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viernes, junio 5, 2026
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¿Qué pasaría si un día desapareciera Internet? Gustavo González analizó cómo cambiaría la vida cotidiana

El ingeniero reflexionó sobre un escenario impensado para las nuevas generaciones: un mundo sin conectividad. Comunicación, trabajo, educación, comercio y relaciones sociales fueron algunos de los aspectos que abordó en una charla que invitó a repensar la dependencia tecnológica actual.

El ingeniero Gustavo González propuso un ejercicio tan simple como inquietante: imaginar qué ocurriría si un día la humanidad despertara sin Internet. La consigna no buscó generar alarma ni anticipar escenarios catastróficos, sino reflexionar sobre el nivel de dependencia que la sociedad ha desarrollado respecto de una herramienta que hoy atraviesa prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana.

Durante el espacio de «Tecnología al paso» en Actualidad, González planteó una pregunta que rápidamente llevó la conversación hacia distintos ámbitos: “¿Qué pasa si nos despertamos y no hay Internet? ¿En qué nos cambiaría la vida y cómo podríamos sobrevivir a eso?”.

Para quienes vivieron buena parte de su vida antes de la llegada de la conectividad masiva, el ejercicio implica recordar costumbres de hace tres o cuatro décadas. Sin embargo, para las generaciones más jóvenes, nacidas en plena era digital, el desafío es mucho más complejo.

“Hay personas que nacieron con Internet. Para ellas siempre existió el Wi-Fi, el teléfono inteligente y las redes sociales”, señaló.

La conectividad en General Villegas y la importancia de las redes

González recordó que la llegada de Internet al distrito se produjo de manera gradual. Primero aparecieron las conexiones telefónicas y luego la banda ancha, que comenzó a expandirse a principios de los años 2000.

En ese contexto explicó que, más allá de la diversidad de proveedores existentes en la actualidad, gran parte del tráfico de datos de la región continúa dependiendo de una infraestructura común.

“Muchas veces las empresas preguntan cómo pueden tener una conexión alternativa por si se cae Internet. El problema es que varios proveedores utilizan la misma red troncal. Si falla ese punto, se cae todo”, comentó.

Como alternativa mencionó el crecimiento de tecnologías satelitales como Starlink, que permiten contar con una vía independiente para mantener la conectividad.

¿Cómo nos comunicaríamos?

Uno de los primeros impactos de una eventual desaparición de Internet sería la comunicación. Sin WhatsApp, correo electrónico, videollamadas ni redes sociales, la población debería volver a mecanismos tradicionales.

“Hoy el celular tiene dos servicios: los datos, que son Internet, y la telefonía. Mucha gente prácticamente ya no llama por teléfono, se comunica por WhatsApp”, explicó.

En ese escenario, las llamadas convencionales recuperarían protagonismo, aunque también volverían viejos problemas asociados a costos y limitaciones que las nuevas generaciones prácticamente no conocen.

La conversación derivó incluso hacia tecnologías desaparecidas, como el fax, que permitía enviar documentos a través de la línea telefónica mucho antes de la digitalización actual.

Trabajo remoto, empresas y bancos

El ingeniero sostuvo que el mundo laboral sería uno de los más afectados. “Yo trabajo de manera remota. Si no hubiera Internet tendría que volver a una oficina para poder trabajar”, ejemplificó.

Las consecuencias, sin embargo, irían mucho más allá de quienes realizan teletrabajo. Bancos, empresas con sucursales, sistemas administrativos, operaciones comerciales y servicios financieros dependen de una conectividad permanente.

González recordó que antes de la digitalización los bancos intercambiaban físicamente documentación y cheques mediante mensajeros que trasladaban la información entre entidades. “Hoy todo eso ocurre de manera instantánea gracias a Internet”, señaló.

La educación también cambiaría

Aunque muchas escuelas limitan el uso de teléfonos celulares en las aulas, González advirtió que detrás de la actividad educativa existe una enorme infraestructura digital.

Comunicación institucional, contenidos, plataformas, registros administrativos e intercambios con organismos oficiales forman parte de una red que funciona gracias a Internet.

Además, los estudiantes deberían volver a utilizar con mayor frecuencia bibliotecas, libros impresos y materiales físicos para acceder a la información.

Volver a esperar

Uno de los conceptos centrales de la charla fue la velocidad. Según González, Internet transformó la relación de las personas con el tiempo. “Perderíamos esa rapidez y esa necesidad constante de obtener respuestas inmediatas”, reflexionó.

Las noticias volverían a circular con demoras, las comunicaciones requerirían planificación previa y las personas tendrían que acostumbrarse nuevamente a esperar.

Recordó incluso cómo llegaban décadas atrás los noticieros televisivos a ciudades del interior, transportados físicamente en cintas de video que viajaban en colectivo desde Buenos Aires. “Lo que se veía al mediodía había sido grabado la noche anterior”, ejemplificó.

Comercio y consumo: el regreso de lo local

Las compras online y los servicios de entrega también sufrirían un cambio radical. Sin plataformas de comercio electrónico, aplicaciones de reparto ni billeteras virtuales, gran parte de las operaciones volverían a realizarse de manera presencial.

“Las compras pasarían a hacerse acá, en el comercio local. Traer productos desde otros lugares volvería a ser mucho más complejo y costoso”, explicó.

Asimismo, destacó que el efectivo recuperaría un papel central, ya que sistemas como transferencias bancarias, Mercado Pago y otras herramientas digitales dejarían de estar disponibles.

Lo que perderíamos y lo que podríamos ganar

Sin embargo, González insistió en que no todas las consecuencias serían negativas. A su entender, una desconexión total también permitiría recuperar espacios de interacción social que fueron perdiendo protagonismo con el avance tecnológico.

“Ganaríamos en sueño, en conversaciones cara a cara y en tiempo compartido”, sostuvo. Plazas, encuentros presenciales, actividades culturales y momentos de convivencia podrían volver a ocupar un lugar más importante en la vida cotidiana.

Incluso mencionó la existencia de experiencias de “retiros de desconexión”, propuestas que buscan alejar temporalmente a las personas de los dispositivos y las redes para reducir el estrés y la ansiedad.

Prepararse para una eventual desconexión

Hacia el final de la charla, González remarcó que Internet se ha convertido en un servicio tan esencial como la electricidad o el agua, aunque muchas veces pase desapercibido por su carácter invisible.

Por eso consideró importante reflexionar sobre la dependencia tecnológica y estar preparados para situaciones en las que la conectividad pueda verse afectada por tormentas, emergencias o fallas técnicas.

“Hay algo que siempre se recomienda para situaciones de emergencia: tener pilas, agua y una radio. Porque cuando se corta la luz también suele caerse Internet”, recordó.

Y cerró con una reflexión que sintetizó toda la conversación: “La clave es entender que no vivimos sin Internet, pero podemos elegir cómo vivimos con Internet”.