Una publicación reciente de Diario Actualidad, dedicada a la figura de Ricardo Ángel “El Tata” Almirón, generó una profunda emoción en su familia. En especial en una de sus hijas, María Natalia Almirón, quien se comunicó con nuestra redacción para expresar su agradecimiento y compartir un poema que escribió en memoria de su padre.
“Por estas líneas, hago llegar mis más fraternal agradecimiento por la bellísima nota, en el contexto de recordar y homenajear a mi padre”, expresó María Natalia, quien contó que es oriunda de América y que es una de las tantas hijas del Tata. “En esta oportunidad les voy a compartir un verso que le realicé a mi padre, en el contexto también de esa nota. Por si les interesa publicarla, junto a mi agradecimiento”, agregó.
El mensaje llegó acompañado de un texto profundamente sentido, que retrata no solo la figura del artista, sino también su huella en General Villegas, el pueblo que lo adoptó como propio y al que él convirtió en canción.
Junto al poema, María Natalia compartió una imagen muy especial: la última foto tomada junto a su padre, en un festival realizado en el Prado Español de General Villegas. Una imagen que hoy adquiere un valor simbólico inmenso y que condensa el espíritu popular, sencillo y entrañable del Tata.
El poema de su hija
A continuación, reproducimos de manera íntegra el poema escrito por María Natalia Almirón:
En Villegas quedó su huella
como surco fiel en la tierra,
no precisó más escenario
que una guitarra sincera.
El Tata anduvo caminos
con la palabra despierta,
improvisando la vida
como verdad que se entrega.
De gurí supo temprano
que el trabajo también enseña,
y entre boliches y andares
fue templando voz y fuerza.
La calle fue su escuela,
el pueblo, su gran querencia,
y en cada verso nacido
dejaba risa y conciencia.
Cantó lo simple y lo hondo,
lo picaresco y lo nuestro,
historias de campo adentro,
de mates, sudor y encuentros.
Nunca buscó los aplausos,
pero el cariño fue cierto,
porque quien canta con alma
no muere: queda en el tiempo.
Padre, compañero y amigo,
hizo de la vida un canto,
y hasta el final del camino
siguió sembrando su paso.
Hoy su canto se hace camino
cuando la guitarra espera,
no es memoria lo que vuelve,
es presencia verdadera.
Porque el Tata no se ha ido,
se volvió copla y silencio,
memoria viva del pueblo
que se honra con respeto.
Porque en cada verso suyo
hay un rumbo que se enciende,
un aliento para el alma
cuando el paso se detiene.
El Tata no es despedida,
es canción que nos congrega:
mientras su voz siga viva,
el pueblo nunca se quiebra.
Que lo sepa General Villegas:
el Tata quedó en su suelo,
como quedan las raíces
que sostienen a su pueblo.
Letra: María Natalia Almirón
Un legado que sigue creciendo
El testimonio de su hija confirma algo que ya era evidente: el Tata Almirón no fue solamente un improvisador brillante, un cantor popular o un personaje entrañable. Fue, y sigue siendo, parte viva de la identidad cultural de General Villegas.
Su historia, contada por Goyo, el Memorioso, despertó recuerdos, emociones y nuevas voces que se suman a su legado. Esta vez, desde el corazón de su propia familia, con palabras que no buscan el aplauso, sino la permanencia. Porque como bien lo dice su hija: el Tata no es despedida. Es canción.

