En una nueva edición de Herencia Viajera, Romina Domínguez presentó una propuesta de viaje de diez días por Perú, que incluye Lima, Cusco, el Valle Sagrado de los Incas y Machu Picchu. El recorrido busca ir más allá de la visita tradicional a la ciudadela inca y sumar experiencias culturales y gastronómicas.
Perú aparece entre esos destinos que muchas personas tienen en su lista de lugares por conocer. Sus paisajes, la historia de las civilizaciones precolombinas, las ciudades coloniales y una gastronomía reconocida internacionalmente convierten al país en una alternativa que permite combinar diferentes experiencias en un mismo viaje.
Romina Domínguez, de Herencia Viajera, explicó que la propuesta contempla aproximadamente diez días en destino y comienza en Lima, para luego avanzar hacia Cusco, el Valle Sagrado y finalmente Machu Picchu. Para quienes opten por viajar en vehículo particular, aclaró que el tiempo total debería extenderse a unos 16 o 17 días, considerando los trayectos de ida y vuelta.
“Para no estresarnos, aquellos que no están muy acostumbrados a distancias tan largas, el avión nos resuelve. Uno llega seguro, llega descansado”, señaló Domínguez, aunque aclaró que también es posible realizar el recorrido por tierra si se cuenta con el tiempo necesario y se planifican las paradas.
Lima, la puerta de entrada a la gastronomía peruana
La primera etapa del recorrido propone dedicar al menos dos días a Lima. Para Domínguez, no debería ser simplemente la ciudad donde se aterriza antes de continuar hacia Cusco, ya que ofrece atractivos propios, tanto culturales como gastronómicos.
Uno de los grandes protagonistas es el ceviche, preparado con pescado fresco, lima, ají, cebolla morada y cilantro, acompañado por la tradicional leche de tigre. Pero la gastronomía limeña ofrece mucho más: tiraditos, anticuchos, ají de gallina, pescados, mariscos y diferentes preparaciones vinculadas con la influencia china y japonesa.
“Comer ceviche en Lima es como el obligado”, destacó Romina, quien también recomendó recorrer los mercados y buscar establecimientos frecuentados por la población local para conocer la cocina desde una perspectiva más auténtica.
La ciudad también permite recorrer su zona histórica, con la catedral, iglesias, plazas y construcciones que reflejan diferentes períodos de su historia.
Cusco y la importancia de adaptarse a la altura
Desde Lima, el recorrido continúa hacia Cusco, ubicada a unos 3.400 metros sobre el nivel del mar. La altura es uno de los aspectos que, según Domínguez, debe contemplarse especialmente al organizar el viaje.
“No es un lugar donde uno llega, tira la valija en el hotel y sale corriendo a subir montaña”, explicó. La recomendación es tomarse el tiempo necesario para adaptarse, hidratarse y caminar despacio durante las primeras horas.
Cusco fue la capital del Imperio Inca y conserva numerosos testimonios de esa época, combinados con construcciones coloniales. Entre los lugares mencionados se encuentran la Plaza de Armas, el Coricancha —antiguo templo del Sol— y Sacsayhuamán, con sus enormes bloques de piedra.
La gastronomía también cambia al avanzar hacia los Andes, con mayor presencia de papa, maíz, choclo y quesos. En ese sentido, Perú se destaca por la enorme diversidad de variedades de papa nativas de la región andina.

El Valle Sagrado antes de llegar a Machu Picchu
El recorrido continúa por el Valle Sagrado de los Incas, donde aparecen distintos sitios de interés como Pisac, Chinchero, Moray y las Salinas de Maras.
Uno de los puntos destacados es Ollantaytambo, que no solamente conserva importantes restos arqueológicos sino que también es un pueblo que mantiene estructuras y calles vinculadas con la planificación urbana inca.
Antes de tomar el tren hacia Machu Picchu, Domínguez propuso además experimentar la pachamanca, una preparación tradicional de la cocina andina en la que carnes, papas y habas se cocinan bajo tierra, utilizando piedras previamente calentadas.
Desde Ollantaytambo, el tren recorre el valle del río Urubamba entre las montañas hasta Aguascalientes, también conocido como Machu Picchu Pueblo. Allí se realiza el alojamiento previo a la visita de la ciudadela.
Machu Picchu: mucho más que la foto tradicional
Machu Picchu constituye el punto culminante del viaje, aunque la propuesta de Herencia Viajera apunta a conocer y comprender el lugar más allá de la imagen emblemática.
Domínguez explicó que actualmente la visita está organizada mediante tres grandes circuitos que incluyen diez rutas diferentes. Por ese motivo, recomendó informarse previamente sobre qué recorrido se desea realizar, ya que la elección del circuito determina la experiencia dentro del sitio.
Además, durante la temporada alta existe un límite diario de visitantes, por lo que aconsejó adquirir las entradas con anticipación.
La ciudadela se encuentra a unos 2.500 metros sobre el nivel del mar y está rodeada de montañas y vegetación. Fue construida por los incas en el siglo XV y conserva templos, plazas, terrazas agrícolas y sistemas destinados al manejo del agua.
“Lo impresionante de estar ahí es entender cómo se integra la montaña”, sostuvo Romina, al destacar la relación entre la arquitectura y el entorno natural.
Cuándo viajar y qué tener en cuenta
Para la zona de Cusco, Machu Picchu y el Valle Sagrado, la temporada seca se extiende entre mayo y septiembre. Según explicó Domínguez, es el período más recomendable, debido a la menor cantidad de lluvias y la posibilidad de encontrar cielos más despejados.
De todos modos, aclaró que las noches en Cusco pueden ser muy frías y llegar hasta los cero grados.
La preparación física también es un aspecto importante. La altura, la humedad y las caminatas pueden representar un desafío, por lo que recomendó conocer las propias limitaciones antes de elegir determinadas rutas.
En relación con la edad, señaló que no existe un límite estricto para visitar Machu Picchu, aunque a partir de los 70 años pueden solicitarse formularios de salud y documentación vinculada con seguros y condiciones físicas.
Uno de los accesos peatonales implica aproximadamente 1.700 escalones de piedra, por lo que la exigencia física no debe subestimarse.
Un viaje que también se disfruta desde la gastronomía
La propuesta de Herencia Viajera busca incorporar la gastronomía como parte fundamental del recorrido. Además del ceviche, aparecen platos y productos vinculados con las diferentes regiones del país.
En los Andes, la variedad de papas, el choclo con queso y otras preparaciones tradicionales permiten conocer parte de la identidad cultural peruana. También se destacan los picarones, unos anillos fritos elaborados con zapallo y camote y acompañados con especias.
“Es como una cocina que se mezcla con lo indígena, con lo español, con lo chino, con lo japonés”, resumió Domínguez, quien volvió a destacar al ceviche como uno de los grandes emblemas de la gastronomía peruana.
La propuesta de viaje de Herencia Viajera, de esta manera, combina naturaleza, historia, cultura, gastronomía y aventura en un recorrido que permite conocer Perú más allá de Machu Picchu.
Para quienes quieran recibir asesoramiento sobre este viaje u otras propuestas, Romina Domínguez indicó que pueden comunicarse con Herencia Viajera al 3388-5382-73.