La sección «Goyo el Memorioso» volvió a rescatar una historia poco conocida, pero de enorme valor para la memoria de General Villegas. En esta oportunidad, el protagonista fue el padre José Clemente Silva, un sacerdote salesiano que, aunque nunca estuvo destinado de manera permanente en la ciudad, mantuvo una estrecha relación con la comunidad durante la década de 1960 y dejó un recuerdo imborrable entre quienes lo conocieron.
«Goyo» reconstruyó la vida de Silva a partir de documentos históricos, archivos salesianos y testimonios de vecinos que lo recordaban por sus homilias desde el púlpito, su solemnidad, el contenido de sus dichos, porque su oratoria era brillante. Todos manifestaban su capacidad para escuchar y el acompañamiento espiritual que brindó a numerosas familias.
Nacido en Concepción del Uruguay en 1888, José Clemente Silva era hijo de Francisco Silva y Paulina Bernard. Desde muy pequeño se formó en una Escuela salesiana de Almagro, Colegio Pío IX, donde compartió aulas con dos compañeros que con el paso del tiempo se convertirían en figuras históricas de la Argentina: Ceferino Namuncurá y Carlos Gardel.
Los tres integraban el coro del colegio y «Goyo» recordó una anécdota que suele mencionarse en la historia de esa institución: eran alumnos aplicados, aunque inquietos en materia de conducta, una característica propia de la infancia que hoy forma parte del anecdotario salesiano.
Una trayectoria extraordinaria
Tras ordenarse sacerdote en el seminario de Bernal, Silva desarrolló una intensa actividad pastoral y educativa. Fue director del Colegio Don Bosco de Buenos Aires, presidió la Liga de Familias Cristianas y ocupó un cargo de enorme relevancia durante la década de 1940. Fue desigando Ministro Plenipotenciario de la República Argentina, como delegado de la inmigración europea.
Entre 1943 y 1947 trabajó asistiendo a españoles e italianos que buscaban emigrar hacia la Argentina luego de la Guerra Civil Española y de la Segunda Guerra Mundial, facilitando la llegada de numerosas familias que escapaban del hambre y la devastación.
Otro dato destacado de su biografía es que fue docente de Arturo Umberto Illia. Años después, cuando Illia llegó a la Presidencia de la Nación, ambos mantuvieron el vínculo y existen fotografías de los encuentros entre maestro y alumno en la Casa Rosada.

Su vínculo con General Villegas
Aunque desarrollaba su tarea pastoral en otros destinos, el Padre Silva visitó General Villegas con frecuencia durante los años 1962, 1963, 1964 y también en 1966.
Llegaba especialmente para participar de retiros espirituales, celebrar misas, administrar comuniones y colaborar con distintas actividades religiosas, muchas de ellas vinculadas al Instituto María Inmaculada.
Según relató «Goyo», durante la investigación aparecieron numerosos testimonios de vecinos que aún conservan un profundo agradecimiento hacia el sacerdote.
Algunos recordaban que les había dado la Primera Comunión; otros aseguraban que fue un sostén fundamental en momentos difíciles de sus vidas.
También hubo quienes lo describieron como un hombre de gran presencia física, de voz potente y con una capacidad poco común para transmitir serenidad y esperanza.
Sus homilías convocaban a una gran cantidad de fieles y, según los testimonios recopilados, la iglesia solía colmarse cada vez que él predicaba.
Un sacerdote comprometido con la educación
El Padre Silva acompañó además las gestiones vinculadas con los primeros años de la Escuela Agraria de General Villegas, cuando se analizaba la posibilidad de que los salesianos asumieran la conducción de la institución.
Finalmente ese proyecto no prosperó y la escuela continuó bajo otra estructura educativa, aunque Silva permaneció cerca de la comunidad brindando su apoyo. Escribió el libro, La libertad y los derechos del hombre.

Una fotografía histórica
Entre el material recuperado durante la investigación aparece una imagen especialmente valiosa para la historia local.
En ella pueden verse al Padre Silva junto al padre Wesner, el entonces intendente Mario Ochoa, la docente Alcira Lamas y la hermana Estela Dalkaine, quien dirigía el Instituto María Inmaculada.
Fue una de las pocas fotografías que «Goyo» logró encontrar del sacerdote durante sus visitas a General Villegas.
Una investigación construida con aportes de muchas personas
Para reconstruir la historia, el investigador agradeció especialmente la colaboración de Marilyn Baucero Silva, sobrina nieta del sacerdote; de José «Tata» Noriega; y de Soledad Urrestarazu, integrante del Archivo Histórico Salesiano, quien aportó documentación y datos sobre la trayectoria de José Clemente Silva.
También contó con la invalorable colaboración del Dr.Pedro Martín Laburu
La investigación también permitió recuperar numerosos recuerdos de vecinos que coincidieron en destacar su calidad humana, su sencillez y la profunda huella espiritual que dejó en la comunidad villeguense.

