Romina Domínguez, referente de Herencia Viajera, invita a descubrir destinos que combinan paisajes, cultura e historia. En esta oportunidad, el viaje nos lleva a dos joyas de Europa Central y los Balcanes: Eslovenia y la región croata de Istria.
Con una propuesta pensada para recorrer en unos 25 días, Domínguez describió un itinerario ideal para quienes buscan un turismo más pausado, alejado de las grandes multitudes y enfocado en disfrutar de la naturaleza, la gastronomía y la vida local.
“Es una Europa distinta, más tranquila, más verde y elegante. Un viaje rodeado de castillos medievales, lagos alpinos y pequeños pueblos donde la gente todavía se toma el tiempo para sentarse a disfrutar de un café”, resumió.
Liubliana, una capital pequeña y encantadora
El recorrido comienza en Liubliana, la capital de Eslovenia, una ciudad de apenas 300.000 habitantes que sorprende por su calidad de vida y su atmósfera relajada.
Atravesada por el río Ljubljanica, la ciudad combina arquitectura barroca y austrohúngara con una intensa vida universitaria. Cafeterías, puentes históricos, mercados y un castillo medieval coronando la ciudad conforman una postal que invita a caminar sin apuro.
“Liubliana es muy segura, muy sustentable y realmente tranquila, algo que no siempre es fácil de encontrar en Europa”, destacó Domínguez.
Desde allí se pueden realizar excursiones a la Postojna Cave, una de las cuevas más impactantes del continente, y al Predjama Castle, un castillo incrustado en una pared de roca que parece salido de una película medieval.

El lago Bled, una postal inolvidable
A poco más de 50 kilómetros de Liubliana aparece uno de los paisajes más famosos de Europa Central: el Lago Bled.
Con aguas turquesas, bosques, montañas y una pequeña isla coronada por una iglesia blanca, el lago ofrece un escenario de ensueño. Domínguez recomendó dedicar varios días al lugar para caminar por sus senderos, visitar su castillo y disfrutar del tradicional postre local, la kremšnita.
En las cercanías también se destacan el Vintgar Gorge, con pasarelas de madera sobre aguas cristalinas, y el Lago Bohinj, un refugio alpino rodeado de naturaleza prácticamente intacta.
Istria, la Croacia menos conocida
Tras la etapa eslovena, el viaje continúa hacia la península de Istria, en Croacia, una región donde conviven las influencias croatas e italianas.
La base sugerida es Rovinj, un pintoresco pueblo costero del Adriático con calles empedradas, casas coloridas, pequeños barcos pesqueros y restaurantes familiares.
“Todavía conserva la sensación de no ser un destino masivo. Tiene otro ritmo y eso hace que el viaje sea más humano y menos turístico”, explicó.
La gastronomía es uno de los grandes atractivos de la región, con pastas artesanales, mariscos, quesos, aceite de oliva y las prestigiosas trufas de Istria, consideradas entre las mejores de Europa.
Pueblos medievales, viñedos y legado romano
Desde Rovinj se pueden visitar ciudades como Poreč, con fuerte influencia veneciana, y Motovun, un encantador pueblo amurallado sobre una colina rodeada de viñedos.
Otra parada destacada es Pula, famosa por su impresionante anfiteatro romano, uno de los mejor conservados del mundo.
Además, Domínguez señaló que toda esta zona resulta más económica que destinos tradicionales como Francia, Italia o Alemania, especialmente en Croacia, donde el turismo aún no está tan masificado.
Las huellas de la historia reciente
Durante la charla, Domínguez también reflexionó sobre las marcas que dejaron los conflictos en la antigua Yugoslavia.
“En muchos lugares las heridas de la guerra todavía se notan, tanto en la arquitectura como en la gente. Es una historia que permanece muy presente”, comentó.
Sin embargo, remarcó que países como Eslovenia y Croacia han logrado consolidarse como destinos seguros, ordenados y con excelente infraestructura.
Un viaje para disfrutar sin apuro
La especialista destacó que este itinerario puede realizarse de manera independiente o con el apoyo de una agencia, según las preferencias de cada viajero.
También subrayó la conveniencia de combinar distintos medios de transporte, como autos, trenes y ferris.
La experiencia puede finalizar precisamente en Venecia, una de las puertas de entrada más utilizadas para regresar a la Argentina.
“Es un viaje para sentarse a mirar el paisaje, recorrer pueblos medievales, degustar vinos y disfrutar de una Europa menos conocida, pero absolutamente fascinante”, concluyó Domínguez.
- Porec, Croacia
- Motovun, Croacia