Cada semana, en su espacio radial, Goyo el Memorioso rescata historias que forman parte de la identidad de General Villegas. Esta vez, el protagonista fue Ramón Miguel Bas, figura clave de la emblemática carpintería La Industrial, un emprendimiento familiar que atravesó más de un siglo y cuatro generaciones.
Hijo de José Bas —un inmigrante catalán que llegó a la ciudad en 1907— y de Modesta Diez, tuvo de hermanos a José Alberto y Sara. Ramón nació en 1922 y creció en un hogar atravesado por el oficio. Su padre comenzó como empleado en una carpintería local y, en 1915, dio el paso decisivo de independizarse, dando origen a La Industrial, que con el tiempo se convertiría en sinónimo de calidad y prestigio en la región.
Desde joven, Ramón estuvo marcado por esa tradición. Asistió a la Escuela Nº 1 y, ante la ausencia de educación secundaria en la ciudad, fue enviado como pupilo al colegio León XIII de Buenos Aires, una institución salesiana donde aprendió el oficio de carpintero. Allí, durante tres años, se formó con disciplina y dedicación, en un contexto exigente que implicaba estar lejos de su familia, pero con la convicción de prepararse para el futuro.
Una vida dedicada al trabajo y al detalle
De regreso en Villegas, se incorporó al emprendimiento familiar, consolidando con los años una impronta propia basada en la prolijidad, la responsabilidad y el compromiso con la calidad. Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre meticuloso, atento a cada detalle
Esa forma de ser también se reflejaba en sus intereses: coleccionaba billetes y monedas antiguas, revistas —como la histórica El Gráfico— y guardaba todo cuidadosamente documentado. Incluso, en cada fotografía anotaba nombres, fechas y lugares, dejando un registro preciso de cada momento.
Su legado no sólo quedó en la carpintería. Muchas de esas colecciones aún perduran y forman parte de la memoria cultural local. Por ejemplo, gran parte de las tapas de El Gráfico que hoy decoran el bar New Florentino pertenecieron a Ramón, evidencia concreta de su dedicación y de su hábito de conservar.

Familia, amistades y deporte
En 1948 se casó con Sara Olano, con quien formó su familia junto a sus hijos Silvia y Oscar. Paralelamente, desarrolló una intensa vida social y deportiva. Hincha de Atlético, Boca y Chevrolet, era un habitual espectador de las carreras de ciclismo Unión Deportiva Villegas (UDV) y un apasionado del tenis.
A pesar de haber atravesado una grave enfermedad pulmonar en su juventud —que derivó en la extirpación de un pulmón y varias costillas—, logró recuperarse y continuar practicando deporte. Fue parte activa del tenis en el club La Lucila, integrando equipos que alcanzaron importantes logros en competencias regionales durante las décadas del ’50 y ’60. Fueron sus compañeros de esas memorables hazañas Jorge Rosetto, Oscar Martín y Omar Emín.
También cultivó amistades entrañables, como la que lo unió con el futbolista Jorge Moussegne, cuyas cartas desde Colombia aún se conservan, y con figuras destacadas del deporte nacional como René Pontoni, quien incluso le dedicó una publicación.

La huella imborrable de La Industrial
Hablar de Ramón Bas es hablar de una etapa clave de La Industrial, que él condujo desde mediados del siglo XX, continuando el legado de su padre. La carpintería no sólo fabricaba muebles, puertas y ventanas: ofrecía un servicio integral que incluía la colocación, garantizando trabajos duraderos, muchas veces “para toda la vida”.
Su impronta quedó plasmada en innumerables hogares de General Villegas y también en estancias de la zona, donde aún hoy pueden encontrarse obras realizadas por la firma. La calidad de los materiales y el oficio artesanal eran su sello distintivo.
La continuidad de la empresa familiar —desde José en 1915, pasando por Ramón, luego Oscar y actualmente Federico— es, en sí misma, un hecho destacable en tiempos donde muchos emprendimientos no logran sostenerse a lo largo de las generaciones.
Una historia que sigue viva
Más allá de su labor, Ramón Bas dejó una marca profunda en la comunidad. Su vida, atravesada por el trabajo, la familia, el deporte y los valores, forma parte de la memoria colectiva de Villegas.
Como suele destacar Goyo el Memorioso, hay historias que no sólo merecen ser contadas, sino también recordadas. La de Ramón Bas es una de ellas: la de un hombre cuya obra sigue presente, silenciosa pero firme, en cada rincón donde la madera trabajada con dedicación resistió el paso del tiempo.

