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María Patiño, a 50 años del Jardín del IMI: “Sentimos que fue una verdadera fiesta”

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El reconocimiento a las primeras docentes del nivel Inicial

La directora del Jardín de Infantes del Instituto María Inmaculada (IMI) destacó la emoción del acto por las Bodas de Oro de la institución, que reunió a las primeras docentes, los primeros egresados, las familias y la comunidad educativa. Hubo reconocimientos, descubrimiento de placas y un recorrido audiovisual por la historia de estos 50 años.

A días de la celebración por los 50 años del Jardín de Infantes, su directora, María Patiño, todavía transitaba la emoción de un aniversario que reunió a distintas generaciones vinculadas con la institución. El acto protocolar, los reconocimientos y el reencuentro con quienes formaron parte de sus comienzos convirtieron la jornada en una celebración cargada de recuerdos y agradecimientos.

“Pasamos una noche muy linda. Fue un acto protocolar en el que hubo reconocimientos y encuentros. La verdad que fue algo muy lindo y satisfactorio”, expresó Patiño, quien reconoció que todavía no había terminado de dimensionar lo vivido.

Reconocer a quienes hicieron el camino

Uno de los momentos más significativos fue el reconocimiento a las primeras docentes, los primeros alumnos, el personal auxiliar y las personas que colaboraron con el crecimiento del Jardín a lo largo de los años.

Patiño recordó especialmente los comienzos de la institución, cuando las docentes debían recurrir a sus propios recursos y a la colaboración de la comunidad para construir el espacio educativo.

“Empezó con docentes que luchaban y hacían todo. Trataban de armar ese jardín como pudieran, con lo que encontraban en sus casas y con algunas cositas que iban donando”, recordó.

En ese contexto, destacó el compromiso de aquellas primeras educadoras y colaboradoras, entre ellas docentes que dejaron una huella en la historia institucional. También valoró la presencia de quienes asistieron al aniversario después de haber transitado el Jardín durante su infancia y que, con el paso del tiempo, mantuvieron el vínculo con la comunidad educativa.

La celebración permitió reunir a las primeras docentes y a los primeros egresados, que compartieron recuerdos y recibieron el reconocimiento por haber sido parte de los inicios. Para la directora, ese encuentro fue uno de los aspectos más emotivos de la jornada.

Dos placas para dejar una huella

Antes del acto protocolar se realizó el descubrimiento de una placa conmemorativa aportada por la Municipalidad, en una instancia que contó con la presencia del intendente, representantes legales y el Padre Tomasz, quien tuvo a su cargo la bendición.

Patiño agradeció el acompañamiento del Municipio, tanto por su presencia como por la colaboración con distintos elementos necesarios para organizar la celebración. Consideró que ese gesto también representó un reconocimiento a la trayectoria del establecimiento y a su lugar dentro de la comunidad.

A ese homenaje se sumó una placa entregada por un grupo de exalumnas, que quiso dejar testimonio de su paso por la institución. Algunas de ellas transitaron allí una parte importante de su vida escolar, desde el nivel Inicial hasta la finalización de la secundaria.

La directora destacó especialmente la participación de ese grupo, y agradeció su compromiso con los preparativos. Las exalumnas también facilitaron telas para la decoración del salón, una colaboración que se sumó a los aportes de la Municipalidad, las familias y el personal del Jardín.

María Patiño

Una celebración construida entre todos

La organización de las Bodas de Oro demandó el trabajo conjunto de docentes, preceptores, familias y colaboradores. Las mamás de los alumnos prepararon cuadros con fotografías de las docentes reconocidas, mientras que el equipo institucional se ocupó de numerosos detalles de decoración y puesta en escena.

La celebración estaba prevista inicialmente para el playón, si las condiciones climáticas lo permitían. Sin embargo, ante el frío y la inestabilidad del tiempo, la organización debió trasladar la actividad al salón parroquial.

Patiño agradeció al padre Tomasz por facilitar el espacio, que permitió concretar el encuentro y recibir a los asistentes. Finalmente, el lugar resultó adecuado para desarrollar el acto y compartir una muestra de fotografías y material audiovisual sobre la historia del establecimiento.

Para la directora, cada colaboración tuvo un valor especial porque permitió concretar una celebración preparada con esfuerzo y compromiso colectivo, sin perder de vista el sentido del aniversario.

El orgullo de celebrar 50 años de historia

Luego del acto protocolar, los presentes compartieron un ágape que reunió a las primeras docentes, los primeros egresados, las autoridades, los representantes legales y el equipo actual del Jardín. Fue una oportunidad para conversar, reencontrarse y recuperar experiencias de distintas etapas de la institución.

Patiño destacó el trabajo del equipo que la acompaña y sostuvo que su compromiso fue fundamental para alcanzar las expectativas de la celebración.

“Estoy muy agradecida con todos los que hicieron posible esta gran fiesta. Fue algo muy lindo todo lo que vivimos”, afirmó.

También agradeció a quienes asistieron y acompañaron el homenaje, especialmente a las personas que estuvieron vinculadas con los primeros años del establecimiento y que aceptaron volver para compartir ese momento.

A medio siglo de su creación, el aniversario no solo permitió recordar los inicios y reconocer a quienes construyeron la historia del Jardín, sino también poner en valor el vínculo que la institución mantiene con las familias y la comunidad.

“Sentimos que fue una verdadera fiesta”, resumió Patiño. Una celebración que, más allá del acto y los homenajes, reunió pasado y presente en torno a una historia educativa que continúa creciendo.

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