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domingo, enero 25, 2026
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El Wabol dio su primer paso en la región con un emotivo encuentro en Emilio V. Bunge

El Wabol, también conocido como fútbol caminando, vivió su primera experiencia concreta en la región con un encuentro disputado en Emilio V. Bunge, que dejó sensaciones muy positivas tanto desde lo deportivo como, especialmente, desde lo humano. La propuesta reunió a jugadores de distintas edades y confirmó el potencial de una disciplina pensada para compartir, cuidar la salud y volver a disfrutar del juego.

La jornada marcó el inicio práctico de esta modalidad adaptada, impulsada por Norberto “Like” Zurita, quien viene promoviendo el Wabol desde su experiencia en Chacabuco. Más allá del desarrollo del partido, el encuentro permitió observar de cerca el impacto que genera este tipo de iniciativas cuando el deporte se convierte en una excusa para el encuentro y la emoción.

Una experiencia que fue de menos a más

Zurita hizo un balance inmediato de lo vivido en Bunge y puso el foco en el proceso de adaptación de los jugadores. “Tuvimos la primera experiencia en Bunge. Arrancamos a tres toques para que se vayan soltando, después le fueron agarrando la mano y no querían dejar”, señaló, describiendo cómo, con el correr de los minutos, el grupo se fue afirmando en la dinámica del juego.

El Wabol se juega caminando, sin correr y sin contacto físico, con reglas claras que priorizan el cuidado del cuerpo. Esa adaptación inicial suele ser el primer desafío para quienes llegan desde el fútbol tradicional, pero en Bunge la respuesta fue rápida y entusiasta.

El valor humano por encima del resultado

Más allá de lo estrictamente deportivo, Zurita remarcó que lo más fuerte de la jornada pasó por las emociones que se vivieron dentro de la cancha. “¿Qué me deja a mí, más allá de jugarlo? Ver a Emilio Tirone con 76 años, que hace años luz que no juega más al fútbol. Ver la cara de felicidad de esa persona fue impresionante, lo feliz que estaba, cómo se divirtió”, relató.

Ese tipo de escenas reflejan con claridad el espíritu del Wabol, una disciplina que busca incluir, integrar y generar bienestar. El fútbol caminando permite que personas que ya no pueden practicar deportes de mayor exigencia física vuelvan a sentirse parte del juego, sin riesgos y en un entorno cuidado.

Generaciones compartiendo la cancha

Otro de los momentos destacados del encuentro fue la posibilidad de ver distintas generaciones jugando juntas. “Ver a Betín Ávila y al hijo jugar juntos”, mencionó Zurita como uno de los ejemplos más claros del potencial social de esta propuesta.

“El Wabol lo podés hacer como un picado respetando las reglas. Puede jugar un abuelo, un padre, un hijo y divertirse juntos”, explicó, subrayando una de las principales virtudes de esta modalidad: la capacidad de unir edades, historias y experiencias en un mismo espacio.

Un deporte que deja huella

Para Zurita, lo vivido en Emilio V. Bunge dejó mucho más que un partido. “Deja mucho afecto y cosas personales importantísimas. Es lo que yo fui viendo, además del juego”, resumió, poniendo en palabras el clima que se generó durante la jornada.

El primer encuentro de Wabol en Bunge funcionó como una prueba piloto, pero también como una señal clara de que la disciplina tiene terreno fértil para crecer en la región. La respuesta de los participantes y las emociones compartidas marcan un punto de partida alentador para una propuesta que combina actividad física, inclusión y disfrute, con el fútbol como lenguaje común.