Por estos días se habla de la posibilidad de finalizar la nueva terminal de ómnibus, que estaría ubicada cerca del cruce de las rutas 188 y 33, lo que permitiría un mayor movimiento de pasajeros. Debemos recordar a los señores lectores que esta obra, iniciada en 2011 y finalizada originalmente en 2013, ha sufrido demoras y ahora se buscaría finalizarla. Mientras tanto, hasta que no se culmine, los colectivos seguirán entrando al centro de nuestra ciudad a levantar o dejar pasajeros. Por ende, vamos a hablar de la actual terminal de micros, con su historia y una sorpresa que creo les va a gustar.
La piedra fundamental de la terminal de ómnibus fue colocada a fines de 1957 por la firma compuesta por Gerardo Venere y Blas Burzio, momento en el que comenzó a construirse dicho lugar. Para 1959 se llamó a una licitación para construir la playa de estacionamiento, que fue adjudicada a la empresa de Gabriel Lara, y el 28 de septiembre de 1961 se inauguró finalmente este lugar.
La terminal contaba, y aún cuenta, con cinco plataformas para que los micros se estacionen y esperen el movimiento de quienes suben o bajan. El edificio en sí contaba con dos grandes sectores. En uno estaba un buffet que era bastante amplio, buscando que los ciudadanos de nuestra ciudad pudieran pasar el momento esperando al micro o simplemente estar con amigos y disfrutar de las vivencias de nuestra ciudad. Una vez que ese buffet se cerró, quedó en abandono hasta que se lo convirtió en depósito de archivos municipales.
En el medio había un pasillo que, una vez cerrado el buffet, se convirtió en un lugar de repugnancia y que desde 2008 fue cerrado por el municipio, en una medida acertada en mi opinión. En la otra parte del edificio, y por lo poco que recuerdo, estaban el kiosco, los baños y las boleterías donde las empresas tenían parada.
Después de los cambios hechos, el lugar pasó a cumplir otra función: ser panadería. Para 2004 era el taller Jesús Pan de Todos, administrado por la Acción Católica, y luego fue una panadería comercial hasta que en 2023 pasó a ser lugar de depósito de la Municipalidad. También había paradas para taxis y un teléfono sobre la calle Pueyrredón.
De lo que sí recuerdo era de la entrada por Pueyrredón de los micros, en ese entonces de un piso, en la cual el chofer tenía que tener suficientes agallas para subir la rampa y así estacionarse en la plataforma asignada. Eso fue así hasta 1997 aproximadamente, cuando la evolución de los micros, ahora de piso y medio, hizo imposible usar la citada rampa y se cambió la entrada, que pasó a ser por calle Rivadavia, que era la misma de salida.
Primero era un camino de tierra con una curva muy generosa, hasta que en 2004 se decidió asfaltar la entrada y salida. Entonces los micros comenzaron a ingresar por esa calle asfaltada y se decidió conservar la curva a fin de evitar accidentes. Eso sí: mientras la obra avanzaba, los colectivos paraban en la vereda.
Después del cambio, el nuevo bar se ubicó en el lugar de la rampa y se creó un nuevo espacio con nuevos baños, más boleterías y un nuevo kiosco para que el pasajero tuviera de qué proveerse antes del viaje.
Las primeras empresas que usaron esta terminal fueron Liniers (General Villegas-Retiro), Rojas (hoy Cóndor Estrella) y algunas regionales. Hasta el día de hoy, las empresas que pasan por esta terminal son Dumas Cat (a La Plata y Santa Rosa), Vía Bariloche (a Córdoba, Neuquén, Mar del Plata y Pirané), Plusmar (a La Plata y América), Cóndor Estrella, Flecha Bus (ex Pullman General Belgrano, con servicios a Buenos Aires, América y General Pico) y Ñandú del Sur (Córdoba, Punta Alta, Bahía Blanca y Paraná).
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En el pasado usaron esta terminal Central Argentino de Rosario (a Caleta Olivia y Rosario); Nueva Chevallier S.A. (que para en la garita o en el acceso en el servicio a San Rafael y antes entraba con servicios a Rosario y Neuquén); Andesmar (que pasa por Villegas y usa la garita y antes tenía servicio a Mendoza); Río Paraná (con la combi o el bus propiedad de Daniel Riera, que era un espectáculo y, de hecho, heredó un servicio de Ñandú del Sur a Trenque Lauquen y luego a Bahía Blanca); Grupo Plaza; El Rápido Argentino (que absorbió el servicio de la citada previamente y, adicionalmente, tenía un servicio extra Mar del Plata-Mendoza); El Rápido (a Mar del Plata y Córdoba); Las Grutas (a Bahía Blanca); Pullman General Belgrano (a Retiro por rutas 188 y 226); TAC Coop. Ltda. (a Mendoza); Autotransportes General Pico (a General Pico y Carlos Tejedor); Autotransportes San Juan; Transportes 20 de Junio (que iban a Mar del Plata, Mendoza y San Juan) y un servicio que hacía Villegas-Rufino.
Algo último que recuerdo era la cantidad de micros estacionados que había durante los fines de semana largos: hasta seis micros. En sí, esta es más o menos la historia de la actual terminal de ómnibus.
La terminal de ómnibus que se quiere terminar, si bien en lo personal puede ayudar, a mi juicio llega tarde, porque ahora la demanda ya no es de una cantidad importante. Es decir, si se hubiera construido en el año 2001, seguramente se hubiera aprovechado mejor el lugar, en el cual habría existido un movimiento constante de micros, tanto nacionales como zonales.
De ser terminada y puesta en funcionamiento, solo sería aprovechada para los servicios de Flecha Bus (a Neuquén), Nueva Chevallier, Andesmar y tal vez La Unión (a San Rafael), además de lo mencionado previamente. Aun así, no sería suficiente y entonces la solución sería copiar la terminal de Junín que, además de boleterías y kioscos, tiene un shopping donde se puede comprar ropa y hasta un local de McDonald’s.
De otra manera sería un fracaso y, además, un despilfarro de recursos notable, mientras que la actual terminal, con menos y un buen cambio, ha quedado bien. Aunque no es lo que queremos en nuestros deseos, se produjo un cambio de imagen y además se está haciendo un nuevo salón de compras.
Para cerrar la columna creo, en mi humilde opinión, que la actual terminal de ómnibus debería llevar el nombre de Antonio Carrozzi (o Carrizo), y ese sería el mejor homenaje que se le podría dar a este ciudadano ilustre y evitar, así, todo el show que se hizo por el cambio del edificio de la UNNOBA, del cual seguramente Antonio Carrozzi no estaría conforme, ya que se lo usó como una forma de intentar reescribir la historia de nuestra ciudad y así usar su persona como ejemplo positivo y desprestigiar a otros por sus aspectos negativos o porque no tienen el aura de ser grandes valores para esta ciudad.
*El autor es abogado
Fuentes: suplemento especial del diario Actualidad del 28 de julio de 2006; General Villegas, casi un siglo, de Enrique Specogna; y página de Facebook General Villegas en el Recuerdo.