La delegación organizada por la parroquia Nuestra Señora del Carmen reunió a más del doble de participantes que el año anterior. La lluvia y las demoras en los accesos complicaron el recorrido, que comenzó el sábado por la mañana y terminó el domingo, cerca de las 6.
Alrededor de 200 personas participaron de la peregrinación a Luján junto a la parroquia Nuestra Señora del Carmen. La convocatoria superó el doble de la edición anterior y exigió ampliar la organización para acompañar a los caminantes durante el trayecto desde Liniers hasta la Basílica.
Después del regreso, Rubén Salinas, integrante de la organización y del grupo de apoyo, contó en diálogo con Actualidad cómo transcurrió la experiencia. Destacó la cantidad de participantes, el esfuerzo de quienes colaboraron y la emoción de llegar, en un fin de semana en el que la lluvia y las dificultades de circulación pusieron a prueba la logística.
Una convocatoria que aumentó el desafío
“Fuimos alrededor de doscientos en total”, señaló Salinas. Según explicó, se incorporaron personas de distintas comunidades y muchos participantes que peregrinaron por primera vez con el grupo de la parroquia.
El crecimiento de la delegación generó preocupación durante los preparativos. Había que prever los elementos necesarios y organizar la asistencia para un número de personas considerablemente mayor. “Era un desafío más grande, el doble”, expresó. Sin embargo, su balance fue positivo: consideró que pudieron atender al grupo y resolver las dificultades que aparecieron durante el camino.
Salinas también destacó la concurrencia que observó a lo largo del recorrido. Contó que participó de la peregrinación desde aproximadamente 2013 y que nunca había visto un flujo de caminantes tan continuo. “No dejaba de pasar gente”, recordó, sin precisar una cifra total de asistentes.
La lluvia y un recorrido de unas veinte horas
La posibilidad de lluvia estuvo presente durante toda la semana previa. Por ese motivo, desde la organización pidieron a los peregrinos que fueran preparados para atravesar el recorrido con ropa y elementos adecuados.
El grupo llegó a Liniers bajo la lluvia. Aunque Salinas aclaró que no llovió demasiado durante la experiencia, explicó que la humedad produjo dificultades, especialmente en los pies. La ropa mojada y el calzado húmedo se hicieron sentir con el paso de las horas.
La salida desde Liniers se produjo alrededor de las 10 del sábado y la llegada a la Basílica fue cerca de las 6 del domingo. El recorrido demandó unas veinte horas, algo más de lo habitual. Salinas vinculó esa demora con una partida más tardía y con cambios en los lugares previstos para las paradas, algunos de los cuales estaban cerrados.
Para quienes participaban por primera vez, el temor principal fue no poder completar la caminata. Según contó, esa incertidumbre disminuyó durante el trayecto y el acompañamiento de otros peregrinos ayudó a sostener el esfuerzo. “Sobre todo cuando van en comunidades, eso te ayuda también a poder seguir y a llegar”, afirmó.

Dos horas para que el apoyo llegara a la Basílica
Las demoras también afectaron a quienes se trasladaron para recibir y asistir a los caminantes. Salinas explicó que el grupo de apoyo tardó unas dos horas en llegar desde General Rodríguez hasta la Basílica, un traslado que en otras ediciones les había demandado entre veinte minutos y media hora.
La cantidad de vehículos y los cortes en los accesos complicaron la circulación. La demora fue tal que llegaron a preocuparse por la posibilidad de que los peregrinos arribaran antes que quienes debían recibirlos.
Salinas permaneció en el lugar hasta aproximadamente las 8 del domingo, cuando terminó de verificar que el último integrante del grupo estuviera arriba de los micros. A esa hora, recordó, todavía había una importante cantidad de personas en las inmediaciones de la Basílica.
El agradecimiento a quienes acompañaron
En su balance, Salinas destacó a los bomberos que se sumaron este año y a las personas que se incorporaron al grupo de apoyo. Valoró su disposición para colaborar y el trabajo que realizaron durante la peregrinación.
También agradeció a Sergio Verón, quien volvió a aportar su camión sin costo para trasladar los elementos necesarios, y a su familia. Mencionó especialmente a su hijo, que acompañó a la delegación y trabajó junto a los demás colaboradores.
La tarea continuó al regresar, con la descarga del camión y el acondicionamiento de los materiales. Aunque el cansancio todavía se hacía sentir, Salinas expresó su satisfacción por haber participado y por la emoción compartida al llegar a Luján: “Uno lo hace desde el corazón y con mucho gusto”.

