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jueves, octubre 29, 2026
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La Secundaria 1 incorporará el SAE para sus 350 alumnos

La directora Mariana Dominici confirmó que el establecimiento comenzará a brindar desayuno y merienda desde noviembre. Mientras se realizan las obras para ampliar la cocina, el equipo educativo organizará el servicio en el patio. También reflexionó sobre los desafíos actuales de la educación, el uso de los celulares y la importancia del acompañamiento familiar.

La Escuela de Educación Secundaria N° 1 de General Villegas incorporará por primera vez el Servicio Alimentario Escolar (SAE), una prestación que alcanzará a sus 350 estudiantes, distribuidos en los turnos mañana y tarde. La implementación comenzará en noviembre y representará un cambio importante para una institución que, hasta ahora, no contaba con este servicio.

La directora del establecimiento, Mariana Dominici, confirmó que la escuela recibió la matrícula completa para ofrecer desayuno y merienda. La iniciativa requiere una adaptación de los espacios disponibles y la ampliación de la cocina, ya que las instalaciones actuales no están preparadas para elaborar alimentos para una cantidad tan importante de alumnos.

“Es la primera vez que vamos a tener SAE. Nosotros no tuvimos nunca este tipo de servicio dentro de la escuela”, explicó Dominici, al detallar el alcance de la medida.

Una cocina nueva y una organización provisoria

La obra prevista contempla transformar el sector que actualmente ocupan la cocina y un baño de docentes para destinarlo al área de elaboración de alimentos. Además, la institución recibió una heladera y una cocina nueva, elementos necesarios para poner en funcionamiento el servicio.

Según explicó la directora, el plazo establecido para los trabajos es de aproximadamente 25 días, aunque la escuela comenzará a ofrecer desayuno y merienda mientras se concreta la intervención.

“Vamos a empezar la semana que viene sin la cocina, con lo que tenemos y con lo que podemos. Por supuesto, con mucha voluntad de todos, de los auxiliares y de los docentes, que siempre están colaborando”, señaló.

La alternativa prevista es utilizar el patio interno para que los estudiantes puedan desayunar y merendar durante los recreos. Debido a las dimensiones reducidas del edificio, no existe otro espacio que permita reunir a todos los alumnos. Por eso, el servicio se organizará en distintos momentos, con el objetivo de llegar a los estudiantes de ambos turnos.

La propuesta contempla infusiones, leche, pan, queso y frutas, además de otras preparaciones que puedan incorporarse de acuerdo con los recursos disponibles. Dominici mencionó la posibilidad de ofrecer chocolatada una vez por semana, tortas y alguna pizza los viernes.

“Nos vamos a arreglar”, resumió la directora, quien destacó la predisposición del equipo de trabajo para afrontar el desafío. También anticipó que recibirán con agrado la colaboración de personas que puedan ayudar con la preparación o la distribución de los alimentos.

El derecho a compartir el desayuno y la merienda

Dominici remarcó que el servicio estará destinado a todos los estudiantes, sin establecer diferencias entre quienes desayunan en sus casas y quienes llegan a la escuela sin haber comido.

“Todos tienen ese derecho a algo en la mitad de la mañana”, sostuvo, al explicar que la incorporación del SAE permitirá dar una respuesta institucional a una necesidad que hasta ahora se atendía, en ocasiones, con recursos propios del personal.

La directora recordó que, antes de contar con esta prestación, los integrantes de la escuela buscaban alternativas para que ningún estudiante que necesitara desayunar se quedara sin hacerlo. En ese sentido, contó que docentes y trabajadores aportaban té, azúcar y otros alimentos, e incluso recurrían a productos que llevaban desde sus propias casas.

“Cuando trabajás en educación, sabés lo que es comprar desde una cartulina hasta un té a los chicos”, expresó.

La llegada del SAE también se vincula con una experiencia anterior de la institución: la entrega de módulos alimentarios durante la pandemia. Dominici explicó que aquel mecanismo implicaba realizar relevamientos familiares y decidir qué hogares recibían la asistencia cuando los cupos eran limitados. Esa tarea generaba situaciones complejas para el personal educativo, que debía evaluar condiciones económicas y familiares que muchas veces excedían sus funciones.

La directora aclaró que las dificultades no estaban relacionadas con una negativa a que las familias recibieran ayuda, sino con la responsabilidad de tener que seleccionar a quiénes se entregaba la mercadería. Por eso, valoró que el nuevo servicio se desarrolle dentro de la escuela y llegue directamente a los estudiantes.

Educar en un contexto social cada vez más complejo

Durante la visita en Actualidad, Dominici también se refirió a los desafíos que atraviesan las instituciones educativas. La convivencia, los cambios en los hábitos de los adolescentes, el uso de las pantallas y la relación entre las escuelas y las familias forman parte de una agenda cotidiana que exige respuestas permanentes.

La directora consideró que la tarea educativa no puede limitarse a la enseñanza de contenidos. También requiere generar espacios de contención, establecer límites y construir acuerdos que permitan que todos los estudiantes puedan aprender y convivir.

“Nosotros estamos en este lugar porque lo elegimos”, afirmó. En esa línea, sostuvo que la escuela debe ser un espacio de respeto y acompañamiento, en el que cada integrante de la comunidad educativa pueda plantear sus inquietudes.

Dominici describió a la Secundaria 1 como una institución de puertas abiertas e invitó a las familias a acercarse, consultar y participar cuando surjan dificultades con el desempeño escolar o la convivencia. “Tratamos de que sea un lugar amoroso, que contenga además de enseñar”, manifestó.

Celulares, hábitos y responsabilidad familiar

Uno de los temas que ocupa a las escuelas es el uso de los teléfonos celulares durante la jornada escolar y su impacto en la atención, los vínculos y el aprendizaje. Para Dominici, la discusión no debería quedar exclusivamente en manos de los docentes o los equipos directivos, sino que necesita el compromiso de los adultos responsables.

“Si yo tengo acceso a un celular con 11 años es porque alguien me lo compró. Entonces, yo no puedo hacer responsable a un docente, a una escuela o a un equipo directivo de que mi hijo tiene el celular”, planteó.

La directora consideró que las familias deben establecer pautas de uso, horarios y límites, mientras que la escuela puede trabajar sobre la utilización pedagógica de la tecnología y la convivencia en las redes sociales.

También advirtió sobre las consecuencias de la falta de rutinas de descanso. Según comentó, en algunos casos los estudiantes se acuestan tarde, llegan cansados a clase y tienen dificultades para sostener la atención. Frente a esas situaciones, el establecimiento busca dialogar con las familias y encontrar alternativas que permitan modificar los hábitos.

Para Dominici, la presencia de los adultos resulta fundamental, aunque reconoció que no siempre es sencillo encontrar respuestas. Por eso, defendió el trabajo conjunto entre docentes, directivos y familias como una herramienta para abordar los problemas que aparecen en la adolescencia.

Una escuela que busca respuestas desde el trabajo colectivo

La directora también destacó la importancia de sostener los acuerdos de convivencia y de intervenir ante las situaciones que afectan el aprendizaje de otros estudiantes. En ese sentido, explicó que las medidas disciplinarias deben tener un sentido educativo y que cada caso requiere analizar las circunstancias, las posibilidades de intervención y los límites de la institución.

El escenario actual de la educación presenta desafíos que exceden a una escuela en particular: las desigualdades sociales, las necesidades alimentarias, las dificultades de convivencia y las transformaciones tecnológicas requieren respuestas coordinadas entre las instituciones, las familias y las políticas públicas.

En ese contexto, la incorporación del SAE en la Secundaria 1 constituye una medida concreta para ampliar la atención que recibe el alumnado durante la jornada escolar. A la vez, la experiencia expone las dificultades que implica poner en marcha un nuevo servicio en un edificio con espacios limitados y sin una cocina preparada para esa función.

Dominici confía en la predisposición del personal para atravesar esta primera etapa, mientras avanzan las obras. El objetivo inmediato será que los 350 estudiantes puedan acceder al desayuno y la merienda, con una organización que se irá ajustando a las posibilidades de la escuela.