Desde Tulum, donde hoy vive junto a su familia y espera la llegada de un nuevo hijo, Ximena Kloster repasó en GPS Villeguenses por el Mundo el camino que inició hace poco más de dos años, cuando junto a Alexis tomó una decisión que cambiaría sus vidas para siempre: dejar General Villegas, vender todo y probar suerte lejos de casa. Entre miedos, trabajos improvisados, noches de incertidumbre y una enorme cuota de coraje, la pareja logró abrirse camino en uno de los destinos turísticos más importantes de México.

Hay historias que no empiezan en un aeropuerto. Empiezan mucho antes, en una charla cualquiera, en una sensación que crece lentamente, en la certeza de que algo ya no alcanza. Para Ximena Kloster y Alexis, esa historia comenzó en General Villegas, mientras planeaban abrir un almacén en su casa para intentar mejorar la economía familiar.
Habían comprado bebidas, mercadería y hasta preparado el espacio donde funcionaría el negocio. Pero un encuentro inesperado y unas imágenes de Tulum cambiaron el rumbo de todo.
“Nos subimos al auto y Alexis me dijo: ‘¿Qué hacemos, nos vamos?’”, recordó Ximena durante la entrevista en el programa GPS Villeguenses por el Mundo.
Detrás de esa pregunta había años de conversaciones pendientes, deseos acumulados y una sensación compartida: la de sentirse estancados. Aunque no les faltaba techo ni comida, el sueño de progresar parecía cada vez más lejano.
“Yo no pagaba alquiler, vivía en el terreno de mi mamá, pero sentía que nunca íbamos a poder avanzar, tener nuestra casa o ahorrar. Y uno tampoco quiere vivir toda la vida así”, contó.

Un viaje que empezó mucho antes de subir al avión
La idea de emigrar no apareció de un día para el otro. Ximena explicó que desde chica escuchó las historias familiares sobre sus bisabuelos inmigrantes italianos y españoles.
Incluso intentó tramitar la ciudadanía italiana para emigrar a Europa, aunque la burocracia y los cambios en las leyes terminaron frenando ese proyecto.
Sin embargo, el deseo de probar suerte en otro país seguía latente. “Siempre estaba esa charla de decir ‘hay que irse’, ‘hay que buscar otra vida’, sobre todo viendo cómo está Argentina”, señaló.
La decisión final llegó rápido. En apenas seis meses vendieron prácticamente todo. Desarmaron parte de la casa, dejaron atrás proyectos y juntaron cada peso posible para empezar de nuevo.
También debieron preparar emocionalmente a sus hijas, Emma y Zoe. “Al principio ellas estaban felices porque creían que era como irse de vacaciones. Después entendieron que era otra cosa”, recordó.
La despedida más difícil fue la de su abuela. “Pensaba mucho en eso, en si iba a volver a verla. Cuando uno deja personas grandes, siempre queda ese miedo”, confesó.

El golpe de realidad en México
El 8 de marzo de 2024 llegaron finalmente a Tulum. El paisaje paradisíaco que habían visto en videos existía, pero también apareció rápidamente la otra cara de la realidad.
“Uno ve las playas hermosas, pero después llega y dice: ‘¿Qué es esto?’. No todo lo que brilla es oro”, admitió.
La adaptación no fue sencilla. El calor extremo, las diferencias culturales y sobre todo la incertidumbre laboral aparecieron enseguida.
Aunque Alexis consiguió trabajo rápidamente, Ximena se encontró con una dificultad importante: no tenía con quién dejar a sus hijas, ya que las escuelas comenzaban recién en septiembre y las niñas debían permanecer en casa durante varios meses.
“Ahí sentí realmente lo que era estar lejos y sola. No tenía a mi mamá, ni a una abuela, ni a nadie que pudiera ayudarme”, explicó.
Entonces apareció la primera idea para generar ingresos: vender postres. Con una pequeña conservadora comenzó a recorrer parques y calles ofreciendo postres caseros inspirados en sabores argentinos.
“Yo decía: acá la gente come todo el tiempo, algo tengo que hacer”, contó entre risas.
Aprendió a adaptarse con lo que encontraba en México. Reemplazó ingredientes imposibles de conseguir y armó versiones propias de postres argentinos.
Cada tarde, cuando bajaba un poco el calor, salía a vender. “Me daba vergüenza. Acá los vendedores gritan lo que venden y yo no quería. Entonces me acercaba a la gente y ofrecía”, relató.
Sus hijas la acompañaban y hasta le pedían comisión por ayudarla. No siempre era fácil. Había días buenos y otros muy malos, pero el objetivo era claro: llegar a fin de semana y poder sostener a la familia. “Capaz alcanzaba justo para la comida, pero seguíamos”, dijo.

Una operación, el miedo y el momento más duro
El golpe más fuerte llegó apenas una semana después de instalarse en México, cuando Emma sufrió una apendicitis y debió ser operada de urgencia.
La intervención costó cerca de mil dólares y consumió gran parte de los ahorros familiares. “Allá una operación así es gratuita. Acá te cobran todo, hasta el algodón”, relató.
El episodio dejó a la familia devastada emocionalmente. “Alexis lloraba y me decía ‘nos volvemos’. Y yo le decía: ‘¿A dónde? Ya no teníamos nada allá, habíamos vendido todo’”, recordó.
La situación logró superarse gracias al apoyo de otros villeguenses instalados en México y a la convicción de seguir adelante.

De la limpieza a tener su propio emprendimiento
Después de los postres llegó una nueva oportunidad: trabajar en limpieza de departamentos turísticos. Primero comenzó empleada junto a otras argentinas, pero rápidamente entendió que podía independizarse.
“Hice un flyer y empecé sola. Acá el trabajo de limpieza se usa muchísimo”, explicó.
Con esfuerzo logró construir una cartera propia de clientes y más adelante, junto a Alexis, dieron otro paso: invertir sus últimos 500 dólares en una máquina para lavar colchones, alfombras y tapizados.
La apuesta salió bien. “Gracias a Dios nos fue muy bien. Hoy seguimos trabajando de eso”, señaló.
Incluso Alexis recibió recientemente la posibilidad de comprar la lavandería donde trabajaba. “Si Dios quiere, el lunes empieza como propietario”, contó orgullosa.
Una nueva etapa y un bebé mexicano en camino
Como si todos esos cambios no fueran suficientes, la familia atraviesa ahora otra enorme noticia: Ximena está embarazada de casi tres meses.
El bebé nacerá en México y traerá también nuevas posibilidades legales para la familia, ya que les permitiría avanzar con la residencia permanente.
“Nos tranquiliza pensar que vamos a poder tener los papeles y viajar a Argentina para ver a la familia”, explicó. Aunque todavía no saben el sexo, Alexis ya sueña con la llegada de un varón.
“Valió la pena”
A más de dos años de aquel salto al vacío, Ximena asegura que no se arrepiente. “Te cambia la cabeza completamente. Aprendés otras culturas, otras formas de vivir. Valió la pena cien por ciento”, afirmó.
La idea de regresar a Argentina sigue estando. “No queremos morirnos acá. El sueño es volver algún día, hacer nuestra casa y vivir tranquilos allá”, aseguró.
Pero mientras tanto, Tulum se convirtió en ese lugar inesperado donde encontraron estabilidad, oportunidades y una vida nueva. “Capaz no hace falta tener todo resuelto. A veces solamente hay que animarse”, resumió.

