En el marco del Día Internacional de la Lectura en Voz Alta, que se conmemora cada primer miércoles de febrero, Actualidad dialogó con Miriam Santiago. La efeméride, impulsada a nivel mundial para promover el hábito de leer y escuchar, pone el foco en una práctica ancestral que fortalece vínculos, estimula la alfabetización y genera impacto emocional desde edades tempranas.
La fecha fue instaurada con el objetivo de visibilizar el valor social y humano de la lectura compartida, entendida no solo como una herramienta pedagógica sino como un acto de encuentro. Leer en voz alta implica detenerse, prestar atención al otro, generar lazos y construir sentidos colectivos en un contexto atravesado por la inmediatez y las pantallas.
En ese marco, una de las referentes locales en el tema es Miriam Santiago, docente jubilada, bibliotecaria y narradora, con una extensa trayectoria vinculada a la promoción de la lectura en General Villegas. Integrante del grupo Cuentacuentero y ex participante del proyecto Abuelas Leecuentos, Miriam compartió su mirada sobre la importancia de esta práctica y su vigencia en la actualidad.
“La lectura es bárbara en todos los sentidos, pero la lectura en voz alta es genial porque uno comparte con el otro”, expresó. Y agregó una definición que atravesó toda la charla: “Al leerle a otro es como una caricia. Es decirle ‘estoy acá, me importás’”.
Una práctica que crea vínculos
Miriam remarcó que la lectura en voz alta no debe limitarse únicamente a la infancia, aunque reconoció su enorme impacto en los primeros años. “Cuando se le lee a un niño, él te mira: observa los gestos, la boca, cómo tomás el libro. Es un momento de atención plena que no se compara con nada”, señaló.
En ese sentido, sostuvo que leer en voz alta forma parte del proceso de aprender a leer y no es solo una instancia previa. “Contribuye al desarrollo del lenguaje, al vocabulario, a la comprensión. Si en una casa hay libros y los adultos leen, los chicos lo ven y naturalmente siguen ese camino”, afirmó.
Consultada sobre el lugar de las pantallas en la vida cotidiana, fue clara al plantear un equilibrio. “No se trata de sacarles las pantallas de golpe, porque ellos nacieron en este momento. Pero sí decir ‘ahora dejamos un poco esto y compartimos un libro’. El ejemplo es fundamental”, explicó.
El valor del libro como objeto cultural
Desde su experiencia en bibliotecas escolares y aulas, recordó situaciones que reflejan el impacto concreto de la lectura compartida. “Me acuerdo de una novela, El espejo africano, que yo leía por capítulos. Un chico le pedía a la mamá que le comprara el libro porque quería terminarlo. Y después los padres te preguntan qué cuento era, en qué libro estaba, para seguir leyendo en casa. Eso te llena de orgullo”, contó.
También subrayó la importancia de la biblioteca pública como espacio de acceso democrático a la lectura. “Tenemos una biblioteca con una cantidad enorme de libros y bibliografía. Hay que ir, elegir, animarse a compartir con niños y adultos. Incluso un niño leyéndole a un abuelo genera algo que no se compara con nada”, sostuvo.

Abuelas Leecuentos y la narración oral
Miriam fue parte del proyecto Abuelas Leecuentos, una iniciativa que funcionó en General Villegas y recorrió escuelas, bibliotecas e instituciones, promoviendo la lectura en voz alta desde la narración. El grupo se reunía semanalmente, organizaba visitas a establecimientos educativos y compartía cuentos seleccionados previamente.
“Era todo lectura en voz alta, compartir, vincularse. Íbamos a distintas escuelas, a distintos grados. Fue una experiencia hermosísima”, recordó. El proyecto estaba inspirado en una propuesta nacional impulsada por el escritor Mempo Giardinelli, y con el tiempo se discontinuó por cambios de gestión. No obstante, Miriam señaló que existe la posibilidad de que la iniciativa resurja nuevamente.
En paralelo, destacó el crecimiento de clubes de lectura, tanto presenciales como virtuales. “La gente busca crear vínculos. El celular es individual, el libro une. Por eso los clubes de lectura están creciendo tanto”, afirmó.
Lectura, adolescencia y clásicos
Lejos de la idea de que la lectura no interesa a los jóvenes, MiriamSantiago aseguró que la experiencia demuestra lo contrario. “Cuando vamos a contar cuentos, los adolescentes se enganchan como chicos de primaria. Les encanta escuchar”, señaló.
Consultada sobre lecturas indispensables, sostuvo que no hay textos prohibidos por edad. “No hay literatura infantil y literatura para adultos, hay literatura. Los clásicos siempre tienen algo: Caperucita Roja, Pinocho, Cenicienta. Hay chicos que no los conocen y eso sorprende. El Principito, si bien es un niño, lo entiende más un adolescente o un adulto, aunque cada edad lee algo distinto del mismo texto”, reflexionó.
El rol del docente y la transmisión
Finalmente, destacó el papel del docente como mediador y ejemplo. “El docente sigue siendo un referente. Puede llegar con un libro, contar por qué le gustó un autor, compartir un fragmento. Desde la curiosidad, los chicos van a buscar más”, expresó.
Para Miriam, la lectura en voz alta es disfrute, encuentro y transmisión cultural. “Antes de leer, se contaba. Se contaba lo que pasaba durante el día, lo que se imaginaba. Contar viene de tiempos inmemoriales”, recordó.
En una jornada dedicada a leer y escuchar, la reflexión vuelve a ser clara: en un mundo cada vez más acelerado, la lectura en voz alta sigue siendo una forma simple y profunda de volver a encontrarse.

