Emiliano Betanzo presentó este sábado 24 de octubre Contengo multitudes. Vida de Antonio Carrizo en el hall del Palacio Municipal, acompañado por José «Pepe» Carrozzi, hijo del recordado locutor. El encuentro, moderado por Celina Fabregues, recuperó la trayectoria del comunicador, sus vínculos familiares y su relación con General Villegas, con testimonios que acercaron al público al hombre detrás de una de las voces más reconocidas de la radio argentina.
Para el autor villeguense, la presentación tuvo un significado particular: compartir el resultado de su investigación con familiares, amigos y vecinos, en un edificio ligado a su propia historia. Para Carrozzi, fue también una oportunidad de reencontrarse con personas y recuerdos que marcaron la vida de su padre y que siguen formando parte de la suya.
Una presentación ante su gente
Después de haber presentado el libro en Radio Nacional, Betanzo reconoció que el encuentro en su ciudad natal tuvo otro peso afectivo. En diálogo con Actualidad, recordó una declaración de Carrizo que encontró durante la investigación y que lo ayudó a explicar sus propias sensaciones: «Antonio decía que la opinión que más le importaba era la de General Villegas».
La presencia de figuras reconocidas de la radio en Buenos Aires había sido importante, pero volver a su lugar de origen lo conectó con una dimensión más personal del trabajo.
«Uno cuando viene a Villegas y ve a su familia acá, a la gente que conoce, sus amigos, la mamá de sus amigos, la gente con la que se crió, es distinto», expresó. A eso se sumó el escenario elegido: el Palacio Municipal, donde sus padres trabajan durante más de 30 años.
Aunque vive en Buenos Aires desde hace más de dos décadas, Betanzo aseguró que mantiene una relación permanente con la ciudad. «Es mi lugar en el mundo, sin duda», afirmó. Contó, además, que regresa con frecuencia y que sus hijos también le piden visitar General Villegas, donde tienen amigos.
Las huellas que dejó Carrizo
El libro reconstruyó la vida del locutor a partir de una investigación que combinó búsquedas en internet, entrevistas con familiares y amigos, bibliografía y archivos fotográficos. Betanzo explicó que el proceso avanzó de manera gradual, con el propósito de reunir información que hasta entonces se encontraba dispersa.
La palabra del propio Carrizo ocupó un lugar central. Sus entrevistas permitieron recuperar recuerdos y opiniones, mientras que el cuidado con el que había identificado muchas fotografías facilitó la reconstrucción de distintos momentos de su trayectoria.
«Él dejó muchas entrevistas y dejó muchas fotos fichadas. Cuando daba vuelta la foto del archivo, sabía el lugar, quién estaba y el año», señaló el autor.
Por ese aporte, Betanzo incluyó al protagonista entre las «colaboraciones involuntarias» del libro, una referencia que utilizó con humor para reconocer cuánto había contribuido Carrizo a preservar su propia historia.
También destacó el acompañamiento de la familia y, especialmente, los relatos de Pepe. «Sin la familia, sin las anécdotas de Pepe, sin todo eso no hubiese sido posible», sostuvo.
El trabajo permitió abordar tanto la figura pública como aspectos menos conocidos de su infancia, su intimidad y sus años en General Villegas. Para Betanzo, investigar implicó el placer de buscar, relacionar datos y conectar historias. Al finalizar la presentación, resumió su satisfacción con una expresión: «Misión cumplida con el libro y muy agradecido».
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Pepe Carrozzi y los afectos que permanecen
La participación de José «Pepe» Carrozzi aportó la mirada de un hijo que habló desde sus recuerdos y emociones. Durante la entrevista con Actualidad, explicó que su cariño por General Villegas estaba ligado a personas concretas, muchas de las cuales ya no están.
«Para mí Villegas está enormemente plagada de gente que uno quiere, que la llevamos adentro y que papá adoraba», expresó. La evocación de esos afectos lo emocionó durante el encuentro y volvió a conmoverlo al conversar después de la presentación.
Carrozzi dejó claro desde qué lugar había elegido contar la historia: «Como yo soy el hijo, yo no soy un espectador». Su testimonio reunió el reconocimiento a su padre con una mirada personal sobre lo que significó crecer junto a una figura de tanta proyección pública.
Consultado sobre cómo había sido ser hijo de Antonio Carrizo, evitó una respuesta idealizada. «Fue muy difícil, fue muy maravilloso, hubo momentos que no me gustaron y hubo momentos que recuerdo con adoración», manifestó.
También dedicó palabras de reconocimiento al autor. Lo describió como una persona inteligente e íntegra y destacó el esfuerzo que puso en la investigación: «Lo ha hecho con unas ganas bárbaras y trabajó como loco».
Las pequeñas pasiones detrás del micrófono
Entre los recuerdos compartidos aparecieron gustos cotidianos que mostraron otra faceta de Carrizo. Pepe evocó su amor por el verano y los grandes calores de La Pampa, así como el placer que encontraba en recorrer pueblos y visitar sus clubes a la hora de la siesta.
También recordó una de sus discusiones predilectas: la defensa de las medialunas de grasa frente a las de manteca. Según contó, Carrizo convertía esa preferencia en una polémica que disfrutaba sostener, con la misma intensidad con la que se involucraba en tantas otras conversaciones.
Esas anécdotas acercaron al hombre de los libros, la radio y las entrevistas a una escala familiar. El libro y la presentación reunieron ambas dimensiones: la trayectoria de una figura de la cultura argentina y la vida de alguien que conservó un fuerte vínculo con sus orígenes.
Antes de despedirse, Pepe volvió a hablar de caminar por las calles de la ciudad, reconocer caras y reencontrarse con amigos y abrazos. Lo sintetizó en dos palabras que quiso repetir: «Villegas querida».