Cada jueves, el espacio de “Goyo, el memorioso” invita a los oyentes a viajar en el tiempo y redescubrir historias que forman parte de la identidad de General Villegas. En esta oportunidad, el protagonista fue Constantino Gómez, un inmigrante español que dejó una huella profunda en la comunidad a través de su trabajo, su visión y, sobre todo, su generosidad.
Nacido en 1882 en San Pedro, un pequeño poblado del Valle de Soba, en Cantabria, España, Gómez llegó a la Argentina con apenas 17 años, impulsado por el llamado de un hermano que ya se encontraba en el país. Tras un breve paso por localidades cordobesas como Río Cuarto y Del Campillo, recaló finalmente en General Villegas, donde comenzaría a construir no solo su futuro, sino también parte del desarrollo del pueblo.
En sus primeros años trabajó en una bicicletería, pero rápidamente por el llamado de su hermano Nicolás, que estaba radicado en Coronel Charlone y trabajaba en Ortiz, Blanco y Gómez, se integró a la firma Ortiz y Gómez, un comercio de ramos generales característico de la época. Allí, su capacidad y compromiso lo llevaron a convertirse en un empresario sólido y respetado. Sin embargo, más allá de su éxito comercial, lo que distinguió a Gómez fue su perfil humano: “Era un hombre sencillo, amable, cordial y muy generoso”, destacó Goyo durante el relato.
Un empresario con sentido social
Uno de los rasgos más destacados de su personalidad fue su espíritu altruista. Según se recordó, al cierre de cada año distribuía parte de las ganancias del negocio entre sus empleados, una práctica poco habitual para la época y que reflejaba su concepción del trabajo como un esfuerzo colectivo.
Esa misma mirada lo llevó a impulsar uno de los proyectos más innovadores y solidarios en la historia local: la construcción de viviendas para familias trabajadoras. En la década de 1930, en terrenos de su propiedad ubicados detrás de las vías, desarrolló un conjunto de unas 15 casas que luego darían origen al barrio Villa Gómez.
El sistema que implementó era tan simple como revolucionario: las familias accedían a las viviendas mediante un alquiler accesible y, con el paso del tiempo, ese pago se transformaba en la propiedad definitiva del inmueble. “Seguramente no ganó nada con eso, o incluso perdió dinero, pero le dio la posibilidad a mucha gente de tener su casa”, destacó Goyo el memorioso.
Hoy, varias de esas construcciones aún se mantienen en pie, algunas prácticamente intactas, lo que permite dimensionar la calidad y la visión de aquel emprendimiento.
Compromiso con las instituciones y la vida social
La participación de Gómez en la vida comunitaria fue tan intensa como diversa. Fue impulsor de la Asociación de Comerciantes —antecedente de la actual Cámara de Comercio— y colaboró activamente en la creación de la Escuela de Artes y Oficios, hoy conocida como Escuela de Educación Técnica. Además, integró distintas comisiones vinculadas al desarrollo del Parque Municipal y tuvo una fuerte presencia en la Sociedad Española, donde participaba de las tradicionales romerías y actividades culturales.
Su vida también tuvo un costado familiar muy marcado. Estuvo casado con Prudencia Alustiza, con quien tuvo seis hijos, Cora, Elvira, Mario, Elba, Marta y Carmen. Su descendencia continuó ligada a la actividad comercial y a la vida social de Villegas, manteniendo vivo el legado de trabajo y compromiso.

Un personaje entrañable y apasionado
Entre las anécdotas que pintan su personalidad, se destaca su pasión por la bicicleta. Gómez no solo la utilizaba como medio de transporte, sino también como forma de entretenimiento: realizaba piruetas y acrobacias que asombraban a grandes y chicos, convirtiéndose en una figura querida y reconocida en el pueblo.
También fue un entusiasta del Parque Municipal, al que solía concurrir en bicicleta —incluso realizando maniobras poco convencionales— y donde colaboró activamente en tareas de forestación y mantenimiento.
Un legado que trasciende generaciones
Constantino Gómez falleció en 1956, pero su huella permanece viva en múltiples rincones de la ciudad: una calle lleva su nombre, al igual que el barrio que ayudó a crear. Incluso, frente a la Escuela N° 2 —institución cuya concreción también acompañó— un monolito recuerda su aporte a la comunidad.
La historia recuperada por Goyo no solo pone en valor a una figura clave del pasado villeguense, sino que también invita a reflexionar sobre el compromiso social y la construcción colectiva. “Pensaba permanentemente en el progreso comunitario”, resumió.
En tiempos donde muchas veces predominan los intereses individuales, el ejemplo de Constantino Gómez resurge como un faro silencioso: el de aquellos que, sin buscar reconocimiento, transformaron la realidad de su comunidad con acciones concretas y un profundo sentido de solidaridad.

