14.4 C
General Villegas
viernes, abril 3, 2026
InicioSociedad¿Nos estamos quedando sin memoria? | Por Gustavo González

¿Nos estamos quedando sin memoria? | Por Gustavo González

El disparador: ¿cuántos números de teléfono recordás? En la encuesta que lanzamos el día anterior a este episodio, la pregunta era sencilla pero reveladora: ¿cuántos números de teléfono recordás de memoria, sin ayuda del celular ni de ningún papel? Los resultados fueron contundentes. Solo el 4% de los oyentes admitió no recordar ninguno. Un porcentaje igualmente pequeño dijo recordar uno solo. El 42% reconoció recordar menos de cinco. Y el número mayor, con el 45%, aseguró recordar más de cinco.

Una oyente fue más lejos todavía: contó que recuerda 18 números. Pero ella misma lo mencionó como una rareza, casi una hazaña de otra época.

Ese fue el punto de partida de uno de los episodios más resonantes de la temporada 2026 de Tecnología al Paso: una charla sobre la memoria, la delegación cognitiva y lo que ocurre cuando le cedemos al teléfono —y a la inteligencia artificial— tareas que antes hacía el cerebro.

El efecto Google: recordamos dónde encontrar, no qué encontrar

En 2011, investigadores de las universidades de Columbia, Wisconsin y Harvard publicaron en la revista Science —una de las publicaciones científicas más rigurosas del mundo— un hallazgo que hoy parece más vigente que nunca: cuando las personas esperan tener acceso futuro a una información, recuerdan menos esa información en sí, pero recuerdan mejor dónde encontrarla.

Los autores lo llamaron el “efecto Google”. La idea central es que el cerebro ha comenzado a tratar a internet como una memoria externa. Deja de almacenar el dato y empieza a almacenar la ruta de acceso a ese dato.

El ejemplo más cotidiano es el que todos reconocemos: estás con amigos hablando de fútbol, surge el nombre de un jugador y nadie lo recuerda. Hace veinte años, alguien en la mesa hacía el esfuerzo de pensar, asociar, retroceder en el tiempo. Hoy, antes de que pasen treinta segundos, alguien saca el teléfono y busca en Google. El esfuerzo mental directamente no ocurre.

Otro ejemplo del episodio: un estudio demostró que las personas recuerdan mejor la información que fue borrada de una computadora que la que saben que está guardada. El motivo es simple: cuando el cerebro sabe que el dato está disponible, se relaja. Cuando el dato desaparece, el cerebro entra en modo de alerta y hace el esfuerzo de retener.

El cerebro como músculo: el peligro del desuso cognitivo

Los especialistas utilizan el término desuso cognitivo para describir lo que ocurre cuando una función mental deja de ser ejercitada. La analogía más accesible es la del músculo: si no lo usás, se atrofia.

No estamos hablando de que la tecnología nos vuelva “tontos”. El punto es más sutil y más inquietante: delegamos ciertas funciones cognitivas de manera tan sistemática que empezamos a perder la agilidad para ejecutarlas por cuenta propia.

En el episodio pusimos un ejemplo que generó mucha resonancia: las cuentas matemáticas simples. Hacer una suma no es algo que dejaste de saber. Pero si cada vez que necesitás calcular el 10% de algo sacás la calculadora del teléfono, el cerebro deja de ejercitar ese circuito. El resultado: tardás más, te sentís más oxidado, y la tendencia es no hacerlo sin ayuda.

Este fenómeno no es nuevo. En la década de 1970, los docentes en Estados Unidos debatían si las calculadoras en las aulas harían que los alumnos dejaran de aprender a sumar. El New York Times cubrió ese debate extensamente. La calculadora no borró la capacidad matemática humana, pero sí modificó cómo y cuánto la ejercitamos. Hoy, con el GPS, con los recordatorios automáticos, con la inteligencia artificial escribiendo correos por nosotros, el fenómeno se replica a una escala mucho mayor.

El valor de recordar: los cumpleaños y el significado perdido

Hubo un momento del episodio especialmente emotivo: la reflexión sobre los cumpleaños. Antes, que alguien se acordara de tu cumpleaños sin que le avisaran era una señal de afecto genuino. Significaba que ocupabas un lugar en la memoria de esa persona, que importabas lo suficiente como para estar guardado allí.

Hoy Facebook te recuerda los cumpleaños de todos. El resultado es que cientos de personas publican “feliz cumple” sin haber hecho el menor esfuerzo de recordar. El gesto perdió una parte de su significado emocional, aunque mantiene la forma exterior.

La pregunta que surgió en el aire fue directa: ¿cuántos cumpleaños recordás sin que ninguna red social te avise? Para la mayoría, la respuesta honesta es: muy pocos. Y eso no es solo un problema de memoria. Es un cambio en cómo nos relacionamos.

La inteligencia artificial y la escritura: ¿delegamos demasiado?

Durante el episodio surgió un testimonio muy revelador: un directivo de empresa contó que está delegando cada vez más en la inteligencia artificial la tarea de escribir sus correos electrónicos. Le carga los temas que quiere comunicar y la IA produce el texto. Eficiente, claro. Pero también una nueva forma de desuso cognitivo.

Escribir no es solo comunicar información. Es articular el pensamiento, elegir palabras, construir un argumento. Si delegamos esa tarea en la IA de manera sistemática, el músculo de la escritura y del pensamiento estructurado empieza a usarse cada vez menos.

Esto está pasando en todos los ámbitos: en la educación, donde el debate sobre el uso de la IA en los trabajos académicos se vuelve cada vez más urgente; en la medicina, donde los modelos asisten diagnósticos; en la ingeniería, en la aviación, en la seguridad. La IA no es solo “una herramienta tecnológica”. Es una herramienta que atraviesa todas las profesiones, todas las industrias, toda la vida cotidiana.

El equilibrio: no toda delegación es mala

Una de las ideas centrales del episodio fue despejar un malentendido: no toda delegación tecnológica es problemática. La agenda existe desde hace siglos. Los recordatorios del médico, la fecha de vencimiento del carnet de conducir, el turno de la peluquería: anotar esas cosas no es debilidad cognitiva. Es organización.

La diferencia está en el tipo de delegación. Anotar cuándo se vence la licencia de conducir (algo que ocurre una vez cada cinco años) libera espacio mental para cosas más importantes. Pero usar la calculadora para calcular el 10% de la cuenta, o sacar el teléfono en el medio de una charla para buscar un dato que podríamos recordar con un par de segundos de esfuerzo: eso es ejercicio mental que estamos resignando.

El criterio es simple: hay que preguntarse si la delegación libera capacidad cognitiva para algo mejor, o si simplemente evita el esfuerzo sin ningún beneficio real.

Qué podemos hacer: ejercicios concretos para no perder la memoria

El episodio cerró con recomendaciones prácticas, sin tecnicismos y sin dramatismo. No se trata de dejar de usar el teléfono. Se trata de ejercitar el cerebro, como lo hacemos con cualquier otro músculo.

  • Memorizar los números de teléfono más importantes.
  • Proponte recordar los cinco o seis números que necesitarías si mañana te quedás sin batería. Usá reglas mnemotécnicas: asociaciones, patrones, números familiares. El cerebro puede mucho más de lo que le pedimos.
  • No googlear de inmediato.
  • Cuando intentás recordar algo, esperá. Dale al cerebro treinta segundos antes de agarrar el teléfono. Ese esfuerzo, aunque no termines recordando el dato, ya es ejercicio.
  • Hacer cuentas sin calculadora.
  • Propinas, porcentajes, divisiones simples. No estás demostrando nada a nadie: estás manteniendo activo un circuito que, si no lo usás, se vuelve lento.
  • Navegar sin GPS ocasionalmente.
  • Si conocés el barrio o la ciudad, dejá el GPS en el bolsillo de vez en cuando. Construir y mantener mapas mentales es una función cognitiva que también puede atrofiarse.
  • Recordar fechas importantes sin alarmas.
  • Elegí un grupo pequeño de fechas que quieras tener en la memoria: cumpleaños de personas cercanas, aniversarios. El esfuerzo de recordar vuelve a tener un valor emotivo que las notificaciones automáticas borraron.

El dato no pierde valor cuando lo almacena la tecnología. Nosotros sí.

La frase con la que cerramos el episodio sintetiza bien el mensaje: la tecnología puede guardar los datos; el teléfono puede funcionar como ese disco externo de la memoria. Pero el significado de los datos lo ponemos nosotros.

Si le cedemos a la tecnología no solo el almacenamiento sino también la interpretación, la conexión emocional y el esfuerzo de recordar, no estamos ganando tiempo: estamos perdiendo algo difícil de recuperar.

No se trata de volver a los ’70. Se trata de entender cómo usamos la tecnología —y decidir cuándo dejar que el músculo trabaje solo.