidadvillegas, o escribir al teléfono disponible en dicha cuenta.
EcoComunidad demuestra que con voluntad, organización y empatía, es posible generar cambios concretos desde lo local.