La Fragua inicia una nueva etapa en General Villegas. Después de más de dos décadas formando parte del Taller Escuela de Niños Pintores, María Rosa Torres asumió el desafío de coordinar el espacio cultural que marcó a generaciones de chicos.
Con 21 años de trabajo dentro de la institución —y algunos más junto a Maruca Carrozzi en sus comienzos—, la docente tomó la responsabilidad con emoción y sentido de pertenencia. “Particularmente me siento en un compromiso con Maruca, con Rita (Echave), con ‘Tito’ (carrozzi), porque yo me inicié con ellos en su casa y hoy hace 21 años que estoy en La Fragua. Yo me formé con Maruca, entonces es ese compromiso de que La Fragua siga creciendo y no pierda su esencia”, expresó.
La propuesta llegó en un momento de cambios. Según relató, cuando recibió el ofrecimiento dudó. “Siempre estuve acompañando, a Maruca, a Gabriela Saadi que era la coordinadora hasta no hace mucho. Entonces el planteo era: ¿acepto o no acepto? Ese miedo a no poder…”, contó. Finalmente, el recuerdo de quienes fundaron el espacio terminó de definirla: “Y dije: ¿por qué no? No les puedo fallar”.
Una historia ligada al arte y la educación
Torres es docente de nivel inicial y primario. Trabajó en la guardería del Sindicato Municipal hasta que en 2005, cuando La Fragua pasó a manos del municipio, fue convocada para sumarse al proyecto. Además, participa activamente en Scauts y en distintas instituciones de la comunidad.
De perfil bajo, su nombre comenzó a resonar con mayor fuerza a partir de este nuevo rol. Sin embargo, su vínculo con el taller es profundo: “Es mi casa”, resumió.
La Fragua funciona en la esquina de Belgrano y Castelli, aunque este año comenzará el ciclo en medio de obras de refacción. “Seguramente para la semana que viene empiezan los trabajos. Las inscripciones serán en la Casa de la Cultura y el inicio de clases dependerá de cuánto duren las obras. Si es necesario, empezaremos en otro lugar”, adelantó.
El taller recibe a niños desde los 3 hasta los 12 años y en 2025 contó con alrededor de 300 alumnos. La demanda suele superar los cupos, pero el equipo decidió priorizar grupos más reducidos. “Estamos tratando de trabajar con 25 chicos por grupo. Antes teníamos 40 o 45, pero hoy es casi imposible. Queremos darles una atención más personalizada”, explicó.

Libertad para crear
Uno de los sellos históricos de La Fragua es la libertad creativa. Torres recordó una frase que marcó su formación: “Maruca siempre decía: ‘No meter la mano’. El cielo no siempre es celeste, como el pasto tampoco es exclusivamente verde. Hay que darles libertad para que imaginen y creen”.
En tiempos atravesados por la inmediatez y la tecnología, el arte aparece como un espacio de pausa. “Ellos están acostumbrados a lo inmediato, todo ya. Entonces trabajamos la paciencia, el esperar. El solo hecho de esperar la pintura ya es parte del aprendizaje”, sostuvo.
Para muchas familias, La Fragua es una actividad más dentro de la agenda recargada de los chicos. Sin embargo, Torres destacó su valor formativo: “Cuando se encuentran frente a esa hoja blanca, es el momento en que su cabeza empieza a idear. Es un momento de tranquilidad y concentración en un proyecto propio”.
El taller también mantiene su tradición de participar en concursos internacionales, aunque sin generar expectativas en los niños. “Por lo general no saben que participan. Si llega un reconocimiento, recién ahí se enteran”, explicó.
En algunos casos, cuando un chico no disfruta la actividad, el equipo lo conversa con la familia. “Tiene que ser un momento de disfrute. Si no lo pasa bien, nuestra tarea no tiene sentido”, afirmó.
Más horarios y adaptación a los nuevos tiempos
Entre las propuestas para este año, la nueva coordinación evalúa abrir un horario adicional por la mañana y reorganizar la franja de la tarde, afectada por la quinta hora en las escuelas primarias. También analizan alternativas para los niños de jardín, que finalizan su jornada más tarde.
La Fragua sostiene además un trabajo articulado con instituciones educativas, como la escuela especial y los jardines, que realizan visitas y actividades en el espacio. “La apertura a la comunidad nos gusta mucho”, señaló.
Con emoción y responsabilidad, María Rosa Torres inició esta etapa convencida de continuar el legado recibido. “Después de tanto tiempo, uno sabe cómo se maneja cada cosa. Asusta un poquito estar a cargo, pero el compromiso es que La Fragua siga creciendo sin perder lo que la hizo única”, concluyó.

