Goyo El Memorioso reconstruyó en Actualidad la historia de Mario Eduardo Bagger, destacado estudiante, deportista y militante universitario desaparecido en enero de 1977. A partir de recuerdos personales, testimonios y el contacto con su última novia, el relato recuperó la vida de un joven que dejó una profunda huella en quienes lo conocieron.
La colocación de una placa en el Colegio Nacional, donde Mario Eduardo Bagger había cursado sus estudios secundarios, fue el punto de partida para volver sobre su historia. En el espacio Goyo El Memorioso, que se comparte en Actualidad, se repasó su trayectoria y reconstruyó parte de su vida, atravesada por el terrorismo de Estado durante la última dictadura cívico-militar.
Una infancia marcada por el estudio y el deporte
Mario nació el 21 de agosto de 1953. Era hijo de Otto Bagger y Graciela “Beba” Iriarte, docente de la Escuela Nº 3, y hermano de Jorge. Goyo evocó a la familia como un ejemplo de respeto, educacion y honestidad, valores que también reconoció en la personalidad de Mario.
Durante su infancia vivió en la calle Necochea, en un sector de General Villegas donde los chicos se reunían a jugar a las bolitas, las figuritas y los trompos. Aquella vida de barrio quedó entre los recuerdos que el espacio recuperó para reconstruir una época de la ciudad.
Mario asistió a la Escuela Nº 3, donde se destacó por su inteligencia, responsabilidad y dedicación. Fue abanderado y sobresalió también en el deporte: jugaba al fútbol como arquero y practicaba salto en largo y en alto.
En 1967 ingresó al Colegio Nacional, donde mantuvo su buen desempeño académico y se destacó en vóley. Fue capitán del equipo y, según recordó Goyo, tenía condiciones físicas y deportivas que lo distinguían entre sus compañeros. Nuevamente tuvo el honor de ser elegido abanderado de su promoción.
Más allá de sus capacidades, quienes lo conocieron resaltaban su calidad humana. Goyo lo describió como una persona de pocas palabras, conciliadora, con capacidad para escuchar y un humor particular. En las conversaciones que mantuvo para preparar el homenaje, no encontró referencias a conflictos con sus compañeros, sino recuerdos que coincidían en destacar su personalidad.
La universidad y el compromiso político
En 1972, Mario se trasladó a La Plata para estudiar Ingeniería. Un año después decidió cambiar de carrera y comenzar Arquitectura, una elección que finalmente pudo concretar con el acompañamiento de su familia.
Compartió vivienda con otros jóvenes de General Villegas. La casa se convirtió en un lugar de encuentro donde se reunían amigos y compañeros para comer, tomar mate y conversar. Las encomiendas que enviaban sus padres eran una oportunidad para compartir con todos los que pasaban por allí.
Goyo destacó especialmente esa generosidad: Mario invitaba a quedarse a comer a quienes llegaban de visita, incluso cuando la comida provenía de los envíos familiares.
Durante su etapa universitaria comenzó a militar en la Juventud Universitaria Peronista, con una fuerte convicción ideológica. Sin embargo, el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 modificó radicalmente el escenario. La persecución, los secuestros, las torturas y las desapariciones alcanzaron a estudiantes y militantes, entre ellos varios amigos y compañeros de Mario.

La desaparición y una búsqueda sin respuestas
Según comentó Goyo, Mario ya advertía el peligro que corría. Mabel, su última novia, oriunda de Carlos Tejedor, intentó convencerlo de que se alejara y abandonara el lugar. Sin embargo, su compromiso político y la lealtad a sus ideales influyeron en su decisión de permanecer.
Su desaparición se sitúa alrededor del 20 de enero de 1977. Una de las versiones mencionadas por Goyo sostiene que, después de viajar a Buenos Aires, Mario regresó a La Plata y habría sido secuestrado en la estación ferroviaria. El relato también recuperó testimonios de personas que estuvieron detenidas durante la dictadura y que habrían visto a Mario en centros clandestinos de detención de la zona.
Su familia quedó durante décadas sin respuestas. Jorge que también vivía en La Plata presentó un hábeas corpus, pero, según recordó Goyo, no obtuvo información sobre su hermano.
Uno de los aportes más significativos para reconstruir esos días fue el contacto con Mabel. Después de localizarla, Goyo recibió un extenso mensaje en el que ella compartió recuerdos de la relación y de sus intentos por protegerlo. La emoción atravesó ese intercambio, que permitió recuperar una parte de la historia que permanecía pendiente.
Mabel le contó que había esperado durante años, aferrada a la ilusión de que Mario estuviera detenido y pudiera regresar. También fue ella quien viajó a General Villegas para comunicarles a Otto y Beba que había desaparecido, cuando comprendió que algo grave había ocurrido.
La identificación de sus restos y la memoria
Cerca de cuatro décadas después, los restos de Mario fueron identificados en una fosa común del cementerio de Avellaneda. Posteriormente, sus cenizas fueron esparcidas en la Facultad de Arquitectura de La Plata, donde había proyectado su futuro profesional y tambien en el parque de su Villegas natal.
La identificación permitió conocer qué había ocurrido con él, aunque no reparó el dolor de sus familiares y amigos. Para quienes lo conocieron, su historia sigue siendo la de un joven con múltiples capacidades, proyectos y convicciones, cuya vida fue truncada por la violencia de la dictadura.
Al cerrar el recuerdo, Goyo reconoció que reconstruir esta historia había sido uno de los desafíos más dolorosos de su espacio. Eligió quedarse con la imagen del Mario alegre y brillante que había conocido en la Escuela Nº 3, el Colegio Nacional y su etapa universitaria.
A través de Goyo El Memorioso, Actualidad volvió a poner en primer plano una historia de General Villegas que forma parte de la memoria colectiva. Detrás del nombre de Mario Eduardo Bagger hubo una infancia, una familia, amistades, proyectos y convicciones. Recuperar su vida es también mantener presente una historia que no debe quedar en el olvido.

