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Por qué tres desgarros antes del Mundial ya no generan el mismo temor que hace 20 años

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La Selección Argentina llega al Mundial con jugadores lesionados: qué cambió en la medicina deportiva y por qué aún hay optimismo

A quince días del debut mundialista frente a Argelia, la Selección Argentina sigue de cerca la evolución física de varios futbolistas que atraviesan lesiones musculares. Los casos de Leandro Paredes, Nahuel Molina y Gonzalo Montiel volvieron a instalar una pregunta que aparece antes de cada gran torneo: ¿es posible llegar en condiciones después de un desgarro sufrido tan cerca de la competencia?

La respuesta actual de la medicina deportiva es muy distinta a la que existía dos décadas atrás. Lo que antes podía interpretarse casi como una sentencia de ausencia hoy se analiza con herramientas mucho más precisas y con criterios médicos que cambiaron de manera profunda.

El caso que más preocupa actualmente es el de Leandro Paredes. El mediocampista sufrió un desgarro en el isquiotibial derecho y los estudios estimaron inicialmente una recuperación cercana a las tres semanas. Eso lo deja al límite para el estreno mundialista previsto para el 16 de junio frente a Argelia.

Nahuel Molina, en cambio, sufrió un desgarro semanas antes durante un encuentro del Atlético de Madrid y los plazos de recuperación aparecen más favorables. Todo indica que llegará al debut, aunque posiblemente con menos ritmo futbolístico que el ideal.

A ellos se suma Gonzalo Montiel, quien sufrió una lesión muscular en el cuádriceps izquierdo a mediados de mayo. La dolencia le impidió disputar los últimos compromisos de River y también la definición del Torneo Apertura, encendiendo las alarmas dentro del cuerpo técnico de Lionel Scaloni. Aunque los informes médicos fueron más prudentes respecto a los tiempos de recuperación, la cercanía con el Mundial colocó automáticamente su situación bajo seguimiento permanente.

Del «reposo absoluto» al monitoreo permanente

Durante muchos años, la receta clásica para un desgarro incluía reposo prolongado, antiinflamatorios y esperar que desapareciera el dolor.

Hoy el enfoque es completamente distinto.

Los futbolistas profesionales comienzan trabajos de recuperación de manera muy temprana. El objetivo es evitar la pérdida de fuerza muscular, sostener la capacidad física general y lograr una cicatrización más ordenada del tejido lesionado.

Por eso, cuando se informa que un jugador está desgarrado, no significa necesariamente que permanecerá inmóvil durante semanas. Muchas veces continúa trabajando diariamente con ejercicios específicos, fortalecimiento controlado y programas de recuperación diseñados casi de manera individual.

Las resonancias ya no deciden solas

Otro cambio importante es la utilización de los estudios por imágenes.

La resonancia magnética sigue siendo una herramienta fundamental para diagnosticar la lesión inicial, conocer su ubicación exacta y estimar los tiempos de recuperación.

Sin embargo, los especialistas actuales ya no toman decisiones únicamente observando una imagen.

De hecho, existe una situación frecuente en el fútbol profesional: un jugador puede presentar todavía signos visibles de lesión en una resonancia y, al mismo tiempo, encontrarse apto para competir.

Por eso los cuerpos médicos suelen repetir estudios únicamente cuando existen dudas específicas o cuando necesitan confirmar determinados procesos de cicatrización.

La evaluación diaria pasa mucho más por la respuesta física del futbolista que por una nueva resonancia.

Lo que realmente observan los médicos

En los grandes seleccionados y clubes europeos, el seguimiento actual incluye herramientas que hace pocos años eran excepcionales.

Los cuerpos técnicos controlan:

– Fuerza muscular.

– Velocidad máxima de carrera.

– Capacidad de aceleración.

– Cambios de dirección.

– Respuesta biomecánica.

– Cargas de entrenamiento mediante GPS.

Muchas veces estos parámetros terminan siendo más importantes que una imagen médica aislada.

Si un futbolista recupera niveles cercanos al 95 o 100 por ciento de sus registros habituales, las posibilidades de regresar aumentan considerablemente.

El antecedente que sostiene el optimismo

La propia Selección Argentina tiene antecedentes que explican la tranquilidad relativa con la que suele manejar estas situaciones.

En los últimos grandes torneos, Lionel Scaloni y su cuerpo técnico priorizaron los tiempos biológicos de recuperación por encima de la ansiedad mediática.

Los jugadores no vuelven únicamente porque desapareció el dolor. Deben superar distintas pruebas físicas y futbolísticas antes de recibir el alta competitiva.

Ese criterio permitió reducir significativamente las recaídas, uno de los problemas históricos en el tratamiento de lesiones musculares.

Un problema que atraviesa al fútbol moderno

Las lesiones musculares ya no son una excepción sino una consecuencia frecuente de la exigencia física que atraviesa el fútbol de elite.

Los calendarios internacionales acumulan cada vez más partidos, viajes intercontinentales y períodos reducidos de recuperación. Muchos futbolistas llegan a disputar entre 60 y 70 encuentros por temporada.

Por eso resulta habitual que las selecciones arriben a un Mundial con jugadores entre algodones, administrando cargas o atravesando etapas finales de recuperación.

La diferencia es que hoy los cuerpos médicos cuentan con mucha más información para determinar si un futbolista realmente está en condiciones de competir.

¿Es una situación alarmante?

La presencia de Paredes, Molina y Montiel recuperándose de lesiones musculares genera preocupación lógica, especialmente porque se trata de futbolistas importantes dentro del esquema argentino.

Sin embargo, desde el punto de vista médico no se trata de una situación extraordinaria ni necesariamente determinante.

Paredes aparece como el caso más ajustado por tiempos. Molina tendría altas probabilidades de llegar disponible para el debut. Montiel, por su parte, se encuentra dentro de los plazos habituales de recuperación para una lesión de este tipo y su evolución será monitoreada durante los entrenamientos previos al inicio de la Copa del Mundo.

Hace veinte años, tres desgarros a dos semanas de un Mundial hubieran generado un escenario mucho más pesimista.

Hoy la medicina deportiva trabaja con otra lógica. Ya no se trata solamente de esperar que cicatrice el músculo. Se trata de medir, controlar y acompañar cada etapa de la recuperación con una precisión que antes no existía.

Y por eso, aunque las alarmas están encendidas, nadie dentro de la Selección considera que la situación sea, por ahora, un problema insalvable.

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