Herencia Viajera acerca cada semana nuevas propuestas para conocer destinos de Argentina y el mundo. En esta oportunidad su titular, Romina Domínguez, propuso un recorrido diferente: adentrarse en la Patagonia profunda, lejos de los circuitos tradicionales y con una mirada puesta en el disfrute del viaje en sí mismo.
La iniciativa no se centró en un destino puntual, sino en una experiencia integral. “La realidad es que pensando en que el año pasado viajamos bastante por nuestro país y muchos de los destinos más turísticos ya los hicimos, estamos buscando darle una vuelta más. Pensamos no en un destino puntual, sino en un viaje mucho más largo”, explicó.
Domínguez hizo especial hincapié en la necesidad de romper con la lógica de lo inmediato. “Esto nos obliga a salir de la idea de lo rápido y empezar a disfrutar a otro ritmo, con otra frecuencia, lo que nuestro país tiene para ofrecernos”, señaló.
Desde General Villegas, el recorrido hacia el sur implica atravesar largas distancias —entre 1.800 y 2.000 kilómetros hasta Santa Cruz—, lo que ya transforma al traslado en parte fundamental de la experiencia. “Tenemos la suerte de estar en un punto bastante central, pero esto no es un viajecito. Es un viaje que invita a dimensionar lo enorme que es Argentina”, agregó.
En ese sentido, recomendó realizarlo en vehículo propio: “Al hacerlo en auto y tomarse el tiempo, nos invita a conocer nuestro país de una manera distinta. Los animo a que lo hagan de esta forma”.
De la costa atlántica a los rincones menos explorados
El itinerario incluye paradas clásicas y necesarias, como Puerto Madryn o Península de Valdés, ideales para descansar y sumar actividades como el avistaje de ballenas. “Son paradas obligadas, primero porque el viaje es largo, y también porque ofrecen experiencias únicas para compartir en familia”, indicó.
Sin embargo, el foco está puesto en destinos menos concurridos, como Puerto Deseado, en Santa Cruz. “Es un lugar muy auténtico, con una ría natural donde el mar se mete en la tierra y forma un paisaje único. Se puede navegar, ver toninas overas o visitar la isla Pingüino, en un entorno totalmente salvaje”, detalló.
Más al sur, aparecen pequeñas localidades como Jaramillo y Fitz Roy. “Son pueblos que parecen detenidos en el tiempo. En Jaramillo está la vieja estación de tren, con toda la historia vinculada a la Patagonia Rebelde, y Fitz Roy es casi una parada obligada para cargar combustible y charlar con la gente del lugar”, relató.

Experiencias auténticas en la estepa patagónica
Otra de las propuestas destacadas es la visita a estancias patagónicas. “No pensemos en estancias de lujo, sino en lugares auténticos, donde la gente comparte su forma de vida. Se puede comer cordero patagónico, ver la esquila, cabalgar y conocer la flora y fauna del lugar”, explicó Domínguez.
En ese recorrido, el paisaje cambia de manera constante: del verde productivo de la región pampeana a la aridez de la estepa, siempre con el viento como protagonista. “El viento es una presencia casi identitaria de la Patagonia. Es algo con lo que uno tiene que convivir”, afirmó.
El cierre: El Calafate y el imponente glaciar Perito Moreno
El viaje tiene como punto culminante la llegada a El Calafate y la visita al glaciar Perito Moreno. “Caminar por las pasarelas y escuchar el crujido del hielo, ese ruido que parece un trueno, es algo impresionante”, describió.
Para quienes deseen extender la experiencia, también aparece la opción de continuar hacia El Chaltén. “Siempre hay más para descubrir. Lo importante es animarse”, sostuvo.

Tiempo, clima y recomendaciones
Domínguez señaló que este tipo de travesías requieren planificación y tiempo. “Para llegar se necesitan al menos dos días, y lo mismo para volver. Por eso recomendamos no menos de 10 u 11 días para poder disfrutar realmente del viaje”.
En cuanto a la época, destacó que los meses entre marzo y octubre son ideales, aunque con precauciones. “La Patagonia tiene un clima inhóspito. El viento no para y hay mucha amplitud térmica. No se adapta a nosotros, nosotros nos adaptamos a ella”, advirtió.
Finalmente, dejó una invitación abierta: “Que se animen a agarrar el mapa, a planificar, a descubrir nuevas rutas. Y, por supuesto, a contactarnos para armar un viaje que se adapte a cada familia. Hay muchísimo por conocer en nuestro país”.
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