Llegó desde General Pinto y en 1943 abrió la Confitería y Pastelería Jockey Club. Sus masas finas, tortas, helados y especialidades quedaron grabadas en la memoria de varias generaciones. La historia familiar continuó con la whiskería Lonchi, otro lugar emblemático de la ciudad.
La historia comercial de General Villegas está construida por nombres que trascendieron sus propios negocios y se convirtieron en parte de la identidad de la ciudad. Uno de ellos fue Walterio Monti, fundador de la Confitería y Pastelería Jockey Club, recordado en una nueva entrega de Goyo, el Memorioso, el espacio de FM Actualidad protagonizado por Román Alustiza.
Walterio era hijo de Martino Giuseppe Domenico Monti, oriundo de Torino, Italia, y de Julia Estévez. Durante sus primeros años estuvo vinculado con la vida rural en General Pinto, donde trabajó en una chacra. Sin embargo, tomó una decisión que modificó definitivamente el rumbo familiar: dejó el campo, se instaló en General Villegas y comenzó una actividad completamente diferente.

El nacimiento de una pastelería histórica
En 1943 abrió la Confitería y Pastelería Jockey Club de Walterio Monti. En una época en la que predominaban las panaderías dedicadas al pan, las galletas y algunas facturas, su establecimiento incorporó una propuesta especializada en pastelería y masas finas.
Para aprender el oficio fue contratado un maestro pastelero proveniente de Buenos Aires, recordado como don Zoilo. Durante varios años trabajó junto con la familia y transmitió los conocimientos necesarios para desarrollar una producción que pronto alcanzó reconocimiento regional.
La calidad fue el principal sello del negocio. Se utilizaban buenas harinas, azúcar refinada, manteca y huevos de campo, sin reducir costos a expensas del producto. El resultado fueron especialidades que permanecieron en la memoria de los vecinos: el imperial ruso, la milhojas, los cañoncitos, las bombas de crema, los bombones, las masas finas y los helados.
La confitería comenzó a recibir clientes de General Villegas y de diferentes localidades de la zona. Durante décadas, los casamientos, aniversarios y cumpleaños tuvieron en las tortas de Monti una presencia casi obligada.
Walterio estaba casado con Ana Vignati, con quien tuvo seis hijos: Lilian, conocida como Chiquita; Edison, Pichón; José Rubén, Cacho; Luis Alberto, el Chueco; Jorge Horacio, Tero; y Ana María, la Negra. Los cuatro primeros nacieron en General Pinto, mientras que los dos menores lo hicieron en General Villegas.
Toda la familia participó, en distintos momentos, de la actividad comercial. Con el paso de los años, algunos de los hijos tomaron otros caminos, aunque el apellido Monti siguió estrechamente relacionado con aquella pastelería.

Lonchi, otro lugar que dejó huella
La historia familiar tuvo un segundo capítulo con la apertura de la whiskería Lonchi, aproximadamente entre 1965 y 1966. El negocio comenzó en un espacio pequeño y luego se trasladó a un local más amplio, ubicado hacia la esquina del Banco Provincia.
El nombre surgió de la combinación de los apodos de dos de sus responsables: “Lon”, por Longo, como llamaban a Cacho, y “Chi”, por Chiquita. La atención estaba a cargo de Chiquita, Cacho y el Chueco, conocido como Coco dentro de la familia. También trabajó con ellos Juan Carlos Mackay.
Lonchi no fue solamente un bar. En su subsuelo funcionó una pista de Scalextric, donde niños, adolescentes y adultos hacían competir pequeños autos eléctricos. El Chueco se especializaba en preparar los vehículos, combinando motores, coronas, piñones y neumáticos para mejorar su rendimiento.
Durante el día, la pista reunía a los más chicos. Por la tarde y la noche llegaban los competidores mayores, y las carreras se volvían más intensas. El lugar también tuvo tiro al blanco y fue escenario de encuentros, amistades, noviazgos y numerosas anécdotas que todavía circulan entre quienes vivieron aquella época.
La última torta de Monti
Un dato aportado por oyentes permite señalar el cierre simbólico de aquella extensa trayectoria. La última torta fue preparada para el casamiento de Olga Larramendy y Luis Boschi, celebrado el 22 de septiembre de 1979, hace casi 47 años.
Queda también en la memoria popular el kilo de masas para quien pasara en primer lugar por la masitería tras largarse el viejo Maratón de los Barrios desde el Bar Carlitos (al lado de donde está hoy la sede del Club Eclipse). Había otro kilo para quien terminara último la competencia. Aseguran otros memoriosos del pueblo que Jacobo Bienz, apodado el Croto, ganaba su primer kilo de masas con el sprint inicial y luego, fundido por el esfuerzo, coronaba el segundo paquete de masas cruzando la meta en el último puesto.
El paso del tiempo no borró el recuerdo. Todavía se habla de “las masas de Monti” y de una calidad que marcó una época. Walterio había pasado del trabajo rural a construir una confitería de referencia y una tradición familiar. Su historia confirma que algunos comercios dejan de ser solamente comercios: se transforman en lugares de pertenencia y permanecen, durante generaciones, en la memoria de una ciudad.


