Uno de los fundadores de Villegas Rugby Club vivió un momento inolvidable en Francia, donde compartió una charla con el actual entrenador de Italia. Una historia atravesada por valores, resiliencia y la esencia más pura del deporte.
El rugby tiene encuentros que trascienden resultados, camisetas o niveles competitivos. Eso fue exactamente lo que vivió Ariel Cialella, referente y fundador de Villegas Rugby Club, durante su reciente viaje a Francia, donde protagonizó una experiencia tan inesperada como significativa junto a Gonzalo Quesada, actual entrenador de la selección italiana.
Cialella se encontraba en territorio francés visitando a su hija cuando el calendario le regaló una coincidencia especial: en esos días se disputaba el tradicional Seis Naciones, competencia en la que Francia enfrentaba a Italia, seleccionado conducido por el entrenador argentino.
Un contacto que nació desde el rugby
El encuentro fue posible gracias a Juana Quesada, hermana del head coach italiano, quien ofició de nexo y organizó la reunión. Antes de concretarla, Gonzalo Quesada pidió conocer la historia de Cialella.
La reseña sobre su vida —marcada por la creación del Villegas Rugby Club y su lucha cotidiana tras ser diagnosticado con Parkinson de aparición temprana— generó un fuerte impacto en el entrenador argentino, que quedó profundamente movilizado por su historia de resiliencia dentro y fuera de la cancha.
Finalmente, ambos se encontraron en el hotel donde se alojaba la delegación italiana. Allí compartieron una charla distendida en la que el rugby fue el idioma común, pero también el puente entre dos recorridos muy distintos unidos por los mismos valores.
Dos caminos, una misma esencia
El recorrido de Gonzalo Quesada representa uno de los máximos exponentes del rugby argentino a nivel internacional. Apertura de Los Pumas, fue el goleador del Mundial de 1999 y posteriormente construyó una destacada carrera como entrenador, con pasos exitosos por el rugby francés, la histórica campaña de Jaguares en el Super Rugby 2019 y su actual desafío al frente del seleccionado italiano.
Del otro lado, Ariel Cialella simboliza el rugby desde su raíz más formativa. Llegado a General Villegas en 2007, impulsó la creación del Villegas Rugby Club, institución que creció sostenida por el trabajo amateur, el compromiso social y la formación de jóvenes bajo los valores del deporte.
Años después, su vida dio un giro con el diagnóstico de Parkinson, una adversidad que lejos de alejarlo del rugby reforzó su vínculo con el espíritu de superación que pregona la disciplina. Cirugías, tratamientos y desafíos personales nunca lo apartaron del club ni de su rol como referente humano dentro de la comunidad rugbística.
Ese contraste —elite internacional y rugby amateur— fue justamente lo que volvió especial el encuentro: dos trayectorias diferentes atravesadas por la misma pasión.
Un reencuentro con sabor internacional
Su paso por Francia dejó además otro momento cargado de recuerdos. Durante la visita, Cialella también se reencontró con Julien Pierre, ex segunda línea del seleccionado francés y subcampeón del mundo en 2011.
Pierre había visitado años atrás la Argentina para grabar un documental sobre el rugby amateur y, en ese recorrido, tuvo un paso por el Villegas Rugby Club. Allí compartió entrenamientos y disfrutó de un tradicional tercer tiempo junto a los jugadores villeguenses, una experiencia que dejó una huella mutua y que volvió a conectarlos en suelo europeo.

El rugby como punto de encuentro
Más allá de la magnitud de los nombres o los escenarios, el encuentro entre Ariel Cialella y Gonzalo Quesada reflejó una de las esencias más profundas del rugby: la capacidad de unir historias, culturas y realidades distintas a través de valores compartidos.
Desde un club del interior bonaerense hasta el máximo nivel del rugby internacional, la charla confirmó que el verdadero impacto del deporte no siempre se mide en títulos, sino en las personas que transforma en el camino.
Y en ese terreno, el recorrido de Cialella —reconocido y admirado incluso por figuras de la elite mundial— volvió a demostrar que algunas batallas, como en el rugby, se ganan simplemente sin dejar de levantarse.

