La localidad de Bunge vivió un fin de semana a puro carnaval, con dos noches multitudinarias que superaron las expectativas pese a la amenaza constante del mal tiempo. La fiesta popular, organizada por el Fútbol Club Bunge, se desarrolló con gran convocatoria y un balance altamente positivo por parte de la comisión organizadora.
El sábado, los pronósticos de lluvia pusieron en duda la realización del evento, pero finalmente la decisión fue avanzar. Y el resultado acompañó. La lluvia recién llegó en la madrugada del domingo, cuando el carnaval ya había concluido. “Mejor no te puede salir, sinceramente. Fue espectacular”, resumió el presidente del club, Pablo Rosso, al hacer el balance de las dos jornadas.
Rosso reconoció que la decisión no fue sencilla. “El sábado al mediodía estábamos viendo qué hacíamos, con pronósticos que daban y otros que no. Nos jugamos basándonos en los que no daban lluvia y se dio así. A las seis y media, siete de la mañana, se cortó la música porque ya tronaba arriba nuestro, pero la noche estaba hecha”, relató.
Una fiesta que desbordó el pueblo
La respuesta del público fue masiva. Las calles se vieron colmadas y la asistencia sorprendió incluso a los organizadores. “Se llenó de una manera fantástica. La esquina y varias cuadras para el este y el oeste estaban prácticamente completas. Muy agradecidos y sorprendidos gratamente”, señaló el presidente del Fútbol Club.
Lejos de desalentar, el pronóstico incierto no frenó a vecinos ni a visitantes de localidades vecinas, que llegaron a Bunge para disfrutar de los espectáculos, las comparsas y el clima festivo que caracterizó a ambas noches.
El cierre volvió a estar a cargo de Vanda Kopa2 junto a Lorena Arozarena, una presencia ya tradicional en el carnaval bungense. Además, hubo agrupaciones locales, propuestas llegadas desde Lincoln, DJ y un cierre bailable que mantuvo al público hasta las últimas horas. “Fue completo, no quedó nada afuera. Todo salió muy lindo”, afirmó Rosso.
Apoyo institucional y trabajo comunitario
Durante la última noche, el intendente Gilberto Alegre recorrió el predio y acompañó el desarrollo del evento. En ese sentido, Rosso destacó el respaldo recibido: “Quiero agradecer el apoyo de la Municipalidad, que nos brindó un escenario enorme, y también a la Cooperativa Eléctrica. Son instituciones que nos dan una mano muy grande”.
Más allá de los aportes institucionales, el dirigente remarcó el trabajo colectivo que hizo posible el carnaval. “Somos siempre los mismos, pero cada vez viene más gente. Ayer recién tomaba conciencia de todo lo que se mueve: hijos nuestros, empleados, vecinos, promociones que se juntaron solo para colaborar. Fue extraordinario”, expresó.
También valoró la paciencia de los vecinos durante los días previos. “La gente se bancó diez días un escenario en la calle, teniendo que dar vueltas, con negocios cerca, todos con una gran predisposición al carnaval. Muy agradecido”, sostuvo.
Detalles a mejorar y mirada a futuro
El crecimiento de la convocatoria obliga a pensar en ajustes para futuras ediciones. Rosso lo reconoció sin vueltas: “La multitud nos hace pensar en otras cosas para seguir brindando un buen servicio. Este fin de semana corregimos algunas cuestiones, como la espera en las cantinas. Hubo chicos y chicas que estuvieron doce horas fritando papas, desde la tarde hasta la mañana siguiente”.
El objetivo del carnaval, además de sostener una tradición cultural, es generar recursos para la institución. “Esta fiesta popular le permite al club contar con fondos para seguir trabajando durante el año”, explicó.
En ese marco, Rosso dejó una definición que sintetiza el espíritu del evento: “Siempre digo que es la fiesta de las tres camisetas: la del pueblo, la del club y la del carnaval. Todos con la misma camiseta. Así es la única manera de que las cosas salgan bien”.
Con el cierre del carnaval, Fútbol Club Bunge ya dio vuelta la página. “Ahora hay que cambiar el chip y arrancar con lo deportivo. Hoy mismo comenzamos la pretemporada con el nuevo cuerpo técnico. El show debe continuar”, concluyó Rosso, todavía con el cansancio a cuestas, pero con la satisfacción de una fiesta que volvió a unir a toda la comunidad.

