11.4 C
General Villegas
martes, febrero 24, 2026
InicioSociedadConnie Nolte: Volver a Villegas para confirmar que el lazo sigue intacto

Connie Nolte: Volver a Villegas para confirmar que el lazo sigue intacto

Hay viajes que se anuncian como intercambios culturales y terminan siendo algo mucho más profundo. No dejan solo recuerdos, sino vínculos que se sostienen con el paso del tiempo. Eso fue General Villegas para Connie Nolte, una joven alemana que llegó en 2010 con 16 años, poco español y muchas preguntas, y que quince años después regresó para confirmar que aquel pueblo seguía ocupando un lugar propio en su historia.

“Llegué hablando muy poco español y todo era nuevo para mí”, recordó durante su paso por el programa GPS Villeguenses por el Mundo. “No sabía bien qué esperar, porque en esa época no había tanta información como ahora”. Esa falta de certezas convirtió la experiencia en un descubrimiento constante.

Una llegada que cambió el rumbo

Connie vivía en Göttingen, una ciudad alemana de unos 100 mil habitantes. El contraste con Villegas fue inmediato. “Tenía la sensación de que todo el mundo se conocía”, contó. “Aunque no es un pueblo tan chico, se siente así”. A eso se sumó el idioma. “El acento argentino era muy distinto a lo que yo había aprendido en el colegio. Al principio me costaba entender”.

Su llegada a la casa de Julia Furno marcó el inicio de una integración que se dio casi sin transición. “Desde el primer momento me hicieron sentir parte”, dijo. En el Colegio Nacional, el recibimiento fue similar. “El primer día todos querían hablarme. Yo no podía responder mucho, pero enseguida se organizaron para ayudarme”.

Ese mismo fin de semana hubo un asado de bienvenida. “Eso me sorprendió mucho. Esa forma de abrirte la casa, de invitarte”, señaló.

Aprender el idioma viviendo

El español no se aprendió solo en el aula. Se incorporó en la vida cotidiana. “Yo iba al colegio a la tarde, así que por la mañana estaba en casa”, relató. “Cuando Julia se ponía a cocinar, yo la acompañaba. Me gustaba estar ahí, observar, aprender”.

Las empanadas se volvieron un símbolo de ese aprendizaje. “No sé por qué, pero me fascinan”, dijo entre risas. “De carne, de pollo, de verduras… todas”. Y también quedaron anécdotas. “Siempre me mandaban a pedir la pizza para que practique. Y yo pronunciaba orégano mal, decía oregano. Se reían, pero con cariño”.

Integrarse sin dejar de ser extranjera

Con el paso de los meses, Connie participó de actividades comunitarias y culturales. Se vistió de paisana para una fiesta de la tradición y tocó tango con su flauta traversa en una actividad de Rotary. “Mi profesora me dijo antes de venir que tenía que tocar un tango, así que lo preparé”, contó.

También vivió en la casa de Marta Fogelman, a quien recordó con afecto. “Nunca me sentí una visita. Siempre fui parte de la familia”, afirmó. Esa integración no eliminó las diferencias culturales. “Los horarios eran muy distintos. Se comía tarde, se salía tardísimo”, recordó. “Eso fue lo que más me costaba”.

Sobre la vida social, fue clara: “Siempre se juntaban en grupos grandes, con mate, con comida. Eso es muy lindo”. Incluso el boliche formó parte de la experiencia. “Lo que no podía creer era lo tarde que salían. Recién a las cuatro de la mañana”.

La despedida y el regreso

Después de diez meses, volver a Alemania no fue fácil. “Me costó irme”, admitió. “Ya estaba acostumbrada y había cambiado mucho”. Ese cambio se notó también al regresar. “No volví siendo la misma, para nada”.

En 2016 regresó por primera vez a la Argentina. “Fue raro y lindo a la vez. Sentís que volvés a ser la Connie de 16 años”, dijo. Notó algunos cambios en la ciudad. “Me causó gracia ver semáforos, porque antes no había”, contó. Pero en lo esencial, Villegas seguía siendo el mismo.

Quince años después de la primera llegada, un nuevo viaje reforzó esa sensación. “Cuando camino por la plaza o paso por el colegio, se mezclan muchos recuerdos”, explicó. “Es una sensación rara y linda”.

Un vínculo que se comparte

En esta oportunidad, Connie llegó acompañada por su pareja, Álvaro. Él también percibió la fuerza de ese lazo. “Te das cuenta de lo importante que es Villegas para ella”, expresó. “Después de quince años, sigue teniendo un contacto muy cercano con la gente. Eso no pasa si algo profundo no quedó”.

Sobre la experiencia, añadió: “Todo el mundo nos abrió la puerta. Nos integraron desde el primer día”. Y destacó un rasgo particular: “Mantener vínculos durante tanto tiempo es un don. Dice mucho de ella y de este lugar”.

Una huella que marcó decisiones

Tras su paso por Villegas, Connie volvió a América Latina como voluntaria de la Cruz Roja en Perú. Luego estudió enfermería y más tarde medicina. Hoy es médica en Alemania. “Seguramente Argentina influyó en mi forma de ver las cosas”, reconoció. “Me abrió la mente y me despertó ganas de seguir conociendo otras realidades”.

El idioma también fue clave. “El español me ayudó mucho en la vida”, afirmó. “Me abrió puertas, pero sobre todo personas”.

Un lugar que forma parte de su identidad

Cuando se le preguntó dónde está su casa, respondió sin dudar: “En Alemania”. Pero enseguida agregó: “Argentina es una parte de mí”. Y dentro de esa afirmación, Villegas ocupa un lugar central.

“La gente es especialmente amable”, resumió. “Te invitan, te hacen sentir parte, y eso no se olvida”. Por eso, aseguró: “Siento que siempre voy a volver”.

Villegas no fue su lugar de origen ni su destino definitivo. Fue algo distinto. Un punto de encuentro que, con el tiempo, se transformó en una parte inseparable de su identidad.