En una nueva edición de “Goyo, el Memorioso”, el espacio dedicado a recuperar historias, personajes y protagonistas de la memoria de General Villegas, la figura elegida fue Luisa Sdrubolini, pianista y profesora de música que desarrolló buena parte de su vida en la ciudad y que quedó en el recuerdo de varias generaciones de alumnos.
La historia de Sdrubolini estuvo ligada desde muy temprano al piano. Nació en Buenos Aires en 1912, hija de inmigrantes italianos, Romeo Sdrubolini y Ángela Marini, oriundos de la provincia de Macerata, en las cercanías de Ancona. Cuando su familia se trasladó a Campana, continuó viajando a la Capital Federal para avanzar con sus estudios de piano, una disciplina que se convirtió en una de las grandes pasiones de su vida.
Una vida marcada por la música y la enseñanza
Según el relato recuperado en el espacio de Goyo, sus padres eran muy exigentes con su formación y esperaban que alcanzara las máximas distinciones. Luisa decidió postergar durante algunos meses su examen final para prepararse mejor y finalmente obtuvo una calificación destacada y la esperada medalla de oro.
Más adelante, una situación de salud llevó a la familia a instalarse en General Villegas, donde el clima resultaba más favorable. Allí comenzó una etapa fundamental de su trayectoria: su trabajo como profesora de música y piano en el Jardín de Infantes N° 901, institución que funcionaba en el edificio donde actualmente se encuentra la Casa de Cultura.
El vínculo con esa institución fue tan importante que quedó asociado a varias generaciones de niños que pasaron por sus aulas. Goyo recordó incluso haber sido alumno suyo y destacó el recuerdo afectuoso que conservaban quienes habían aprendido música con ella.
La enseñanza no fue, sin embargo, la única dimensión de su actividad musical. Luisa también tuvo un papel importante en la formación de pianistas en General Villegas a través del Conservatorio Chopin. Tras el fallecimiento del director de la banda José Seró Vila, su esposa la presentó ante la institución en Buenos Aires y Sdrubolini pasó a desempeñarse como representante del conservatorio en la ciudad.
Los alumnos rendían los exámenes a fin de año y recibian los diplomas correspondientes a cada nivel. Entre quienes pasaron por sus clases se mencionaron músicos que luego tuvieron trayectorias destacadas, entre ellos Jorge Dragone.
El recuerdo de sus alumnos y una trayectoria dedicada al piano
El relato permitió reconstruir también algunos aspectos de la vida cotidiana de Luisa. En sus últimos años vivió en el Barrio Municipal. Antes había residido en la calle Castelli, cerca de la Cámara de Comercio, donde también daba clases.
Su vínculo con los alumnos trascendió el ámbito estrictamente educativo. El testimonio del Dr. Rogelio Lamas permitió recuperar una escena que refleja el reconocimiento que algunos de ellos conservaron durante toda su vida. En una jornada de intensa lluvia, Lamas pasó a buscar a Luisa y a su hermana Zulema para llevarlas al Cine Español, recital de «Los Amigos de la Nada», en una forma de agradecerle todo lo aprendido durante sus años de formación.
También se recordó que Luisa realizó conciertos con sus alumnos en distintos escenarios de General Villegas, entre ellos clubes y el cine. La música ocupó así un lugar central en su vida y en la relación que construyó con quienes aprendieron con ella.
“Yo creo que se casó con el piano Luisa, porque era su pasión”, fue una de las frases utilizadas durante el recuerdo para describir la intensidad de ese vínculo con la música. Quienes fueron sus alumnos, según se relató, la recordaron con mucho cariño. Tenía dos pianos, uno de cola y otro vertical. Sus alumnos se disputaban quien tocaba en el de cola que era el preferido de todos.

La relación con Manuel Puig y las cartas que atravesaron una novela
Uno de los aspectos más particulares de la historia apareció a partir de la relación de vecindad que Luisa mantuvo con Manuel Puig. Ambos vivieron cerca y mantuvieron contacto a lo largo de los años.
Según el material recuperado por Goyo, Puig le enviaba postales desde distintos lugares del mundo, entre ellos Nueva York, Italia y Hawái. También le escribía cartas en las que le contaba aspectos de su vida y de sus viajes. Algunas de esas postales habrían quedado en manos de Patricia Bargero, quien aportó documentación para reconstruir la historia.
La relación adquirió otra dimensión cuando Luisa leyó “La traición de Rita Hayworth”, primera novela de Puig. En el relato aparece una profesora de piano llamada Herminia, vinculada al personaje de Toto. Al reconocer elementos de su propia historia, Luisa habría identificado a ese personaje con ella misma y a Toto con Puig.
El recuerdo recuperado señala que esa identificación no le habría resultado agradable, especialmente porque interpretó que la novela incluía aspectos íntimos que la exponían. Sin embargo, públicamente habría mantenido una actitud de reconocimiento hacia Puig y lamentó su muerte temprana.
Una placa que mantiene viva su memoria
El paso de Luisa por la educación musical de General Villegas también quedó registrado en una placa colocada en el Jardín 901. El homenaje lleva la referencia al Aula de Música Luisa Sdrubolini y el año 1954, vinculado al comienzo de su historia en esa institución. La placa habría sido colocada en 2004, mientras que Luisa falleció en 2000.
La reconstrucción de su historia no resultó sencilla. Como no quedaron descendientes de Luisa en General Villegas, fue necesario recurrir a exalumnos, personas que conservaban recuerdos y vecinos que pudieron aportar documentación y datos. Entre las fuentes mencionadas estuvieron el Dr. Carlos García, Patricia Bargero, Raquel Piña y personas vinculadas al Centro de Historia Regional, además de otros colaboradores que ayudaron a localizar información sobre su vida y su sepultura.
Luisa falleció el 7 de junio de 2000, a los 88 años. Su historia quedó vinculada a la música, a la enseñanza y a varias generaciones de alumnos que la recordaron por su manera de transmitir el amor por el piano. La sensibilidad, el talento y su magia en los teclados la convirtieron en una mujer inolvidable.
El espacio de Goyo volvió así a recuperar una historia que permanecía dispersa entre recuerdos personales, documentos y testimonios. En este caso, la figura de una profesora que hizo de la música una parte central de su vida y que dejó, en las aulas y en quienes aprendieron con ella, una huella que todavía permanece en la memoria de General Villegas.

