El villeguense Nicolás Erro volvió a conversar con GPS Villeguenses por el Mundo y compartió una nueva etapa de su historia de vida en Oceanía. Después de atravesar años de incertidumbre migratoria, vivir dos años y medio separado de su pareja, conseguir trabajo en Nueva Zelanda, obtener la residencia permanente australiana, casarse con Amaia Yeregui y regresar juntos a Tasmania, la pareja dio recientemente otro paso importante: compró su propia casa.

La historia de Erro había comenzado varios años atrás, cuando decidió dejar Argentina y probar suerte en Australia. En una de las últimas conversaciones con el programa, atravesaba un período de incertidumbre que terminó llevándolo a Nueva Zelanda, prácticamente desde cero y con apenas tres meses para conseguir un trabajo que le permitiera permanecer allí.
La búsqueda no fue sencilla. Durante aproximadamente dos meses y medio vivió en un hostel, compartiendo un espacio reducido con otras personas, mientras recorría durante ocho o nueve horas diarias distintos lugares en busca de una oportunidad laboral. Finalmente, una empresa de logística lo contrató para conducir un camión y realizar repartos a hoteles, supermercados y otros establecimientos.
El trabajo le permitió obtener el respaldo necesario para continuar en Nueva Zelanda y, con el tiempo, construir una vida rodeado de amigos y en contacto permanente con la naturaleza. La montaña, los lagos, el invierno, la nieve y el snowboard se convirtieron en parte de una experiencia que, pese a las dificultades, recuerda como una de las etapas más importantes de su vida.
Durante ese período, Nicolás y Amaia mantuvieron una relación a distancia. Ella permaneció en Tasmania mientras él estaba en Nueva Zelanda y llegaron a pasar hasta cuatro o cinco meses sin verse. Los viajes para reencontrarse representaban un importante esfuerzo económico, pero ambos entendieron que eran fundamentales para sostener la relación.
Según explicó Erro, la distancia terminó fortaleciendo a la pareja, aunque también los obligó a enfrentar dificultades y a acostumbrarse a vivir de manera independiente. “Nos hicimos más resilientes, más fuertes”, señaló al recordar aquellos años.
Una visa que cambió el rumbo
Después de una espera de aproximadamente dos años, finalmente llegó la noticia que ambos estaban esperando: la aprobación de la residencia permanente australiana. El anuncio coincidió con los diez años de relación y abrió una nueva etapa.
Con la estabilidad migratoria conseguida, llegó también una propuesta de casamiento. Nicolás había preparado la sorpresa para hacerla durante un viaje a Bali, pero el anillo no llegó a tiempo y finalmente realizó la propuesta en medio de las montañas de Nueva Zelanda.
El casamiento se celebró en Argentina, en Emilio V. Bunge, junto a familiares y amigos. La celebración reunió a unas 200 personas y significó, para ambos, el cierre de una etapa marcada por la distancia y la incertidumbre.
Después de la boda regresaron juntos a Tasmania, esta vez como residentes permanentes y con la posibilidad de proyectar una vida en común. Para Nicolás, volver a la contabilidad también representó un desafío, ya que llevaba siete años alejado de la actividad y no contaba con experiencia en el mercado laboral local.
Finalmente consiguió trabajo en una empresa que provee agua a todo Tasmania y volvió a desempeñarse en su profesión. La estabilidad laboral y la posibilidad de trabajar parte del tiempo desde su casa fueron determinantes para que ambos decidieran permanecer en la isla.

De alquilar durante años a tener su propia casa
Después de cinco años viviendo en el mismo departamento, la pareja comenzó a buscar una vivienda más grande. En ese proceso descubrieron que podían acceder a un programa que permitía financiar una casa con un depósito del 5%.
Lo que comenzó casi como una curiosidad terminó convirtiéndose en una carrera contra el tiempo. Tenían apenas 20 días para encontrar una propiedad, conseguir la aprobación bancaria, realizar las inspecciones y completar los trámites.
Contra todos los pronósticos, lo consiguieron. En apenas 20 días compraron una casa y se mudaron.
“Todavía estamos cayendo de que no vamos a tener que pagar más renta”, contó Nicolás durante la entrevista. Para ellos, la vivienda representa estabilidad después de años de mudanzas y decisiones tomadas sobre la marcha.
Sin embargo, Erro aclaró que no la consideran necesariamente su destino definitivo. Tasmania es hoy su hogar, pero mantienen abierta la posibilidad de que en algunos años la vida los lleve hacia otro lugar.
Entre Tasmania y Argentina
Nicolás reconoció que Tasmania se convirtió en su hogar, pero aseguró que Argentina continúa ocupando un lugar central en su vida. Durante su actual viaje por España, donde visitan familiares y recorren distintos lugares, la pareja también aprovecha para reencontrarse con amigos que conocieron durante su experiencia en Australia.
“Donde estemos, si estamos en buena compañía, sentimos que es un hogar”, expresó.
Entre las cosas que más extraña de Argentina mencionó la espontaneidad, las reuniones familiares, los amigos, los mates, los asados y las largas sobremesas. Al mismo tiempo, destacó aspectos de la vida australiana que hoy valora especialmente, como el poder adquisitivo del salario y el valor que allí adquiere el tiempo.
Para los próximos años, él y Amaia imaginan una vida que les permita combinar ambos mundos: pasar temporadas en Australia y otras en Argentina, sin dejar de lado a sus familias.

“Entender por qué uno se va”
Consultado sobre qué le diría a alguien de Villegas que está pensando en emigrar, Nicolás sostuvo que antes de tomar una decisión es fundamental entender cuál es la razón que impulsa el viaje.
“Esa razón va a ser súper importante”, explicó, porque comenzar una vida en otro país implica afrontar dificultades sin la red de contención que existe en el lugar de origen.
También reconoció un error de su propio recorrido: haber tomado decisiones migratorias sin recurrir desde el comienzo al asesoramiento de un profesional especializado. Según su experiencia, las reglas pueden cambiar rápidamente y contar con alguien que conozca el sistema puede evitar problemas.
A pesar de las dificultades, Erro aseguró que volvería a tomar la decisión de irse. Considera que los desafíos, la necesidad de adaptarse y la experiencia de comenzar de cero lo ayudaron a crecer y a convertirse en una persona más resiliente.
Hoy, desde España y con Tasmania como hogar, Nicolás mira hacia atrás con orgullo. Aquella historia que comenzó con un viaje hacia lo desconocido continuó con años de incertidumbre, una relación sostenida a la distancia, una residencia, un casamiento y, ahora, una casa propia. La historia, sin embargo, todavía está abierta y, como él mismo reconoce, puede cambiar de rumbo nuevamente.

