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jueves, enero 29, 2026
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Eduardo Iaconis, de General Villegas a Ibiza: una vida que se reinventa sin perder la esencia

Hay personas que no siguen un plan rígido ni una hoja de ruta trazada de antemano. Avanzan cuando sienten que es el momento, aun sabiendo que el camino puede ser incierto. Eduardo Iaconis pertenece a ese grupo. Nacido en General Villegas, su historia es la de alguien que se animó a irse, a empezar de nuevo más de una vez y a construir una vida lejos de su lugar de origen, sin desprenderse nunca de lo que lo define.

De paso por Villegas, en el marco de unas vacaciones que lo trajeron nuevamente al país después de varios años, Eduardo fue protagonista de una extensa charla en el ciclo “GPS, Villeguenses por el Mundo”. Allí repasó su recorrido personal, profesional y humano: un camino que lo llevó primero a La Plata y, más tarde, a Ibiza, donde hoy vive junto a su esposo y desarrolla una intensa actividad laboral, sin perder el vínculo con su ciudad natal.

Una inquietud que empujó a irse

“Yo nunca planifiqué demasiado nada. Siempre dejé que el viento me lleve”, explicó al describir una forma de vivir que lo acompañó desde joven. Esa inquietud fue la que lo empujó a dejar General Villegas y probar suerte en La Plata, una ciudad que, según su propia mirada, “es grande, pero se vive como un pueblo”.

En la capital bonaerense pasó más de una década y encontró, casi por azar, su vocación. Tras abandonar un trabajo que no lo representaba, aceptó la propuesta de una amiga y viajó a Rufino para estudiar peluquería. “Me acuerdo que me compré una valija, un juego de toallas y me fui. Dije: si no me gusta, me vuelvo. Y ahí encontré lo mío”, recordó.

La peluquería como oficio y como herramienta solidaria

En La Plata abrió su propio local y trabajó durante años de manera independiente. Pero esa etapa estuvo marcada por una experiencia que lo atravesó profundamente y que terminaría definiendo otro aspecto central de su vida: la solidaridad.

La enfermedad oncológica de una amiga cercana fue el punto de partida. “Ella tenía que hacer quimioterapia y yo sentí que tenía que hacer algo para ayudarla. Así empezó todo”, contó. A partir de allí se vinculó con el Banco Provincial de Pelucas Oncológicas, comenzó a cortar cabello para pacientes y a organizar campañas solidarias.

“Hasta que no lo vivís de cerca, no entendés lo que pasa al otro. Aprendés a acompañar, a respetar silencios, a entender cambios de humor. A veces no hace falta hablar, solo estar”, reflexionó. Aquella experiencia, que definió como una de las más gratificantes de su vida, dejó enseñanzas que todavía hoy forman parte de su identidad.

Ibiza, un viaje que cambió el rumbo

El giro decisivo llegó en 2016, durante un viaje que había pensado como unas vacaciones. Ibiza apareció primero como destino turístico, pero terminó convirtiéndose en un punto de inflexión. Allí conoció a quien hoy es su esposo, en un encuentro tan inesperado como determinante. “Fue una mirada y sentí que era ahí. Como un déjà vu”, relató.

Lo que siguió fue una relación a distancia que se sostuvo durante más de dos años. “Nunca tuvimos dudas. Siempre hubo confianza y libertad. Cuando querés a alguien, querés que esté bien”, afirmó. En 2019 tomó la decisión que cambiaría su vida: vender todo, cerrar su etapa en la Argentina y mudarse definitivamente a España.

“Llegué y le dije a mi mamá: me voy a vivir a España y me caso. Se quedó mirándome y me preguntó con quién”, recordó entre risas. Detrás de la anécdota hubo una convicción firme. “Nunca tuve miedo. Nunca pensé en un plan B. Cuando decido algo, voy para adelante”.

Empezar de cero, otra vez

Los primeros años en España no fueron sencillos. Trabajó en hostelería, atravesó problemas de salud y debió adaptarse a un nuevo idioma, a otras reglas y a una cultura distinta. La pandemia sumó un desafío inesperado. “Estar en una isla en pandemia no fue fácil, pero a nosotros nos unió más. Nos conocimos todavía más”, señaló.

Lejos de quedarse quieto, volvió a capacitarse. Estudió sommelier, aprendió catalán e inglés y hoy se desempeña como jefe de barra y sommelier en uno de los restaurantes más reconocidos de Ibiza. “Aprender no ocupa espacio, abre puertas”, sostuvo, al explicar por qué nunca dejó de formarse.

La solidaridad, un hilo que no se corta

En 2024, tras el fuerte temporal que afectó gravemente a Valencia, volvió a involucrarse de lleno en una acción solidaria. “No pensábamos que iba a ser tan grande. Terminamos juntando entre 300 y 400 pallets de comida, ropa y colchones”, relató sobre la campaña que logró enviar toneladas de ayuda.

Esa tarea también recibió un reconocimiento, aunque Eduardo lo relativiza. “Yo no hago nada por los premios. Con una sonrisa o un gracias ya recibo más de lo que doy”, afirmó.

Volver sin sentirse visitante

Cada vez que regresa a General Villegas, Eduardo no se siente un extraño. “Yo acá juego de local”, dijo sin dudar. Reconoce cambios, crecimiento y nuevas realidades, pero percibe que la esencia sigue intacta. “Me siento tranquilo, seguro. Eso no cambia”.

No idealiza la emigración ni la presenta como un camino sin dificultades. “Uno sabe que pierde cosas, que la familia queda lejos. Eso nunca se termina de acostumbrar”, admitió. Sin embargo, destacó la estabilidad y la posibilidad de proyectar. “Allá no estás pensando todo el tiempo si llegás o no a fin de mes. Eso te da tranquilidad”.

No se imagina regresando a vivir a la Argentina, aunque sí volviendo cada vez que puede. Y para quienes dudan en dar un paso similar, deja un mensaje claro: “La vida es una sola. Animarse. Si te va mal, aprendés. Pero no te quedás con la duda de qué hubiera pasado”.

Eduardo Iaconis se fue de General Villegas, se reinventó en La Plata y construyó una nueva vida en Ibiza. Cambió de país, de rutinas y de escenarios, pero mantuvo intacta su esencia. Una historia de decisiones valientes, trabajo constante y compromiso con los demás, que confirma que se puede empezar de nuevo sin dejar de ser quien uno es.