14.4 C
General Villegas
miércoles, abril 8, 2026
InicioSociedadRicardo Biffi: del mar al arraigo, la historia de un capitán que...

Ricardo Biffi: del mar al arraigo, la historia de un capitán que eligió Villegas como destino

Ricardo Biffi nació en Lincoln, pero hace tiempo que su vida está ligada a General Villegas. Su historia, sin embargo, tuvo un recorrido mucho más amplio antes de ese punto de llegada. Fue marino mercante, capitán de ultramar y protagonista de una carrera que lo llevó a cruzar océanos, conocer distintos países y atravesar situaciones que marcaron su vida.

Detrás de ese recorrido hay una idea que aparece desde el inicio: la convicción. No fue un camino fácil ni lineal, sino uno sostenido a base de esfuerzo, estudio y decisiones firmes. “Siempre fui muy soñador y siempre pensé que cuando se te da una posibilidad, por lo menos hay que estar preparado”, explicó.

Un objetivo claro desde la adolescencia

Esa forma de pensar empezó a tomar forma a los 12 años, cuando decidió que quería estudiar en la Escuela Nacional de Náutica. No era un proyecto común para alguien de su edad, y menos aún en un contexto familiar donde los recursos eran limitados. “Yo veía en casa que no sobraba nada, pero nada. Y dije, bueno, cuando llegue el momento veremos”, recordó.

El ingreso a la Náutica fue una prueba en sí misma. En el primer intento no logró pasar. En el segundo, pese a aprobar los exámenes, quedó afuera por muy poco margen. Recién en el tercero consiguió entrar, después de años de preparación. “Había 400 aspirantes y 20 vacantes. Y había que volver. Pero la tercera fue la vencida”, contó.

La formación y el salto al mar

Una vez dentro, comenzó una etapa exigente, con jornadas intensas y formación tanto teórica como práctica. La disciplina fue parte central del proceso y también una herramienta clave para su desarrollo posterior. “Te crea hábitos, puntualidad, disciplina. También te forja”, señaló.

El mar apareció pronto en su vida. El primer viaje importante fue al Mar del Norte, y a partir de ahí comenzó una carrera que se extendió durante más de una década. “Fue divino. Te bajabas en un lado y encontrabas otro mundo, otro idioma, otras costumbres”, relató.

Durante esos años navegó en buques de gran porte y llegó a convertirse en capitán de ultramar a los 29 años, algo poco habitual en ese ámbito. “Pude ascender rápido. Llegué a capitán a los 29 años”, dijo, al resumir un proceso de crecimiento constante dentro de la profesión.

La exigencia y el costo personal

La vida en el mar no era solamente viaje y aprendizaje. También implicaba presión, responsabilidad y decisiones que no admitían errores. “Un error a bordo se paga caro, hasta con tu libertad”, afirmó, al describir la exigencia del trabajo en un barco.

Sin embargo, lo más difícil no estaba en lo técnico sino en lo personal. “Lo más duro es lo que dejás en tierra. Cumpleaños, nacimientos, despedidas”, expresó. La distancia marcaba cada etapa de su vida y lo enfrentaba a situaciones que no podía acompañar.

Uno de los momentos más duros fue la muerte de su madre mientras él estaba embarcado. “Me enteré a los dos o tres días”, contó. También recordó otras situaciones que lo golpearon emocionalmente en altamar. “Me encerré en mi camarote y lloré, pero mal”, dijo.

A pesar de eso, rescata el aprendizaje que le dejó esa experiencia. “La vida a bordo te enseña a valorar todo lo que dejaste en tierra. Aprender a extrañar es hermoso”, reflexionó.

El final de una etapa y el regreso

Después de más de diez años navegando, llegó el momento de tomar otra decisión importante: dejar el mar. No fue algo repentino, sino un proceso en el que influyeron cuestiones personales y familiares. “Ya había logrado mi objetivo. Fueron 12 o 13 años. Había que colgar los botines”, explicó.

El cierre de esa etapa fue con un viaje especial. Su último recorrido fue llevar un petrolero hasta Hong Kong, en una travesía de 47 días. “Ese fue mi último viaje y fue muy lindo”, recordó, al describir una experiencia intensa y simbólica.

El regreso a tierra implicó empezar de nuevo. Adaptarse a otra vida, con otros tiempos y otras lógicas, no fue sencillo. Sin embargo, encontró un camino en el desarrollo de proyectos propios vinculados a la construcción y la hotelería.

Villegas, el lugar elegido

En ese proceso, General Villegas dejó de ser un lugar circunstancial para convertirse en su destino definitivo. Allí formó su familia, desarrolló su proyecto y consolidó su vida. “Soy más villeguense que linqueño”, afirmó.

Con el tiempo, esa pertenencia se hizo aún más fuerte. “Después de tanto mundo, Villegas es mi lugar”, sostuvo. La frase sintetiza el recorrido de alguien que viajó por distintos puntos del planeta y eligió quedarse en esta ciudad.

Una historia que deja mensaje

Más allá de lo vivido, Biffi deja una reflexión clara sobre su experiencia. No habla desde la teoría, sino desde lo que atravesó en cada etapa de su vida. “Tener resiliencia, tener humildad, tener respeto y no abandonar los sueños”, expresó.

Y cerró con una idea que resume su camino: “Lo peor es no volver a intentarlo”. Su historia muestra que los objetivos pueden alcanzarse incluso cuando el recorrido es más largo y complejo de lo esperado.